México tiene siete megalópolis

México tiene siete megalópolis

Las zonas metropolitanas del Valle de México, Guadalajara, Monterrey, Puebla, Valle de Toluca, Pachuca y Querétaro, son las urbes con más habitantes y se encuentran entre las más contaminadas del país.

Por la cantidad de habitantes (más de 20 millones) que viven en las 16 alcaldías y 59 municipios de la Ciudad y el Estado de México, respectivamente, la Zona metropolitana del Valle de México ocupa…

View On WordPress

México tiene siete megalópolis


Las zonas metropolitanas del Valle de México, Guadalajara, Monterrey, Puebla, Valle de Toluca, Pachuca y Querétaro, son las urbes con más habitantes y se encuentran entre las más contaminadas del país.

Por la cantidad de habitantes (más de 20 millones) que viven en las 16 alcaldías y 59 municipios de la Ciudad y el Estado de México, respectivamente, la Zona metropolitana del Valle de México ocupa el tercer lugar como la metrópoli más grande del mundo fuera de Asia y de la OCDE.

Según información de Greenpeace México, el más reciente Informe Nacional de Calidad del Aire de 2017 encontró que de las 21 estaciones de monitoreo con capacidad para medir partículas de 2.5 micras (PM2.5), en 20 se realizó tal medición y reveló que se incumplió la norma de los límites permitidos de contaminantes.

En mayo pasado el material particulado PM2.5 detonó la contingencia extraordinaria que se vivió en el centro del país, la cual obligó a las autoridades a incluirlo en los protocolos para la declaratoria de contingencias ambientales.

La Zona Metropolitana de Guadalajara es habitada por casi cinco millones de personas y se compone por los municipios San Pedro Tlaquepaque, Tonalá, Zapopan, Tlajomulco de Zúñiga, El Salto, Juanacatlán, Ixtlahuacán de los Membrillos y Guadalajara.

En 2017, el Informe Nacional de Calidad del Aire señaló que en ese año, 269 de los 365 días se incumplieron las normas de calidad del aire en todo el estado, siendo la zona metropolitana la que presentó niveles más altos.

Además respecto al ozono, el 37 por ciento de los días de hace dos años se rebasaron los límites permitidos en las normas, así como ocupó el tercer sitio como el área metropolitana que más incumplió con los límites permitidos para el PM2.5.

En tanto, con 13 municipios y cuatro millones 600 mil personas, la Zona Metropolitana de Monterrey ocupa el tercer puesto en cuanto a número de población. En 2017 la contaminación se evidenció al rebasar al menos una norma de calidad del aire el 62 por ciento de los días y el 21 por ciento de los días se rebasó el límite de ozono.

La Zona Metropolitana de Puebla está integrada por ocho municipios que son habitados por dos millones 171 mil 434 personas. El Informe Nacional de Calidad del Aire 2017 indica que existen problemas de calidad del aire tanto por partículas suspendidas (PM10 y PM2.5) como por ozono.

Esta misma zona, pero del Valle de Toluca se constituye de 15 localidades en las que viven más de dos millones 152 mil personas; respecto al caso de PM2.5, este sitio fue el primero de las ciudades que incumplieron con los límites permitidos de este contaminante, al acumular el 49 por ciento de los días por encima de la norma y el cuarto lugar en el caso del ozono con 12 por ciento de los días.

Zona Metropolitana de Pachuca se integra por siete municipios en los que viven alrededor de 557 mil personas, su cercanía al Valle de México la integra en la Megalópolis con 29 municipios en la que viven más de un millón 364 mil personas, de acuerdo con el censo de 2010.

Dicha ciudad capital se encuentra dentro de las 10 regiones del país con las concentraciones horarias de ozono más altas de 2017, rebasando los límites permitidos para este contaminante.

Al albergar a más de un millón 323 mil personas, Zona Metropolitana de Querétaro también forma parte de la Megalópolis, y es una de las ciudades que a menudo presentó días con concentraciones de ozono superiores al límite normado de una hora.

El material particulado PM2.5 está asociado con enfermedades tales como infecciones respiratorias, enfermedad pulmonar obstructiva crónica, padecimientos cardiovasculares, aumento de riesgo de infarto del miocardio y de riesgo de diabetes, desarrollo de arteriosclerosis y cáncer de pulmón.

