Manzana de Lilith, erotismo narrado por mujeres
Manzana de Lilith, erotismo narrado por mujeres
Presentarán en el Museo de Culturas Populares el ejemplar con 26 relatos de 13 autoras, resultado del Taller de Cuento Erótico para Mujeres
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Presentarán en el Museo de Culturas Populares el ejemplar con 26 relatos de 13 autoras, resultado del Taller de Cuento Erótico para Mujeres
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Sucedió en la antigüedad. Este era el lugar azul. La puerta era azul, las paredes azules, los pasillos azules y azul era su nombre. Azules también eran los dos caciques que resguardaban los tesoros del emperador azul. La discordia entró en este lugar azul cuando los dos caciques se enfrentaron para definir quién de ellos era más azul. Dividieron a la gente entre el azul claro — quien gustaba de alimentarse con nieves de mango– y el azul cielo –un viejo diablo de pastorela adicto a un sistema que empezaba a caerse a pedazos–. La lucha de los azules afectaba poco a los que cohabitaban ese lugar azul, pues como es saber de todos, es bueno decir al poderoso lo que quiere escuchar, mientras abajo se busca sobrevivir de la mejor manera. Los azules eran unidos. Con sus diferencias, sus judas, sus genialidades y sus carencias; esas eran muchas lo que provocaba que los azules se cobijaran unos a otros en la medida de sus posibilidades. Incluídas las nieves de mango. Pero resulta que aquel emperador no supo conservar el imperio azul que su antecesor engrandeció para beneficio de muchas personas que fueron azules en algún momento de sus vidas. Y así fué, que un día entregó el lugar azul, con todos sus cohabitantes, a los bicolores, los hermanos ricos de los azules, quienes tenían también a su emperador y sus propios caciques bicolores. Junto con los bicolores, llegó la horda de los pedantes. Aquellos que en algún momento de su vida fueron verdes y veían todo verde. Para ellos lo verde era el modelo a seguir y a implantar en el mundo azul.
Ellos vinieron a enseñarnos, a demostrarnos que el mundo azul tenía que ser verde, para ellos las cosas no podían ser de otro modo y quien se atrevía a oponerse era víctima de sus malos tratos. Nosotros eramos los azules a quienes no se les podía tener confianza o encargar alguna actividad de valor. Ellos traían la verdad en su palabra y nosotros eramos los necios y los incivilizados que no viajaron a Nueva York ni a Barcelona.
La primera medida del generalito verde fue cortarle la cabeza a los caciques azules y a la mayoría de sus adictos. Montados en bestias con tecnología de punta, los verdes comenzaron la conquista del espacio azul en nombre del emperador bicolor. En medio de la plaza principal instalaron sus estandartes. Hicieron lo que quisieron con las nieves de mango, a quienes maltrataron. No faltaron las azul marinas que entregaron a los pedantes su tesoro y fueron las primeras beneficiadas de su llegada.
El generalito verde llegó acompañado de todo su séquito, entre quienes se encontraban unos cuantos emigrantes de buena fe que no compartían las ideas de los pedantes. Pronto descubrieron el verdadero rostro del mundo azul, por lo que algunos bien intencionados y uno que otro pedante huyeron sin decir ni adiós. Algunos de los azules huyeron también al no soportar el maltrato de los coroneles, de los capitanes y de su jefe.
El generalito verde era despiadado. No toleraba la idea de que en el mundo existieran azules y los veía como seres inferiores. Obsesionado con el verde, trató de pintar de verde todo aquello que tenía algún tono azulado. El resultado fue deplorable.
Los pedantes buscaron enriquecerse a costillas del emperador bicolor y trataron se saquear aquel espacio azul. Vendieron al emperador bicolor la idea de un mundo verde de primera. Sólo que no contaban conque el emperador azul y sus caciques hacía mucho tiempo habían acabado con todo lo poco que había y no había mucho para iniciar su verde aventura.
