En mayo de 1960, en el Festival de Cannes, se presentó la película «Macario» (1960), dirigida por Roberto Gavaldón y escrita por Emilio Carballido, basada en el texto homónimo de B. Traven.
Esta película se ha convertido en un clásico del cine mexicano y un hito en la filmografía de Gavaldón. En 1961, fue la primera película mexicana en ser nominada al Oscar como Mejor Película Extranjera, lo que marcó un logro significativo para el cine nacional.
Los últimos años de la década de 1950 fueron considerados como el declive de lo que se conoció como la época de oro del cine mexicano debido al estancamiento creativo de los argumentos cinematográficos, la pérdida de principales figuras actorales, el posicionamiento de la televisión, la reconversión del cine estadounidense, los problemas burocráticos dentro del Sindicato de Trabajadores de la Producción Cinematográfica y los señalamientos al Banco Nacional Cinematográfico (Bancine) por solo financiar a ciertas casas productoras.
A pesar de las opiniones divididas en su momento, con críticos que cuestionaban su falta de ideología, el tiempo ha permitido apreciar plenamente la película. La revisión de la obra de Gavaldón en los últimos años, incluyendo libros como «Al filo del abismo» de Carlos Bonfil y «La fatalidad urbana: el cine de Roberto Gavaldón» de Fernando Minio, así como retrospectivas en festivales y museos, han contribuido a su reconocimiento.
«Macario» nos transporta al Virreinato, donde un humilde leñador comparte un trozo de guajolote con la Muerte y obtiene una fórmula para curar a los moribundos. Esto lo lleva a enfrentar sospechas de brujería por parte de la Santa Inquisición.
La película incorpora elementos de las fuentes literarias históricas que inspiraron a B. Traven y, posteriormente, a Gavaldón. La Muerte es representada como una instancia justiciera que iguala a ricos y pobres, un tema que se encuentra en la mitología y la cultura mexicana. La cercanía con el Día de Muertos y la influencia de José Guadalupe Posada se reflejan en la ambientación de la película en el México colonial dieciochesco.
Aunque algunos cinéfilos inicialmente criticaron la película por estar en blanco y negro y por no abordar temas ideológicos, «Macario» ha perdurado como un testimonio cinematográfico importante. Se ha convertido en parte de la cultura mexicana y ha inspirado adaptaciones y reflexiones sobre la muerte en la sociedad mexicana.
Pese a que Macario no se contempla como parte del periodo de la época de oro del cine mexicano y a que su reconocimiento nacional llegó después del inmediato prestigio internacional, los años le han dado el lugar que se merece dentro de la historia de la filmografía mexicana.
Recientemente, una versión «colorizada» de «Macario» se volvió viral, lo que demuestra la continua relevancia y aprecio por esta película en la cultura mexicana. La película sigue siendo un recordatorio de la riqueza espiritual y la complejidad de la relación de México con la muerte, un tema que ha perdurado en la conciencia colectiva del país.
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