La Diócesis de San Cristóbal de las Casas exigió justicia a las autoridades tras el asesinato del sacerdote Marcelo Pérez Pérez, ocurrido el domingo en San Cristóbal de las Casas, Chiapas. Pérez, un reconocido defensor de los derechos de los pueblos indígenas, fue atacado a balazos dentro de su vehículo después de celebrar una misa en el barrio de Cuxtitali.
Durante la homilía dominical, el obispo Rodrigo Aguilar Martínez exhortó al gobierno a actuar con los principios de verdad y justicia para resolver el crimen y restablecer la paz en la región. Pérez Pérez, conocido como padre Marcelo, era un líder comunitario muy respetado, especialmente entre los pueblos originarios tzotziles.
El obispo también llamó a los responsables del ataque a “recapacitar” y afirmó que la diócesis está dispuesta a perdonar tanto a los autores materiales como a los intelectuales del homicidio. Aguilar destacó que, a pesar de las constantes advertencias de Marcelo sobre su seguridad y la de los ciudadanos, las autoridades no tomaron medidas para protegerlo. Sin embargo, el padre Marcelo continuó abogando por la justicia hasta el momento de su muerte.
Tras la entrega del cuerpo a los familiares del sacerdote, cientos de personas acompañaron el féretro en una procesión de unos dos kilómetros hasta la iglesia de Guadalupe. Los asistentes portaban banderas blancas y coreaban “justicia” durante todo el recorrido, en un gesto de solidaridad con las causas defendidas por Pérez.
El padre Marcelo será sepultado en San Andrés Larráinzar, lugar donde nació y donde se encuentran las raíces de su comunidad. La comunidad indígena y las organizaciones sociales a las que brindó apoyo han exigido a las autoridades que el asesinato no quede impune y que se atiendan los problemas de seguridad en la región.
El asesinato del sacerdote ha conmocionado a la población y ha puesto nuevamente en evidencia la creciente violencia en Chiapas, una zona afectada por conflictos sociales y la presencia de grupos delictivos. Desde hace años, Pérez Pérez denunciaba la falta de seguridad y las agresiones contra los defensores de los derechos humanos en el estado. Sin embargo, sus llamados a la acción no fueron atendidos por las autoridades, lo que ha generado críticas hacia los organismos gubernamentales.
El asesinato del padre Marcelo representa una pérdida significativa para la comunidad indígena y para los movimientos que luchan por la defensa de los derechos humanos en Chiapas, un estado que históricamente ha sido escenario de tensiones entre el gobierno y los pueblos originarios.
Las exigencias de justicia han cobrado fuerza entre las comunidades que el padre Marcelo defendía. Por su parte, el obispo Aguilar pidió al pueblo mantenerse unido en la búsqueda de paz y justicia, reafirmando la necesidad de que las autoridades atiendan las demandas sociales en la región.
Durante la homilía dominical, el obispo Rodrigo Aguilar Martínez exhortó al gobierno a actuar con los principios de verdad y justicia para resolver el crimen y restablecer la paz en la región. Pérez Pérez, conocido como padre Marcelo, era un líder comunitario muy respetado, especialmente entre los pueblos originarios tzotziles.
El obispo también llamó a los responsables del ataque a “recapacitar” y afirmó que la diócesis está dispuesta a perdonar tanto a los autores materiales como a los intelectuales del homicidio. Aguilar destacó que, a pesar de las constantes advertencias de Marcelo sobre su seguridad y la de los ciudadanos, las autoridades no tomaron medidas para protegerlo. Sin embargo, el padre Marcelo continuó abogando por la justicia hasta el momento de su muerte.
Tras la entrega del cuerpo a los familiares del sacerdote, cientos de personas acompañaron el féretro en una procesión de unos dos kilómetros hasta la iglesia de Guadalupe. Los asistentes portaban banderas blancas y coreaban “justicia” durante todo el recorrido, en un gesto de solidaridad con las causas defendidas por Pérez.
El padre Marcelo será sepultado en San Andrés Larráinzar, lugar donde nació y donde se encuentran las raíces de su comunidad. La comunidad indígena y las organizaciones sociales a las que brindó apoyo han exigido a las autoridades que el asesinato no quede impune y que se atiendan los problemas de seguridad en la región.
El asesinato del sacerdote ha conmocionado a la población y ha puesto nuevamente en evidencia la creciente violencia en Chiapas, una zona afectada por conflictos sociales y la presencia de grupos delictivos. Desde hace años, Pérez Pérez denunciaba la falta de seguridad y las agresiones contra los defensores de los derechos humanos en el estado. Sin embargo, sus llamados a la acción no fueron atendidos por las autoridades, lo que ha generado críticas hacia los organismos gubernamentales.
El asesinato del padre Marcelo representa una pérdida significativa para la comunidad indígena y para los movimientos que luchan por la defensa de los derechos humanos en Chiapas, un estado que históricamente ha sido escenario de tensiones entre el gobierno y los pueblos originarios.
Las exigencias de justicia han cobrado fuerza entre las comunidades que el padre Marcelo defendía. Por su parte, el obispo Aguilar pidió al pueblo mantenerse unido en la búsqueda de paz y justicia, reafirmando la necesidad de que las autoridades atiendan las demandas sociales en la región.
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