Un día, el generalito verde, se hartó de la miseria y pidió al emperador bicolor que atendiera sus demandas, que como buen pedante cada día eran más y más, como barril sin fondo. El emperador bicolor se enojó, pues las cosas no iban del todo bien en el mundo bicolor. El generalito verde se enojó tanto que le dijo que se marchaba. El emperador bicolor lo aceptó y cuando el generalito verde quizo recapacitar ya era demasiado tarde. Dejó a cargo a al subteniente López, un ex esclavo venido a más que era el ejemplo más puro de la clase de los pedantes. Su arrogancia le provocó la aversión de todos los azules y de los bien intencionados. Sólo sus cercanos lo toleraban. Se trataba de un sujeto repulsivo, parecido a la matrona que dejaron abandonada los azules, por que no la soportaban.
Con sus capitanes y su humor de mujer menopáusica, los caballeros azules, quienes habían mantenido el auténtico ánimo azul en aquella situación que no parecía tener fin, padecieron las extravagancias del pedante super star. Ni siquiera el capitán pedante conciente, a cargo de la legión de caballeros azules, se atevía evitar los embates del subteniente López.
Pero el sueño del subteniente López era convetirse en general de la legión bicolor. Era tan ingenuo que no se dio cuenta de que los caballeros azules tenían identificadas sus intenciones, las acciones de sus capitanes y de sus sargentos. Por cierto, el generalito verde llegó al lugar de los azules sólo con capitanes, coroneles, el subteniente López y algunos sargentos — todos de medio pelo en el mundo de los verdes y comunidades vecinas–, pero se le olvidó traer a la tropa; mejor lo hicieron algunos bien intencionados que al final dejaron colgados a los tres o cuatro soldaditos ingenuos que se tragaron el cuento del nuevo mundo verde con matices bicolores.
Entre las últimas adquisiciones del generalito verde se encotraron dos capitanes: el capitán Bartolomé buena onda y el capitán cara pálida. Cara pálida era un antiguo corsario de aguas marinas, que al fin azules, se identificó, de alguna manera con los de ese color. Cuando se fue el generalito verde el rostro del corsario de cara pálida era transparente, pero cuando se fue el subteniente López, aquella vez que le dijeron que no iba ser ungido general de la colonia bicolor e hizo un berrinche enorme, su rostro fue distinto.
El capitán cara pálida no llegó solo. Trajo consigo a algunos de sus compañeros de naufrágio. La intención en un principio era apoderarse, para variar, de los tesoros del mundo azul. Resigandos a estar en la misma condición que los azules, pero con una remuneración mayor –casi ofensiva– los corsarios decidieron abonar las tierras azules con sus vastos conocimientos. Mientras tanto, el capitán Bartolomé buena onda trataba de conciliar con la base de los azules, soldados cansados de tantas batallas, hambientos y con una miserable paga.
Bartolomé buena onda logró apasiguar el ánimo de la tropa. No así el capitán pedante conciente, quien jamás se ocupó de conciliar ni de operar en favor de los caballeros azules, quienes poco a poco se dejaba seducir por las fuerzas del lazo azul oscuro, hasta que lograron seducirlos. Dicen, los que saben, que allá lejos, del otro lado del mundo el emperador azul reconstruye su imperio. Con sus mismos métodos, acompañado por uno de sus caciques. Cuentan que poco a poco se van sumando los azules originales en la recontrucción de aquel mundo azul. Habremos de esperar noticias de nuestros hermanos en el exilio.
A la huída del subteniente López, quedó al mando el capitán cara pálida. Las cosas no mejoraron en gran medida pero tampoco empeoraron. Cara pálida y buena onda, operadores de la colonia bicolor tenían que rendir cuentas a la virreyna de corazones, quien es la representante del emperador bicolor en el mundo mundano.
Un día los capitanes encabezaron una pequeña rebelión, pues la virreyna de corazones estaba de mal humor y se le ocurrió que todos debían caminar sobre sus manos o en el mejor de los casos de espaldas, para ver si asi entendían la folosofía bicolor. Mediante un documento signado por los abajofirmantes, los capitanes lograron echar atrás la medida.
