El puente

El 17 de septiembre de 1944, los Aliados lanzaron la Operación Market Garden con una certeza que parecía indiscutible: si lograban capturar una cadena de puentes en los Países Bajos, el camino hacia Alemania quedaría abierto y la guerra terminaría antes de Navidad.

Casi todo salió como estaba previsto.

El último puente, el de Arnhem, no. Los paracaidistas británicos resistieron durante cuatro días esperando un relevo que nunca llegó. La operación fracasó y dejó una expresión que sobrevivió a la guerra: “A Bridge Too Far”, un puente demasiado lejos. Desde entonces, la frase describe ese objetivo que parece al alcance de la mano, pero que una y otra vez se escapa.

Durante más de treinta años, la Selección Mexicana construyó su propio Arnhem.

Desde Estados Unidos 1994 hasta Rusia 2018, México hizo de los octavos de final una costumbre. Siete Copas del Mundo consecutivas terminaron con la selección entre las 16 mejores. Muy pocos países sostuvieron una regularidad semejante. Sin embargo, esa constancia dejó de celebrarse porque siempre encontraba el mismo límite. Cambiaban los entrenadores, las generaciones y los rivales. El desenlace permanecía intacto.

La eliminación en Catar 2022 rompió incluso esa rutina. Por primera vez desde Argentina 1978, México quedó fuera en la fase de grupos. El problema dejó de ser cruzar el puente. La selección ya ni siquiera conseguía llegar hasta él.

Por eso, la clasificación a los octavos de final del Mundial de 2026 tiene un significado distinto al de las siete anteriores. No liquida la deuda histórica ni convierte a esta generación en la mejor que ha tenido el futbol mexicano. Lo que hace es devolver al equipo al sitio donde la conversación quedó suspendida hace cuatro años.

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Ahora, además, la historia decidió repetir uno de sus viejos escenarios.

El rival será Inglaterra. Será apenas el segundo enfrentamiento entre ambas selecciones en una Copa del Mundo. El primero ocurrió el 16 de julio de 1966, en el estadio de Wembley. Inglaterra ganó 2-0 en la fase de grupos y, días después, conquistó el único título mundial de su historia. Casi 60 años más tarde volverán a encontrarse, pero esta vez el premio será un lugar entre las ocho mejores selecciones del torneo.

Si México pierde, el Mundial de 2026 confirmará que la barrera sigue donde siempre estuvo.

Si gana, la victoria tendrá un significado que ninguna otra generación consiguió fuera de casa: alcanzar por primera vez los cuartos de final en un Mundial disputado bajo el formato moderno de eliminación directa. Las únicas ocasiones en que la selección estuvo entre las ocho mejores fueron en México 1970 y México 1986, cuando el sistema de competencia llevaba directamente de la fase de grupos a los cuartos de final.

Arnhem enseñó que una guerra puede cambiar por un solo puente.

El futbol mexicano lleva tres décadas esperando descubrir si el suyo, por fin, también puede cruzarse.

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