Desde la plataforma de Boca Chica, Texas, SpaceX lanzó su quinto vuelo de prueba del Starship. Este vehículo, que pesa unas cinco mil toneladas, utilizó 39 motores Raptor en su primera fase para alcanzar la órbita. En un logro nunca antes visto, la primera etapa regresó desde la estratosfera, desaceleró de manera controlada y aterrizó en la misma plataforma. El aterrizaje fue facilitado por un sistema mecánico apodado “chopsticks” (palillos), una grúa diseñada para atrapar y asegurar la recuperación de esta parte de la nave para su reutilización futura.
El lanzamiento también permitió probar la conectividad de comunicación del módulo orbital utilizando la red Starlink. Por primera vez, SpaceX mantuvo contacto con el módulo durante su reentrada, un avance tecnológico que no había sido conseguido en vuelos espaciales anteriores.
Después de sobrevivir a las altas presiones y temperaturas extremas durante la reentrada a la atmósfera, el módulo orbital amerizó controladamente en el océano Índico. Aunque el impacto final lo destruyó, esta explosión estaba planificada como parte de la prueba.
La compañía fundada por Elon Musk tiene la ambiciosa meta de convertir al Starship en el primer sistema de transporte privado en llegar a la Luna y Marte. Musk ha sostenido repetidamente su visión de establecer colonias permanentes en estos cuerpos celestes, y esta prueba marca un paso más en esa dirección.