Ente la especie de los pedantes había una coronelita, conocida por sus ataques de claustrofobia y su manía por maltratar a sus subalternos, que ocupó la silla de los antiguos caciques, un lugar en el que todos los que se sentaton terminaron arrojando la toalla. Y así fue, acostumbrada al orpel del mundo de los pedantes, a la pequeña coronela contrahecha se le ocurrió pelear con la virreyna de corazones por algún asunto, cuya intrascendencia ni siquiera registra la historia. La coronela contrahecha un día abandonó la colonia bicolor y dejó sus nutridas rentas, situación que alegró a todos.
Hoy la colonia es bicolor. La puerta es bicolor, las paredes bicolores, los pasillos bicolores y bicolor es su nombre. Bicolores también son los dos capitanes que resguardan los tesoros del emperador bicolor. Bicolor es la virreyna de corazones. De los pedantes, esa especie en peligro de extinción, sólo quedan algunos: el capitán pedante conciente, el hombre de la cara de escroto –segundo de la coronela contrahecha– y un capitán, cuyos apellidos le avergüenzan, por lo que utiliza sólo las primeras dos letras de cada uno de ellos: lástima, los pedantes son una especie en peligro de extinción.
La situación no es mejor que cuando se fueron los caciques azules, salvo por el trato, que con cara pálida y buena onda cambió significativamente: algunos aprendices fueron elevados al rango de soldados razos, los corsarios aún obtienen beneficios por encima de los otros, las señales de que una nueva invasión se avecina siguen intocados y la espectativa de vida de la colonia bicolor es menor a un año. «Pero llevamos tanto tiempo en esa situación, que ya no nos preocupa», me dijo hace poco el veterano guardia del puesto de vigilancia, quen me contó la historia que acaban de leer y no se olvida de todo lo sucedido en este frío lugar.
José Luis Conrado
Para Nayre no nacida,
en honor de todo aquello que pudo haber sido y no fue
– Hay un perro muerto en la colina – gritó José.
– No es un perro – dijo el abuelo – al aparecer es un coyote. No, no es un coyote, es un nagual.
– ¿Un nagual?
– Sí, míralo bien. No tiene orejas ni cola, además no tiene cara de coyote, fíjate bien en su rostro.
– Es el nagual de la niña buena. Aquella que enterraron ayer en el pueblo.
El abuelo se sentó bajo la sombra de un durazno como con ganas de contarle a José una de sus historias.
– ¿Y bien?, ¿me vas a contar lo del nagual, abuelo? – dijo José divertido – ¿o ya te vas a dormir?
– Está bien, pero antes debes saber que hay un animal que nace al mismo tiempo que nosotros. El mismo día y en el mismo instante. Todos tenemos uno.
A esos animales se les llama naguales.
Los naguales son encerrados por el Dios de los animales en grandes corrales en Talocan. El se encarga de cuidar y proteger a sus criaturas, guarda a los animales, porque si alguno escapara, fuera herido o lastimado, el cuerpo de esa persona sufriría el mismo perjuicio. Lo que le pasa al nagual de alguien también le sucede al cuerpo.
El Dios de los animales le dijo al nagual:
– Nagual, tu doble escapó hace muchos ciclos. Si no lo encontramos padecerás eternamente. Tendrás que vagar por el mundo convertido en Coyotito para buscarlo y una vez que lo encuentres tendrás que traerlo de vuelta a Talocan y ponerlo con los demás.
Coyotito anduvo y anduvo. Conoció las ciudades, en ellas supo de la miseria del ser humano. Tenía permitido convertirse en hombre sólo para que los otros hombres no lo dañaran en su condición de animal; con las almas buenas tenía que presentarse como un coyotito. Los hombres son crueles, le dijo el Dios de los animales, no tienen conciencia y te pueden lastimar si te presentas en tu condición de coyotito. Ten mucho cuidado.
El nagual pudo darse cuenta de la maldad de los hombres, de sus pasiones, de sus dolores. Buscó entre la gente a su doble. Lo buscó entre los poderosos. Lo buscó entre los humildes, y aunque entre éstos se sintió identificado porque tenía sentimientos más nobles que los otros, no encontró lo que buscaba.
Anduvo Coyotito de aquí para allá, de un pueblo a otro. De la campiña a la pradera. Del desierto al mar. No encontró Coyotito a su nagual.
