Joseph Blatter y Michel Platini volvieron a pisar el área chica de la justicia y, una vez más, salieron sin penal. El Tribunal Penal Federal de Suiza les mostró la verde tras confirmar su inocencia por el pago de dos millones de francos suizos que durante una década mantuvo en vilo a la plana mayor del balompié internacional.
No hubo goles, pero sí una asistencia verbal desde 1998 que terminó en el fondo de la red jurídica. Un acuerdo de palabra fue suficiente para justificar el dinero que Blatter autorizó a favor de Platini en 2011, cuando ya ninguno vestía de corto y ambos ocupaban palcos presidenciales: uno al frente de la FIFA y el otro, de la UEFA.
La fiscalía suiza reclamó fuera de lugar. Alegó que no existía contrato ni constancia escrita de aquel arreglo. Insistió con el VAR judicial, pero el tribunal ratificó su decisión: no hubo fraude. Así, los protagonistas del escándalo más emblemático en la historia moderna del futbol salieron caminando al vestidor con la frente en alto y la moral –dicen– intacta.
El partido empezó en 2015, pero se jugaba desde antes
Corría 2015 y la FIFA ya mostraba tarjetas rojas como pan caliente. En plena efervescencia del FIFAgate, estalló el caso del pago a Platini, justo cuando calentaba para disputar la presidencia del organismo que entonces encabezaba su padrino y socio de cancha, Joseph Blatter.
Ambos aseguraron que se trataba de honorarios atrasados por los servicios de asesoría que Platini prestó entre 1998 y 2002. Una deuda de palabra, que tardó nueve años en pagarse y otros diez en discutirse en tribunales.
El escándalo fue el silbatazo inicial para una barrida institucional. La FIFA suspendió a los dos jugadores por ocho años; luego los recortó: seis para Blatter, cuatro para Platini, tras revisión en el Tribunal Arbitral del Deporte.
Les sacaron la copa, pero no el uniforme
En ese tiempo, Platini fue reemplazado en la UEFA por Gianni Infantino, su entonces secretario general. El mismo que acabaría levantando la copa de la FIFA. Un auténtico cambio táctico.
Blatter, por su parte, renunció en medio del vendaval, aunque mantuvo su defensa en zona mixta. Desde entonces, ambos se declararon víctimas de una entrada desleal, tejida desde los despachos, no desde la cancha.
Partido de vuelta: otra vez, sin mancha
El tribunal ya los había absuelto en 2022. La fiscalía apeló y llevó el asunto a tiempo extra. Pero el 25 de marzo de 2025, llegó el silbatazo final: no hubo delito. El pago fue legal, aunque sin papeles. No se demostró intención dolosa ni beneficio indebido.
En otras palabras, driblaron la tarjeta roja con un pase verbal de más de una década de antigüedad.
Platini celebró su “honor restaurado”. Blatter habló de un “alivio tras años de sombra”. Ambos esquivaron la condena, pero no el descrédito.
Un torneo manchado, aunque con árbitros complacientes
La doble absolución no borra las demás páginas del FIFAgate, una saga que incluyó sobornos por derechos de televisión, elecciones de sedes y contratos inflados. Aunque Blatter y Platini no figuraron entre los que cobraron comisiones ilegales, su caída coincidió con el colapso moral de la organización.
El caso recordó que en los escritorios de la FIFA, como en el área grande, el contacto siempre es dudoso y la caída, a veces, teatral.
Mientras tanto, el balón sigue rodando, los negocios se cierran y los presidentes cambian. La transparencia sigue en pretemporada.
