#Dobleces | Abrir cuarteles


El caso de los eperristas desaparecidos Gabriel Cruz Sánchez y Edmundo Reyes Amaya se convirtió en la primera prueba para la cuatroté y su fuerza militar de mostrar sensibilidad ante un caso de desaparición forzada cometida hace 15 años.

En lo que se califica como la extensión de la “guerra sucia” en los tiempos del expresidente Felipe Calderón y el exgobernador de Oaxaca, Ulises Ruiz Ortiz, el actual general secretario, Luis Crescencio Sandoval, tiene que abrir los cuarteles y lo que disponga la Comisión Especial de Búsqueda para localizar a los luchadores sociales.

Con la actual sentencia y primera mesa de diálogo entre autoridades y familiares de los activistas desaparecidos, la orden de que sean abiertos los cuarteles militares con el objetivo de encontrar a los dos militantes del Ejército Popular Revolucionario (EPR) desaparecidos desde 2007 abre una ventana de justicia y sienta un precedente histórico para los casos de desapariciones forzadas en la actualidad.

Y es que, de acuerdo con las versiones de testigos oculares y las investigaciones, el encargado del hotel “El Árbol” comentó que unos militares entraron a detener a unas personas que tenían armas en su cuarto. Para el 26 de mayo el gobernador Ulises Ruiz ya tenía información de que habían sido detenidos integrantes destacados del EPR. Así tanto, la procuraduría local, encabezada, en ese momento, por Evencio Nicolás y efectivos del Ejército, hicieron trabajo de contraespionaje tras la detención de Gabriel Cruz Sánchez y Edmundo Reyes Amaya.

El 24 de mayo de 2007, aproximadamente a las 11:30 horas, elementos del Ejército Mexicano, adscritos a la VII Región Militar, ubicada en Ixcotel, Oaxaca, y de otras autoridades policiales, realizaron un operativo conjunto en el hotel “del Árbol”, en la colonia centro de la Ciudad de Oaxaca. En dicho operativo, Alberto Cruz y Edmundo Reyes Amaya fueron detenidos por servidores públicos, entre ellos de la Sedena para ser traslados a la Procuraduría General de Justicia del Estado de Oaxaca y a la postre ser trasladados al Campo Militar número 1 por miembros del Ejército Mexicano.

En esas instalaciones serán las primeras a las que deberá dar acceso el secretario Luis Crescencio Sandoval. A final de cuentas, el Ejército participó en la desaparición forzada de Edmundo y Gabriel, y como tal debe reconocer su responsabilidad histórica como institución.

Por ello, es necesario que la Sedena proporcione toda la información requerida por la FGR, a fin de que se pueda citar a comparecer a elementos del Ejército que estuvieron en funciones en mayo del 2007 para que informen sobre lo sucedido en el caso de la desaparición forzada y a su vez otorgar todas las facilidades para que la comisión especial pueda realizar las diligencias de búsqueda en instalaciones militares y cualquier dependencia que se considere necesaria.

Crescencio Sandoval debe dar las facilidades para que se tome declaración de los mandos militares que hubieran estado en funciones en 2007, en Oaxaca a fin de dilucidar su posible participación en la desaparición forzada de o incluso a efecto de indagar el paradero de Alberto Cruz y Edmundo Reyes que, si de alguna declaración se desprende información que inclusive, deje entrever el uso de instalaciones militares para el ocultamiento los integrantes del EPR.

#Dobleces | Tras los pasos de Ulises Ruiz (I)

A paso lento se configuran una serie de probables delitos contra el exgobernador de Oaxaca, Ulises Ruiz Ortizy en algún momento, la justicia lo alcanzará.Tras la detención de Evencio Nicolás M. R., exprocurador General de Justicia, por su probable responsabilidad del delito de desaparición forzada de los eperristas Edmundo Reyes Amaya y Gabriel Alberto Cruz Sánchez, hace 13 años, la pinza se cierra contra el ex mandatario. 

La Fiscalía General de la República (FGR) conoce el expediente y recientemente el Comité de Familiares de Detenidos Desaparecidos Hasta Encontrarlos se encuentra en un proceso activo. Incluso en mayo pasado, la Suprema Corte de Justicia de la Nación atrajo el caso. Con lo que este asunto tomó una relevancia superior.
Y es que, con la detención de Evencio Nicolás se acrecienta la participación indirecta del exgobernador priista, Ulises Ruiz. A final de cuentas, como titular del ejecutivo local tuvo información desde los primeros días en que se les detuvo a Reyes Amaya y a Cruz Sánchez.
En este caso ahora se entienden los pasos de Evencio Nicolás y personal a su cargo que actuó con brutalidad en un contexto represivo por órdenes del entonces gobernador del estado.
En el libro de gobierno de la Policía Ministerial se registró una averiguación previa que se inició por el motivo de la detención de dos personas que al parecer eran miembros del denominado grupo guerrillero EPR. Esas fueron las primeras pistas que tuvo la autoridad.
Sin embargo, en Oaxaca existió un grupo de la Policía Ministerial de la Procuraduría General de Justicia del Estado de Oaxaca conocido como FEPAR (Fuerza de reacción Inmediata) que se creó para la investigación de delitos cometidos por grupos guerrilleros y que tuvieran relación con movimientos políticos, el cual en mayo de 2007 era dirigido por el comandante Pedro Hernández. Aquí comienzan los fuertes vínculos de las dos principales autoridades con mayor peso en la escala de jerarquías en el gobierno. El procurador Evencio Nicolás y el gobernador Ulises Ruiz.
En las instalaciones de la procuraduría estatal fue el primer lugar en el que se les vio a los eperristas. Por ejemplo Antonio Martínez alias “El Chuta” había trabajado en la Procuraduría General de Justicia del estado de Oaxaca, y en virtud que estaba viendo lo de su pensión, acudía con frecuencia a las instalaciones de la misma y esta persona comentó que cuando todavía estaba en la procuraduría logró ver cómo los integrantes del EPR fueron entregados y recibidos en la Procuraduría General de Justicia del Estado de Oaxaca; incluso él tuvo los papeles de la entrega y que quien los había detenido era el comandante Pedro Hernández, mismo que posteriormente los desapareció.
Dentro de la corporación policiaca existía un grupo que se encargaba de hacer “trabaja sucio” del gobierno, y que entre ellos estaban los comandantes Corro, Moreno Rivas y Pedro Hernández quienes eran los encargados de hacer los operativos para levantar y torturar a la persona que les indicara el entonces subprocurador