Un día, bastante cansado, Coyotito decidió quedarse en el monte. Aprendió a vivir como un coyote de verdad. Anduvo por el monte durante algún tiempo y un día se encontró con el cazador. Coyotito, quien ya conocía cómo son los hombres, trató de huir, pero fue alcanzado por un tiro. Corrió y corrió hasta caer desmayado.
Cuando despertó, su asombró fue mayúsculo. Una niña hermosa lo cuidaba y lo atendía, con la ternura y la paciencia que sólo una mujer puede tener. La piel de niña era blanca como la nieve de los volcanes que Coyotito tenía como referencia del lugar donde nació. Era su cabello una cascada de sedoso color negro. La personalidad que tenía era tan adictiva como la narceína. Su belleza sólo se podía comparar con las dalias que las Coyotito se enamoró cuando estuvo en el campo. Su nombre significaba la más bella – una alocusión griega llegada hasta ahí hacía mucho tiempo-.
Aquella hermosa niña cuidó de Coyotito; lo atendió hasta que estuvo sano nuevamente. Coyotito no quería irse, pero tenía que seguir buscando a su doble. Tomó camino hacia el monte de nuevo, pero no podía olvidar la mirada triste de la niña buena.
La extrañaba, la añoraba, no quería separase de ella. Coyotito regresó una y otra vez día con día. La niña buena lo alimentaba a hurtadillas, le daba gotitas de luz y trozos de felicidad. Con ello Coyotito se convirtió en todo un coyote, engrandecido por la condescendencia y la gentileza de aquella pequeña.
De pronto Coyotito recordó a su doble. Tenía que encontrarlo, pero no podría alejarse de la niña buena. Estaba enamorado de ella y no sabía cómo hacer para demostrarlo. Transgredió la regla y se presentó ante ella con su forma humana.
Ella de principio sintió temor al ver a aquel hombre, pero su candor y su intuición lograron que el nagual se le acercara. Así se hicieron amigos y al poco tiempo compartían todo. El amor surgió entre esos dos seres tan distintos. Sin embargo, hasta sus diferencias se parecían. Coyotito conoció el amor verdadero.
El Dios de los animales se presentó ante el nagual para llamarle la atención y advertirle el riesgo que corría si no encontraba a su doble, si dejaba de buscarlo padecería eternamente y quizá arrastraría a su amada al suplicio. El nagual tenía que decidir marcharse o quedarse con ella.
Decidió que una vez que encontrara su doble regresaría a buscar a la niña buena. El nagual, aprovechando la visita del Dios de los animales quiso conocer al doble de su adorada. El Dios de los animales accedió y lo llevó a Talocan.
– Esto sólo sucede sólo algunas veces – dijo sorprendido el Dios de los animales –, es algo que ni yo mismo entiendo. El amor es más poderoso que los brujos y los dioses. Tú mismo eres el nagual de la niña buena Coyotito.
Eres su doble opuesto. Juntos son un todo, por separado no hay nada qué hacer.
El nagual fue darle la noticia a su amada. Era tiempo de vivir felices y disfrutar la vida. Juntos por siempre.
Pero la sombra de la desgracia se cerniría sobre la feliz pareja. Las ánimas del inframundo tenían envidia al ver tan feliz a la pareja y buscaron la forma de perjudicarla.
Una noche de junio hacía mucho calor, así que una familia decidió dormir en el patio de la casa. Como a eso de las dos de la mañana, la mujer abrió los ojos y se encontró con un animal prieto, de grandes orejas y con una trompa pegada al suelo, que se llevaba a su niño de meses, envuelto en unas mantas. La mujer se quedó muda del susto, pero en cuanto pudo despertó al marido y salieron en busca de su niño. Buscaron por todo el barrio hasta que lo encontraron tirado al lado de un puente.
Alguien les dijo que el nagual se lo llevó con la esperanza de que el niño le hablara, porque una maldición lo obligaba a ser así de monstruoso.
– Sólo cuando un inocente le hable, quedará libre –dijeron–; en tanto, niño que encuentra el nagual, niño que se lleva.