Mujeres aprovechan Voluntad Anticipada


Del total de ciudadanos que han dejado por escrito su voluntad anticipada, 65 por ciento son mujeres y 35 por ciento, hombres, indicó el presidente del Colegio de Notarios del Distrito Federal, Heriberto Castillo Villanueva.

El abogado mencionó que de las mujeres que han llevado a cabo el trámite 60 por ciento son solteras, y de los hombres 68 por ciento son casados; en tanto que del total general, 77 por ciento son mayores de 50 años.

El Colegio de Notarios del Distrito Federal dio a conocer que a seis años de que se promulgó en la ciudad la Ley de Voluntad Anticipada, se han realizado casi dos mil 700 documentos de esta naturaleza ante un fedatario.

Castillo Villanueva exhortó a los ciudadanos a aprovechar lo que resta de marzo para obtener este documento con descuento en su costo.

A precio especial

Los notarios del Distrito Federal, expuso, realizan en este mes el documento con un costo preferencial de 400 pesos para los adultos mayores y de mil 200 para el resto de las personas de más de 18 años; mientras que en otras temporadas su precio normal es de mil 500 pesos.

“En este documento la persona establece que no le prolonguen la vida con aparatos, para que su vida termine de manera natural y digna. Sí con atención de un tratamiento paliativo que lo alimente, lo hidrate y le disminuya el dolor, pero sin prolongarle por más tiempo la vida, y sin dejarle esa decisión a sus familiares”, comentó.

Al acudir el interesado ante el notario, señaló, debe nombrar un representante que puede o no estar presente y hasta un representante suplente, para sea el encargado de hacer cumplir su voluntad.

–Cualquier persona mayor de 18 años puede dejar por escrito su decisión de voluntad anticipada.

Espectáculo underground


–Señores pasajeros nosotros somos dos niños de la calle que no tenemos quién nos cuide, ni donde dormir, ni que comer. Por eso venimos pidiéndoles una ayuda, aquí mi compañero se va acostar sobre vidrios rotos, si alguien gusta cooperar gracias; nosotros preferimos pedirles y hacer esto que estar robándoles sus carteras o sus bolsas.

Mientras el joven merolico recita la letanía aprendida en las calles, el faquir sub-urbano, extiende una camiseta mugrosa cargada de botellas rotas. Cristales transparentes, verdes y de color ámbar forman un colage que agita con sus manos para llamar la atención con el tintineo de los cristales.

–Órale wuey vas.

Delgado, con los cabellos cortos y apelmazados de martes a sábado (el lunes todavía se le ve limpio tras el baño dominguero, propinado en alguna fuente de la ciudad), con la ropa semi limpia y la mona (estopa con thiner) en la mano, con los ojos inyectados y la voz ronca el merolico termina la presentación.

Su compañero delgado como aquel, procede a quitarse la playera para mostrar a los que lo ven de frente, la poca carne ribeteando las costillas, el abdomen ligeramente marcado que ensalsa un botado ombligo y los enjutos pezones. Para aquellos que lo ven de espaldas el espectáculo muestra unas cuantas cicatrices poco profundas pero en algunos casos llagadas y un sin fin de rasguños, que recorren los escuálidos omóplatos y colocan entre paréntesis a una que otra vértebra.

Se pasan la mona, quizá para mitigar el dolor o quizá por puro vicio, una inhalada profunda y el faquir va a dar al piso sobre los vidrios colocados justo enfrente de una de las puertas del vagón, el otrora merolico ahora convertido en asistente trepa encima de las (en apariencia endebles) costillas de su compañero, se para en un pie, se para en el otro, ahora en los dos y da pequeños saltos mientras se sostiene de la ventila superior del metro.

Algunos de los curiosos que un principio voltearan ante el “choro” y el sonar de los cristales, clavan con morbo la mirada en el acto circense, los más recatados no han volteado, las mujeres retiran las vista con horror y desagrado, pero casi todos levantan la vista al techo con un tono beático, cómo para pedir que termine el suplicio: y el suplicio, termina, el faquir se sacude los pequeños vidrios pegados a su cuerpo, se vuelve a colocar la playera, recoge su envoltoroi y proceden a realizar la colecta:
«con lo que guste cooperar, u’chas gracias».

