Salí de casa con la intención de trabajar, lo juro, pero no sé qué le pasó al cartel del taxi (se quedó atascado, sin poder girarlo, con el LIBRE hacia la calle y el OCUPADO hacia dentro) y, claro, interpreté la avería como una señal (que mi interior se mantuviera ocupado en sus asuntos, o algo así). Por eso acabé (sin siquiera haber empezado a nada) en aquel After Hours, más fresco yo que una rosa y rodeado de crápulas desorientados, coleccionistas de relojes rotos y demás fauna…


  • Mi empresa está en Boston y tengo que acoplarme a sus horarios. Son cinco horas menos que aquí. Así que mi jornada comienza a las tres de la madrugada, hora española, y acaba entre las once y las doce del mediodía.

El usuario (treinta y cinco años, barba de tres días, chaqueta y vaqueros) continuó contándome lo difícil que le era llevar una vida normal en Madrid (amigos, comidas, sueño) teniendo en cuenta sus horarios de Boston. Mientras tanto, comencé a pensar que de ahí se…


Siempre que veo a alguien comiendo de su Tupperware en un parque, o sentado en el maletero de su taxi, me da por pensar que hay alguien detrás, distinto al que come, que preparó la noche anterior para él o para ella esos filetes empanados, o esa ensalada de pasta fría. Un marido o una mujer o una madre o un padre o un hermano cocinando algo distinto cada día, para no repetirse: mañana tortilla porque ayer hubo pescado, metiendo esos Tupper ya elaborados en la nevera, junto a los…


Al nacer te cortan el cordón umbilical, el real, pero el cordón fantasma se queda; igual que el brazo o la pierna fantasma del recién mutilado (que sigue doliendo o picando). No lo vemos, pero ahí está: colgando del ombligo, el real, y enganchado siempre a algo (en caso contrario, nuestro alma moriría de inanición).

Cada cual elige a quién o a qué enganchar su propio cordón fantasma, a una o a varias matrices, a través de bifurcaciones o empalmes, también fantasmas. La mía, mi…


Vivir el instante para no recordar momentos críticos del pasado: Dar vueltas con mi taxi escuchando cds concretos, asépticos. Hablarle a mis clientes de gilipolleces (el tiempo, la crisis, Zapatero, cabrón, y demás mierdas que unen). Fijarme en los carteles de la calle, en todos. Buscar chicas nuevas caminando por la acera. Borrar del móvil viejos contactos. Cancelar mi cuenta en Facebook. Abrir otra cuenta en Meetic con identidad falsa. Comprarme una camisa Ralph Lauren para las…


El chico (25 años, piel bronceada, cabello corto, rizado) me indicó como destino el nombre de una calle que no existía:

  • ¿General Panteras? ¿Estás seguro?

  • Mmmm… no. ¿General… Pardiñas, tal vez?

  • Esa sí.

  • Bien. Vale. Perdona. Estoy un poco nervioso, ¿sabes? tengo un casting en media hora ahí, en esa calle.

  • ¿Actor? – le pregunté.

  • Sí. Y esta vez me han dado un guión para la prueba realmente jodido.

  • Puedes ensayarlo mientras llegamos, si quieres. Con este atasco…


La mujer de treinta y pocos, cabello ondulado y gafas de pasta, lucía una mancha verde, como de césped, en la rodilla derecha de su pantalón vaquero. El resto de su ropa parecía impecable: limpia y sin arrugas. Sólo llamó mi atención esa mancha en la rodilla derecha de su pantalón, y su mano posada encima no por casualidad, pretendiendo taparla; se notaba forzada la pose. Sin duda ella era consciente de la mancha. No se sentía cómoda ya fuera por el motivo de esa mancha, o bien por…


La mujer tomó asiento a mi lado y me indicó su destino señalando un mapa con una cruz dibujada (era un hotel de una calle aledaña a la Gran Vía). Ella no hablaba mi idioma ni yo el suyo; tampoco hizo falta.

Accioné el taxímetro, metí primera, metí segunda, metí tercera y al meter la cuarta marcha mi dedo meñique rozó sin querer su mano. La mujer, en lugar de distanciarse, acercó también su meñique y se dejó rozar apartando su mirada hacia la calle, tal vez para evitar mis ojos o…