Los hombres acusaron a Coyotito de llevarse al pequeño y de ser un brujo malvado que les había causado ese perjuicio. Temían que el nagual se llevara a los niños de aquel lugar. Sin embargo, él no había tratado de robarse al bebé, fueron las almas perdidas de la noche, las ánimas celosas, las que buscaron la infelicidad de la niña buena y de su nagual.
La pareja huyó muy lejos, más allá del mar. Pero los hombres seguían criticando al nagual y las ánimas del inframundo buscaban la forma de molestar a la niña buena. En ese tiempo se perdieron muchos niños que las ánimas tienen cautivos en algún lugar del inframundo.
– Así, huyendo llegaron aquí – dijo el abuelo – los conocí hace tiempo.
El nagual se convertía en coyote para evitar a los hombres. La niña buena trataba de eludir a las ánimas rezando por el nagual. La gente mala también buscó la forma de acabar con ellos.
Una vez, un campesino se puso a espiar qué animal se estaba comiendo el maíz de su coscomate. Vio que entraba un mapache, y le disparó con su arma, pero no le pegó. Cuando regresó a su casa, su madre le contó:
– Estaba aquí en la casa, cuando llegó una fuerza, una sombra, y me dijo: “Oiga María. Por favor, dígale a su hijo que ya no me dispare. ¿Qué tanto es lo que me voy a comer…? Yo no tengo nada, y es muy poco lo que como…”
Se dijo que aquel mapache era el nagual que se había transformado. Pero todos sabemos que éste no era Coyotiyo.
Al final, todos lo que odiaban a la niña buena y a Coyotito buscaron la forma de acabar con ella cuando el nagual saliera. Mediante artificios la envenenaron mientras él andaba en el monte.
Cuando la niña buena agonizaba, el nagual sintió que la vida se le iba también. Y ahora, ya ves, el cuerpo del nagual es solamente un coyote muerto en el monte.
– Bueno, ahora ellos están felices porque van juntos rumbo al Talocan.
Vamos José, ya es hora…
Roberto Cortez Zárate
El 10 de mayo de 1878 murió María García Granados y Saborío, hija del general Miguel García Granados, quien fue presidente de Guatemala, para acuñar una leyenda que sería consignada por el poeta cubano José Martí en su poema de Versos Sencillos -conocido como La Niña de Guatemala- publicado en 1891.
María nació en ciudad de Guatemala y su residencia era un lugar de encuentro para artistas y literatos destacados del país, quienes participaban de habituales tertulias. Martí, con sólo 24 años, llegó a Guatemala procedente de México, donde había tenido un gran éxito profesional como periodista y escritor.
Cuando Martí llegó a Guatemala en marzo de 1877, frecuentaba la tertulia del general. Es en junio de ese mismo año que el poeta cubano conocería a María en La Academia de Niñas de Centro América, cuando fue invitado a impartir lecciones de redacción y composición.
García Granados pronto se hizo amigo del emigrado cubano y lo invitaba a jugar ajedrez con frecuencia, oportunidades en que Martí se encontraba con María. Pero no pudo corresponder a su amor por estar comprometido con María del Carmen de Zayas-Bazán e Hidalgo, una dama cubana.
El patriota y pedagogo cubano, José María Izaguirre, quien acompañaba a Matí en las tertulias, describió a María como una hermosa jovencita esbelta y airosa, de cabello azabache abundante y crespo, con profundos ojos negros y melancólicos; era muy simpática, de voz armoniosa y apacible. Tocaba el piano admirablemente y cuando sus manos resbalaban por el teclado, sacaba notas que parecía salir de su alma e impresionaba a sus oyentes.
María, quien no respondía al patrón de muchacha tímida y vulnerable, tuvo una participación relativamente activa como música y cantante fuera del hogar, en actividades artísticas públicas organizadas por sociedades e instituciones.
Martí regresó a México, donde el 20 de diciembre se casó con Carmen Zayas Bazán, y el poema IX de Versos Sencillos -conocido como La Niña de Guatemala- se publicó muchos años después, en 1891. A inicios del año siguiente Martí volvió casado a Guatemala. La joven le hizo llegar un mensaje.
