El payaso se enoja, gimotea, vocifera, cuestiona al político, lo juzga y lo condena ante un auditorio que, expectante, ha sido testigo de un escándalo más, en el que la contundencia de las grabaciones en video de presuntos actos de corrupción fuerza su dimisión.
Un espectáculo en el que el político pasa de un foro de televisión, donde juzga y opina, a ser el sospechoso y corrupto. Una telenovela en la que el llanto de una diputada, su esposa, y la transmisión de otras grabaciones comprometedoras sirven de colofón a una historia donde el comediante es quien muestra mayor seriedad.
En un ambiente político enrarecido por el escándalo y el vituperio, la población desconcertada recibe por lo menos cada semana un nuevo drama. Una grabación distinta: una semana los misiles teledirigidos van con dirección al PRD y al gobierno del Distrito Federal, con dedicatoria especial al jefe de Gobierno del Distrito Federal; pero una semana antes ocurrió lo mismo contra el llamado Niño Verde, y las dos semanas anteriores fueron a parar al PAN, con atención a la señora Marta Sahagún.
La política se vuelve un drama que es llevado hasta la pantalla bajo el auspicio del «fuego amigo» y las escenas se vuelven cada vez más grotescas, más comprometedoras y, al mismo tiempo, más espectaculares.
Ya no se trata de investigaciones periodísticas sustentadas en un buen trabajo de investigación; son filtraciones que evidencian lo innegable, a pesar de su origen orientado a dañar al enemigo. Sin embargo, lo más grave, quizá, es la degradación del sistema político, que alcanza uno de sus extremos mediante este tipo de prácticas, con la consecuente desilusión de la gente por un tema que de suyo era poco popular.
DRAMATIZACIÓN POLÍTICA
Politólogos y comunicadores coinciden en el riesgo que supone la exhibición pública de esas grabaciones: el desinterés de la población por los temas políticos y el papel de jueces que adquieren los medios de información, aunque reconocen que es sano que se hagan públicas.
El excanciller Jorge G. Castañeda ha señalado, por ejemplo, que es muy difícil saber de dónde están saliendo todos estos videos, cuál es la motivación, el origen y las consecuencias; “pero parece también difícil a estas alturas creer en teorías conspirativas demasiado complejas, pueden ser cosas todavía más sencillas, simplemente que las divisiones dentro del PRD, las divisiones dentro del PRI y las divisiones dentro del PAN son las que están generando estos golpes, estos escándalos, esta parte sórdida de la política”, señaló en una entrevista radiofónica.
Porque estos son los videos PRD, agrega, las grabaciones telefónicas de la profesora Elba Esther Gordillo hace seis meses no son muy distintas a esto, “es más o menos lo mismo, esto es escandaloso, lo otro simplemente era morboso, porque en las conversaciones telefónicas pues no había nada indebido, en los videos sí, pero son las mismas armas, los mismos instrumentos y las mismas motivaciones”.
En su carácter de politólogo y de posible aspirante presidencial, Castañeda Gudman tiene su propia explicación respecto del origen de las filmaciones. Sostiene que se trata de la lucha interna de los partidos que buscan posicionarse con miras a la elección interna de 2006. “Son partidos profundamente divididos, consumidos por sus fuegos y pleitos internos, y que no están en la discusión de soluciones para la gente a largo plazo, a mediano plazo, a corto plazo, están en el pleito interno por quién va a ser el candidato, quién va a tener los recursos, quién va a salir en los medios, quién va a determinar quién manda, no para qué mandar, quién manda”, agrega.
La trivialización de la política ha sido analizada por diversos estudiosos. Manuel Castells explica que este tipo de fenómeno ocurre como consecuencia de la crisis de legitimidad del Estado-nación, a la que debemos añadir la crisis de credibilidad del sistema político, basada en una competencia abierta entre los partidos políticos.
“Atrapado en el ámbito de los medios, reducido a un liderazgo personalizado, dependiente de una compleja manipulación tecnológica, empujado a un financiamiento ilegal, arrastrado por los escándalos políticos, el sistema de partidos ha perdido su atractivo, su fiabilidad y, a todos los fines prácticos, es un resto burocrático, privado de la confianza pública. Si bien la forma de gobierno representativo sigue siendo la democracia de partidos, lo que ha cambiado es la representación”.
Para el politólogo de la Universidad Autónoma Metropolitana, Pablo Javier Becerra, los videoescándalos son una estrategia en la que los políticos, ante la ausencia de ideas y de planteamientos serios, recurren a la descalificación de los demás y a la exhibición de sus miserias.
