Este martes, millones de estadounidenses asisten a las urnas para decidir si Donald Trump retorna a la Casa Blanca o si Kamala Harris se convierte en la primera mujer presidenta. La elección, que culmina tras una campaña marcada por profundas divisiones, pondrá en evidencia el rumbo que la nación desea para los próximos cuatro años en temas de economía y política exterior.
Desde la mañana, los votantes han enfrentado una elección compleja entre visiones opuestas. La pregunta sobre por qué las elecciones se realizan un martes y no un fin de semana surge una vez más, y su respuesta radica en una decisión tomada en 1845. Aquel año, el Congreso de Estados Unidos estableció el martes posterior al primer lunes de noviembre como fecha oficial de votación, adaptando el calendario electoral a las necesidades religiosas y agrícolas de la época.
El martes se eligió debido a que, en una sociedad mayormente cristiana, los domingos se reservaban para actividades religiosas, mientras que los miércoles estaban destinados al mercado semanal rural. Así, el martes permitía a los ciudadanos trasladarse sin interrumpir sus labores. Asimismo, noviembre era el mes ideal, pues las cosechas habían finalizado y el clima aún era favorable para viajar.
Pese a la transformación social del país, el día de elección en martes persiste como una tradición. Aunque han existido propuestas para moverla a un fin de semana, la normativa histórica se ha mantenido. En esta jornada electoral, el proceso enfrenta a los estadounidenses con su historia y con su capacidad de influir en el futuro nacional.
