En 1582, el papa Gregorio XIII ordenó arrancar diez días del calendario. No movió el Sol, ni la Tierra, ni las estaciones: corrigió el calendario para que la fecha civil volviera a caminar cerca de los ciclos astronómicos que ya gobernaban el cielo. Cuatro siglos después, seguimos intentando ponerle nombre y hora a algo que no necesita permiso humano para ocurrir. Seguir leyendo «¡Se fue el verano!»