“Hace seis días que llegaste a Guatemala, y no has venido a verme. ¿Por qué eludes tu visita? Yo no tengo resentimiento contigo, porque tú siempre me hablaste con sinceridad respecto a tu situación moral de compromiso de matrimonio con la señorita. Zayas Bazán. Te suplico que vengas pronto -Tu niña”, le escribió María.
“María tenía veinte años de edad, y hasta entonces había permanecido insensible a los tiros del amor. Su familia era su encanto y a ella consagraba los tiernos afectos de su corazón. Sin embargo, desde que Martí frecuentaba la casa, se notó en ella cierta tristeza que nadie se explicaba, así como el silencio en que se encerraba delante de él. Era evidente que algo pasaba en su interior; pero ese algo nadie se lo explicaba y quizás ella misma ignoraba la causa de lo que le pasaba.
“Lo que sí sabía ella era que cuando veía a Martí experimentaba un deleite supremo y que cuando él estaba ausente su tristeza aumentaba, su ansiedad de verlo era mayor y no cesaban estos tormentos hasta que él se hallaba de nuevo en su presencia”, asegura Izaguirre.
Caballero ante todo, abunda, ligado por igual sentimiento a otra mujer a quien había jurado ser su esposo, Martí se abstuvo de fomentar con sus galanterías o con demostraciones de afecto aquella pasión que parecía próxima a tomar las proporciones de un incendio. Su papel se limitó desde entonces a tratarla simplemente como amigo, y fue separándose poco a poco para que María comprendiese que no debía entregarse al sentimiento que la dominaba, pues por más que él reconociese sus merecimientos, como los reconocía, y que simpatizase con ella, no podría corresponder a su pasión.
La leyenda está vigente, aunque no hay evidencias documentadas capaces de acreditar que María García Granados, atentara contra su vida o falleciera producto de un estado psicológico depresivo.
Una entrevista a un descendiente de los García Granados, transmitida en forma oral cuenta que, María, aunque estaba resfriada había ido a nadar con su prima, actividad que se había tornado habitual desde que había regresado Martí acompañado por su joven esposa, entonces sumida en una profunda tristeza para distraerse, iba al río. Después del paseo, María empeoró y murió a causa de una enfermedad de las vías respiratorias que ya padecía.
Tras el fallecimiento de María, aparecieron en la prensa guatemalteca varios poemas en calidad de homenaje póstumo, donde los autores confesaban la admiración que en ellos había despertado. En 1891, Martí la inmortalizó en su poema conocido como “La niña de Guatemala”.
José María Izaguirre quiso fortalecer el mito de muerte por amor y tal vez haya sido así. La niña, que estaba floreciendo a la vida, era consciente que su amor no era correspondido, muere por él. Si nos atenemos literalmente a los versos, Martí nos confirma el suicidio de María, sea por ahogamiento (así murieron, por ejemplo, la escritora inglesa Virginia Woolf y la poetisa suiza-argentina Alfonsina Storni) o sea por una complicación neumónica muy común en la época en una persona presumiblemente tuberculosa.
Existen versiones, especialmente de familiares, amigos y conocidos de María que se refieren a una enfermedad pulmonar crónica, un padecimiento respiratorio que la joven debía cuidar. La tuberculosis pulmonar era una enfermedad sumamente frecuente en personas jóvenes en aquellos tiempos.
Mayra Beatriz Martínez menciona incluso, basándose en fuentes indirectas, la posibilidad de que Martí hubiese visitado a María García Granados en su lecho de enferma terminal y muy poco antes del fallecimiento, hecho que desvirtuaría el giro dramático del famoso poema.
Perla Cartaya Cotta, estudiosa de la vida y obra de José Martí, menciona en un artículo dedicado al tema que existe un certificado de defunción expedido a nombre de María García Granados —coincide plenamente en fechas, edad y otros detalles— por el Archivo Histórico Arquidiocesano de Guatemala y en el que se dice simplemente que falleció “de muerte natural”.
En 2013, con motivo de celebrarse el 160 aniversario del nacimiento de José Martí, en una ceremonia con diplomáticos guatemaltecos fue develada una placa conmemorativa a “La Niña de Guatemala”. En el homenaje se hizo una comparación entre la relación de amistad y el amor que existió entre María y Martí desde que se conocieron hasta la muerte.
