Ahora que no nos lee nadie te diré que soy un mar de dudas sin traje de buzo ni oxígeno que llevarme a la espalda. Para disiparlas no tendría más que sumergirme desnudo en mi mar, a pulmón, y bucear entre las algas en busca, quizás, de algún barco hundido cuyo tesoro las resolviera todas de un plumazo. O tal vez al encuentro de una sirena que me dejara seco, tocado del ala.

(Nota: La piedra filosofal o el amor verdadero: cualquier opción valdría. Sólo una. Las dos no serían…


Despierto sin despertador a las diez y cuarenta, salto sin pensarlo, medio litro de agua, me afeito la cabeza, ducha rápida, me visto, saco el taxi del garaje, paro en el quiosco y compro EL PAÍS, Público y ABC, sigo unos metros con el taxi y paro en la delegación de Hacienda para pillar el 20minutos. De ahí me voy directo, con el taxímetro apagado, a la bolsa de taxis del aeropuerto (T-4).

Durante las próximas tres horas de espera hasta que me toque cargar al cliente de marras…


La mujer me pidió finalizar la carrera no en la puerta de acceso a su descomunal chalet, sino dentro de su finca, en la misma vivienda.

  • Saca el mando, Patri – le dijo a su hija (teenager con braquets, rubia como la madre), sentada a su lado.

La hija sacó de su bolso Louis Vuitton un mando a distancia, presionó el botón y se abrieron dos enormes puertas. Lo siguiente que vi fue un largo camino asfaltado con olmos y sauces a cada lado y un jardín cuyas dimensiones no alcancé a…


Supuse que habrían quedado ahí mismo, en la Puerta del Sol (donde siempre quedan los nuevos, los distantes), escasos minutos antes de tomar al fin mi taxi. Él tenía la cara más roja, por el frío, que ella. Sin duda a él le tocó esperar.

Recreé la escena:

Nada más verse y reconocerse por las fotos del Facebook, o del Meetic, se habrían dado dos tímidos besos en las mejillas:

  • ¿Qué tal?

  • ¿Llevas mucho esperando?

  • Na. Acabo de llegar – mentiría él.

  • Hubo una avería en el…


Diez y media de la noche. Calle desértica, como tu cuello. Me lanzas miradas en carne viva mientras hablas por teléfono. Yo conduzco y sólo escucho el carmín de tu boca, tus suaves grietas como anillos de árbol: sabes que podrías ser mi madre. Tus deseos son incestos para mí.

Cuelgas. Me hago el huérfano. Giras las piernas hacia el sur y escucho el sonido de tus medias como piedras de mechero.

  • Cambio de planes. Mejor tu casa – me dices, confiada.

Apago el taxímetro sin decir…


Un cosmos dentro de otro cosmos dentro de otro cosmos y así hasta donde cada cual decida llegar. Las estrellas eclosionan entre sí a millones de años luz, las especies se extinguen, el hambre y las epidemias asolan al Tercer Mundo y yo aquí, preocupado y sin dormir porque mi taxi tiene un ruidito, un cri, cri, crí como de grillo, cada vez que piso el embrague.

Se lo conté a mi psiquiatra y me dijo que bajo ningún concepto volvería a subirme la medicación. Prefirió interpretarlo…


Cruzando el barrio de Chueca me topé con un hombre tumbado sobre el asfalto, medio muerto o medio vivo (nunca supe distinguirlos), y un círculo de gente absorta alrededor. Frené mi taxi delante del tumulto y en esto se abrió paso otro hombre, clavó sus rodillas junto al hombre tumbado, le tanteó el pulso con dos dedos y al no encontrar respuesta le abrió con fuerza la camisa de leñador (saltaron los botones, uno de ellos junto a mi taxi) y comenzó a practicarle, a pecho descubierto,…


Tachados ya los momentos más propicios por cobarde, el adolescente al fin cerró los ojos, se armó de valor y besó a la adolescente por primera vez en el asiento trasero de mi taxi. Giró la cabeza hacia ella y, al ver que ella no giraba la suya dobló su cuerpo hacia sus labios y la besó. Al primer contacto ella se mantuvo quieta, erguida (no lo esperaba o al menos no ahí, en un taxi), pero luego se dejó besar, abriendo un poco la boca, sólo un poco, a la espera tal vez de su lengua,…


Imagina que, meses después de separarte de tu mujer, te llega una denuncia falsa de malos tratos contra ella.

Imagina que se celebra el juicio por esos presuntos (y falsos) malos tratos y que lo pierdes aun sin pruebas concluyentes.

Imagina que la jueza te impone una pena de cárcel (que no cumples por carecer de antecedentes), así como una orden de alejamiento de 500 metros del domicilio de la demandante.

Imagina que la demandante vive en una céntrica y concurrida calle de…


“Hasta otra”. Así lo dijo: “hasta otra”, aun sabiendo que no habría otra ocasión en una ciudad tan grande, con tanta gente y tantos taxis. “Hasta otra”, “hasta la vista” o “hasta luego” son frases que se escuchan y se dicen a menudo, entre el taxista y el usuario, y sin embargo jamás se cumplen. Decimos “hasta otra” porque buscamos cotidianidad desesperadamente en cualquier ámbito de nuestras vidas.

Pero no fue esa frase de despedida sino el sonido de la misma lo que me hizo…