De la estación del metro Morelos de la Ciudad de México, a la estación Tepito, sólo son algunos minutos, por lo que tienen que apurarse, al abrirse las puertas el tintineo de los cristales envueltos en la camiseta, opaca al de las pocas monedas obtenidas, en el siguiente vagón comienza nuevamente la letanía:

–Señores pasajeros nosotros somos dos niños de la calle…

Intermedio
–¡Lleve sus cacahuates de a peso, de a peso los cacahuates!; ¡chocolates de calidad, chocolate de la Nesclé: tres pesos uno dos por cinco!; pistaches, lleve sus pistaches a cinco la bolsita de pistaches; chicles, chicles, de mora azul, de capuchino…

El comercio ambulante nunca ha sido mejor representado, no sólo se mueve a pie sino también y simultaneamente en metro, de vagón en vagón; le ofrece una variedad de productos para calmar el hambre, botanas, paletas, mazapanes, los clásicos chicles, chocolates y un número variado de mercancía que actualmente incluye incluso DVD piratas, todo hasta la comodidad de su asiento o de los 50 centímetros cuadrados que le corresponden al estar parado, siempre y cuando no haya mucha gente.

Los vendedores suben con pequeñas maletas o con algún demostrador de acrílico, cartón o madera, para ofrecer sus productos, casi siempre más barato que en cualquier tienda o changarro establecido.

Organizados, dependientes de mafias o en solitario, los vendedores cubren las 10 líneas del sistema de transporte colectivo siempre con el objeto de servirlo a usted, pero ante todo de tener un bocado que llevarse a la boca como todos los que en el metro tienen una forma de vida, “en ocasiones no se le saca mucho a algunos productos pero otros nos andan dejando de cien a doscientos diarios” se escucha que le dice un vagonero a algún vecino o viejo amigo.

Los niños como siempre cubren su cuota, algunos no saben hablar todavía pero ya saben pedir, extender la mano, lustrar el calzado con una franela llena de polvo a cambio de unas monedas, no ríen, no juegan pero saben llorar, saben conmover a la gente para vender más y hay también quien sabe utilizarlos para incrementar sus ganancias; niños que se enferman por largos periodos o que viven eternamente en los brazos de morfeo para que sus “padres” puedan pedir por ellos:

–Pa’ las medicinas, pa’un taco, pa’mijo que está enfermo…

Sordos y mudos que no siempre lo son y que se les ve animadamente platicando en los camiones mientras arman paquetitos de dulces que llevan la leyenda, “disculpe las molestias pero soy sordomudo: 2 pesos”, claro que hay quienes en verdad son discapacitados.

Segundo acto

«Ya esta cerrada con tres candados y rematada…; Let it be o let it be…; abre el balcón y el corazón…; se quedó dormida y no apagó la vela…; ella existió sólo en un sueño…; …ojalá pasé algo que te borre de pronto…», la lista se alarga con canciones populares de todos géneros, rock, boleros, son cubano, trova, norteñas; música instrumental, que retumba con sus tambores y sus tumbas o que se desliza con sus flautas y sus quenas, no falta el acordeón o el hombre aquel que auxiliado por una verde hoja interpreta aquella de “vende caro tu amor…”.

Incluso hasta existe “la canción del metro”, una que casi todos los chavos que cantan y tocan la interpretan, se dice que nació entre los andenes. De vagón en vagón. Empieza con un rítmico chiflidito que casí todo joven preparatoriano conoce, para después de unos acordes rezar algo que dice: «ella convirtió la noche en un poema de amor, ella prometió mil días de alegría solo a él…», los derechos de la “rola” cuyo nombre real es “historia de un minuto” los tiene “el Changoleón”, quién asegura ser el anónimo compositor, pero no todos creen que el tipo de cerca de 1.80 de estatura y peinado a lo afro, que lo mismo canta en el metro que en algún bar, junto con su grupoen turno sea el verdadero autor, pero a nadie le importa.

Luego de dos o tres canciones los trovadores casi siempre recitan el mismo discurso:
– Como podrá ver no somos grandes artistas…

Y algunos en verdad no lo son, pero de todo hay en la viña del señor y sobre todo en esté espectáculo undergroud, incluso los cínicos que ahora llegán con un discurso propio de cualquier campaña política:

–Mi pareja y yo acabamos de salir del reclusorio acusados de asesinato y no tenemos dinero. Venimos armados, pero no queremos asaltarlos, preferimos pedirles, unas monedas…

David Santa Cruz