Algunos miembros del personal del cementerio fueron entrevistados y relataron que aun antes de la colocación de la placa conmemorativa, el Mausoleo de María García Granados era uno de los más visitados en el Cementerio, especialmente por jóvenes guatemaltecas que le pedían ayuda en cuestiones amorosas.
Se cuentan también historias de apariciones de una dama con semblante triste que pide que se adorne la tumba de la Niña de Guatemala.
En agosto de 2013 también fue inaugurada en una rotonda de la Avenida de Las Américas una estatua de José Martí, en una plazoleta jardín también denominada José Martí y una tarja con unos versos grabados en el bronce del poeta y político dedicados a María García Granados y Saborío.
Promueven nuevos autores con app

Ipstori lleva textos cortos a los noveles lectores y brinda nuevas posibilidades a lectores consolidados
La aplicación ipstori , que promueve y fomenta la lectura y el óptimo aprovechamiento del tiempo libre a través de un nuevo modelo editorial, extendió su plataforma digital a Europa y Sudamérica .
“El creciente éxito que hemos logrado en unos pocos meses en el mercado digital mexicano nos…
La aplicación ipstori , que promueve y fomenta la lectura y el óptimo aprovechamiento del tiempo libre a través de un nuevo modelo editorial, extendió su plataforma digital a Europa y Sudamérica .
“El creciente éxito que hemos logrado en unos pocos meses en el mercado digital mexicano nos permite que ipstori se expanda hacia el continente europeo y Sudamérica, por lo que ya estamos pautando en España y Argentina”, anunciaron sus fundadores Ruth Reséndiz, directora general, y Pablo Barbachano, director de desarrollo de esta plataforma digital.
Actualmente ipstori ofrece 45 series y casi 500 ipstorias (historias breves, inéditas y originales, que no están disponibles en ninguna otra plataforma digital), y los usuarios pueden elegir qué tipo de historia escuchar o leer, según sus preferencias y el tiempo del que dispongan. La aplicación se encuentra disponible en Google Play y App Store.
“El número de suscriptores ha ido en aumento, principalmente en este último mes, en que se han sumado más de 10 mil lectores. Este fin de semana se superaron los 30 mil usuarios y la cifra final de lectores podría ser mayor, ya que habrá quienes compartan las ipstorias con sus familias y amistades”, aseguran.
Las ipstorias pueden clasificarse en nueve áreas: historia, diversidad, misterio, amor, ciencia ficción, fantasía, crónica, literatura erótica y humor; con títulos como “Seducción”, “Sexo profundo”, “La mujer perfecta”, “Cada viernes”, “Ni tan gorda ni tan fea”, “Cosas que no debes hacer descalza”, “Una llegada inesperada”, entre otras.
Para dar voz a estos textos, se ha reunido a un grupo de 30 narradores profesionales, actores de cine, teatro y doblaje, quienes se suman a los 116 autores de ipstori. Entre dichos autores, destacan nombres como Alejandro Sandoval, Ana Francis Mor, David Jáuregui, Genaro Mejía, Miguel Cane, entre muchos otros.
“Esos minutos que las personas utilizamos en redes sociales para informarnos sobre diversos temas o entretenernos, bien pueden ser aprovechados para ‘leer con los oídos’ sin tener la vista fija en un solo punto y poder realizar otras actividades mientras tanto”, señalan Reséndiz y Barbachano.
Acceder a la lectura como un placer y como entretenimiento se puede lograr gracias a una inversión accesible para los suscriptores que va desde 49 pesos al mes o bien haciendo un pago semestral de 299 o uno anual de 540 pesos.
Además de promover y fomentar activamente la lectura entre una reciente generación de lectores y de fortalecer los hábitos de lectores consolidados, ipstori es una plataforma de proyección para nuevos autores que les permite contar con ingresos transparentes y constantes tanto para ellos en su papel de escritores, como para los artistas involucrados, por encima del porcentaje convencional que ofrece la industria editorial.
“Gracias a nuestro innovador modelo editorial hemos podido reunir a un gran número de nuevos autores, adaptar textos clásicos e incorporar a autores latinoamericanos consagrados que han decidido crear contenido exclusivo para nosotros.”
