Tras un sismo o una noticia inesperada, el bolillo aparece como auxilio inmediato en la cultura mexicana. La ciencia explica que alivia síntomas digestivos y distrae la mente, pero el verdadero efecto reparador surge del acompañamiento humano que rodea ese pan compartido.
El sonido de la alerta sísmica irrumpió en la rutina y, cuando el movimiento cesó, alguien buscó un bolillo como si se tratara de un reflejo aprendido, un gesto automático que cruzó generaciones y que convirtió al pan en una respuesta inmediata frente al miedo.
En cocinas, oficinas y calles, el bolillo pasó de mano en mano mientras la respiración intentó normalizarse y el cuerpo salía poco a poco del sobresalto, como si ese alimento cotidiano ayudara a ordenar lo que el temblor desacomodó por dentro.
La escena se repite también tras un accidente, una mala noticia o un susto repentino, y con el tiempo se ha vuelto parte del paisaje emocional mexicano, un recurso simple frente a una sensación compleja que dejó al cuerpo en estado de alerta.
Nayeli Xochiquetzal Ortiz Olvera, profesora de la Facultad de Medicina de la UNAM, explicó que el estrés agudo incrementa la secreción de ácido gástrico, lo que genera dolor abdominal, náuseas, fatiga, dolor de cabeza y respiración agitada tras el evento.
Ese malestar aparece porque el miedo activa la hipófisis y la glándula suprarrenal, responsables de liberar adrenalina y noradrenalina, hormonas que aceleran el ritmo cardiaco y colocaron al organismo en un estado de defensa o de huida.
Mientras el cuerpo reacciona para proteger la vida, el estómago resiente el impacto y, una vez pasado el peligro inmediato, la acidez persiste como una huella física del susto que ya no está, pero que seguía presente.
En ese momento, el bolillo ofrece un alivio parcial, ya que sus carbohidratos inhiben de forma transitoria la secreción de ácido gástrico, produciendo una sensación de bienestar que muchas personas asociaron con calma.
Ortiz Olvera añadió que la textura del pan también influye, pues al ser masudo y tener corteza firme obliga a masticar despacio, lo que distrae la atención, regula la respiración y permite que el miedo comenzara a diluirse.
La recomendación médica se mantiene en la moderación, unos cuantos bocados bastan para generar alivio sin convertir el gesto en un exceso que cargara al sistema digestivo.
Más allá del efecto fisiológico, el bolillo carga con un significado cultural profundo, pues simboliza cuidado, cercanía y la certeza de que alguien está ahí después del sobresalto.
Su historia ayuda a entender ese lugar simbólico, ya que el bolillo nació en México durante el Porfiriato, cuando un panadero de origen francés adaptó técnicas europeas a los ingredientes disponibles y creó un alimento accesible que se volvió omnipresente.
Esa presencia constante lo coloca al alcance de casi cualquier emergencia emocional, listo para acompañar el temblor, el accidente o la noticia que alteró el día.
Desde la neurociencia, Eduardo Calixto González, profesor de la Facultad de Psicología de la UNAM, explicó que el miedo incrementa la demanda de energía del cerebro y eleva momentáneamente la glucosa en sangre como parte de un proceso normal de adaptación.
Calixto precisó que cualquier alimento modifica el pH gástrico y aporta energía, por lo que el bolillo no tiene propiedades únicas, aunque sí ventajas prácticas por su disponibilidad y su carga simbólica.
El especialista descartó que un susto detonara diabetes, ya que esos cambios metabólicos son transitorios y no constituyen el origen de enfermedades crónicas.
En muchos casos, el alivio tiene un componente placebo, pues masticar concentra la atención y permite que el sistema nervioso recupere gradualmente su equilibrio.
Sin embargo, Calixto subrayó que el factor más poderoso no está en el pan, sino en el acompañamiento, ya que abrazar a alguien tras un evento estresante libera oxitocina, hormona asociada al apego y a la sensación de seguridad.
Ese contacto humano genera certidumbre y facilita una recuperación más rápida, recordando que el miedo se atravesó mejor cuando no se hizo en soledad.
Así, el bolillo para el susto permanece como un símbolo eficaz no por magia, sino porque reúne alimento, distracción y compañía en un mismo acto.
Entre la ciencia y la costumbre, el pan queda como testigo de algo más profundo: después del miedo, alguien ofrece presencia, y en ese gesto comienza la calma.
