Este sábado, el Paseo de la Reforma de la Ciudad de México se llenó de color y tradición con el Gran Desfile de Día de Muertos, que celebró su novena edición. Desde primeras horas, más de cinco mil 800 participantes se caracterizaron para rendir tributo a los muertos, en una de las festividades más representativas del país.
La jornada comenzó temprano para los asistentes, quienes dedicaron horas a vestirse y maquillarse. Francisco Solano, participante del desfile, contó que elaboró a mano su atuendo y que él mismo se maquilló junto a sus compañeros en un proceso que duró cerca de dos horas.
La delegación invitada de Oaxaca, proveniente de Ixtaltepec en el Istmo de Tehuantepec, se preparó desde la madrugada para unirse al recorrido. Alejandro Jiménez Reyes, uno de sus integrantes, enfatizó la autenticidad de su grupo, que representa fielmente las tradiciones oaxaqueñas.
Entre los asistentes, algunos participaron con motivos personales. Susana Marín Solano compartió que desfiló en homenaje a su padre, fallecido hace un mes, en lo que consideró un acto de devoción personal. “Es una manda, un tributo”, expresó.
La jefa de Gobierno, Clara Brugada, destacó el significado de la muerte en la cultura mexicana: “Para los mexicanos, la muerte no es el final, sino parte del camino”. Sus palabras resonaron mientras ajolotes y danzantes abrían el desfile, seguidos de 37 contingentes, siete carros alegóricos y seis empujables. Las figuras de Huitzilopochtli, Tezcatlipoca y Coatlicue fueron algunos de los emblemas que captaron la atención del público.
Durante el desfile, colectivos y grupos culturales rindieron homenaje a figuras históricas, como David Alfaro Siqueiros y Rosario Castellanos. En tanto, catrinas y calaveras se movieron al compás de la batucada o desfilaban en bicicleta, capturando la esencia festiva y colorida de la celebración.
Con miles de personas congregadas, el desfile reafirmó la tradición de celebrar la vida y la muerte en una fiesta que se ha vuelto una de las más esperadas en la capital mexicana.