Es por ello que el siguiente gran paso es conquistar al público lector no sólo de México, sino de España, Colombia y Argentina, y posteriormente toda Hispanoamérica.
“Estamos convencidos de que la lectura continúa siendo la única forma confiable de aprender y mejorar nuestras capacidades cognitivas. Contar con una población más preparada, sensible y empática incidirá en la forma en que respondemos a los problemas sociales y cómo nos involucramos como comunidad. Dotar de mayores ingresos a los creadores artísticos es una manera de valorar mejor su trabajo y la importancia que éste tiene para la sociedad y la cultura”, concluyeron.
-¿Sabes de qué están hechos los sueños?
-¿Hechos? Sólo son sueños.
– No. No lo son. La gente cree que no son reales porque no son materia, partículas. Son reales. Están hechos de puntos de vista, imágenes, recuerdos, juegos de palabras y esperanzas perdidas…
Sancho Panza es uno de los personajes ficticios en la novela «El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha», escrita por Miguel de Cervantes.
Don Quijote, personaje principal, es un caballero que decide salir en busca de aventuras. La tradición manda que todo caballero andante tenga un escudero, así que convence a «un labrador vecino suyo, hombre de bien pero de muy poca sal en la mollera» para tal cometido.
Sancho Panza, a diferencia de su señor, es un hombre realista y práctico que lo seguirá fielmente en un jumento, a pesar de que no entiende sus idealismos.
Mientras Don Quijote se dedica a deshacer imaginarios entuertos en su camino; Sancho, sencillo y bonachón, tratará de disuadirle para que no se meta en complicaciones.
El refranero representa el bagaje cultural popular acumulado a través de los siglos. Tradicionalmente, el campesino ha recurrido a los refranes como manera de solventar las limitaciones culturales y lingüísticas, típicas de épocas pasadas.
Los dichos populares le permitían manifestar su parecer y justificar su modo de obrar de forma rápida y sencilla; pues conseguía resumir todo su pensamiento en una frase que sabiamente lo expresaba mejor y más eficazmente.
Sancho es reflejo literario de esa costumbre y a lo largo de la obra presentará multitud de dichos populares que la ejemplificarán.
«La Eneida» es una epopeya escrita en latín por Publio Virgilio Marón, más conocido como Virgilio, en el siglo I a.C. La obra fue escrita por encargo del emperador Augusto, con el fin de glorificar, atribuyéndole un origen mítico, el imperio que con él se iniciaba.
Con este fin, Virgilio elabora una reescritura, más que una continuación, de los poemas homéricos, tomando como punto de partida la guerra de Troya y su destrucción, y colocando la fundación de Roma como un acontecimiento ocurrido a la manera de los legendarios mitos griegos.
Se suele decir que Virgilio, en su lecho de muerte, encargó quemar la «Eneida», ya fuera porque deseaba desvincularse de la propaganda política de Augusto, o bien porque no consideraba que la obra hubiera alcanzado la perfección que el poeta quería.
La obra consta de casi 10 mil hexámetros dactílicos divididos en 12 libros, en los que se relatan la caída de Troya, los viajes de Eneas y el establecimiento definitivo de una colonia troyana en el Lacio.
«La Eneida» tiene una importantísima recepción a lo largo de los siglos, sobre todo en la Edad Media. El personaje épico por excelencia, en esa época, es Eneas (más que Ulises, cuyo prestigio no es muy alto: se le considera un personaje astuto que conquista Troya gracias a una estratagema; en la «Divina comedia» de Dante, por ejemplo, Ulises estará en los infiernos).
Se considera un honor descender de Eneas: así, Godofredo de Monmouth, en su «Historia regum Britanniae» hará descender a los británicos de Britus o Brutus, un descendiente de Eneas.
«La Eneida» ha tenido también una importante recepción musical y ha inspirado a numerosos compositores como argumento para una ópera. Las más conocidas son «La didone», de Francesco Cavalli; «Dido and Aeneas», de Henry Purcell -primera ópera en lengua inglesa- y la gran ópera heroica «Les troyens» (1858), de Héctor Berlioz.