“Ya habíamos visto planteamientos de este tipo en sexenios anteriores, como las filtraciones de las conversaciones de José Córdoba Montoya, en las que involucraba a una mujer que habría sido su amante y a otros políticos y que daban una idea de cómo funcionaba el sistema político mexicano. Luego hubo filtraciones de las conversaciones de Raúl Salinas de Gortari con su hermana, desde la cárcel, en donde hablaba de la traición de su hermano, el expresidente Carlos Salinas de Gortari, y donde los dos hermanos reconocerían que Raúl estaba purgando una culpa del propio expresidente.
“Ya habíamos visto este tipo de filtraciones. Entonces, como que a todos los políticos se les hizo fácil jugar al espionaje. Hace algunos días la disidencia del Partido Verde Ecologista de México dio a conocer un video y todos los noticiarios, así como los periódicos, reprodujeron la falta de seriedad del dirigente del Partido Verde.
“Al día siguiente aparecieron cosas preocupantes: se filtró una conversación sostenida por uno de los disidentes, al parecer el contador del partido, con otros miembros de la disidencia. Y no se quedan ahí los escándalos, la siguiente semana aparecieron los escándalos del secretario de Finanzas del gobierno del DF y el de las presuntas corruptelas de René Bejarano”.
Lamentablemente, pareciera ser, afirma, que esto también se explica por el terrible bajo perfil que ha adquirido el gobierno federal y que genera que todas las ambiciones estén desbocadas y, en esta lógica, todo se vale. “Se vale desde el poder usar, como lo ha usado la esposa del presidente, a su fundación privada, recabar donativos de empresarios que quieren quedar bien con el presidente. Vemos esta disputa por un partido político que se ha convertido en negocio y nunca ha ganado arriba del cuatro o cinco por ciento de los votos, pero que ha logrado mover cientos de millones de pesos”.
Luego vinieron los escándalos en el gabinete de Andrés Manuel López Obrador y la caída de su operador político, René Bejarano. “Estos escándalos nos revelan una pobreza patética de la vida política nacional, que se combina con la pobreza del gobierno de Fox, quien parece que luego de tres años en el gobierno no parece querer más. Situación que se combina con la ambición desmedida de Marta Sahagún”.
Así las cosas, el politólogo explica que todos los grupos políticos están resolviendo sus problemas con escándalos. “Debemos ponderar entonces el papel de los medios, en lo que autores de comunicación política han señalado como la borrachera democrática. Esto se explica porque, ante la apertura de los temas políticos a los medios, se ha ponderado en algunos casos el escándalo.
“Pero en otros se ha tenido un sustento en investigación periodística seria, como en el caso del exdirector del Renave, quien resultó ser un torturador de la dictadura argentina, o el caso de un funcionario que se ostentaba como doctor y no tenía siquiera la licenciatura terminada.
“Sin embargo, los medios están en su papel. Nosotros no podemos esperar que los medios, con tal de no lastimar el prestigio de un personaje público, oculten la verdad”.
En este punto, se le preguntó a Raúl Trejo Delarbre, especialista en temas de comunicación, hasta dónde llega el límite ético entre una investigación periodística como aquella en la que el titular del Consejo Nacional contra las Adicciones, Guido Belsasso, fue denunciado a través de la prensa por tráfico de influencia, o el caso de las toallas que costaban miles de pesos, y las filtraciones de videos realizadas con otras intenciones.
“El problema cuando se trabaja al servicio del público es que se deben respetar códigos de ética y principios afianzados que no necesariamente tienen todos los medios. Se trata de una discusión de hace tiempo en la que se discute hasta dónde se debe regular a los medios, pero que no ha sido abordada seriamente”.
Pero más allá de la discusión ontológica, afirma, la contundencia de las grabaciones presentadas en televisión no deja lugar a dudas sobre lo que presentan. “Los videos no existirían sin las conductas de sus protagonistas y eso, pues no es culpa de los medios”, argumenta.
Por otra parte, comenta, es interesante determinar el origen de los videos, pues no tan fácil es espiar a una persona en un casino de Las Vegas. Sin embargo, el otro problema en esta situación es la creciente judicialización de la política que están asumiendo los medios.
“No debiera ser como se debieran discutir casos que requieren una investigación judicial ni la forma en que se debieran discutir los temas en el terreno de la política”, indica.
Lo más trágico de esta situación, agrega, es que las grabaciones van de peor en peor, lo que provoca, más allá del desprestigio, el hartazgo en el espectador que condena o se desencanta de estas formas del quehacer político.
En el mismo sentido, Luis Rasgado, coordinador de la licenciatura en Ciencias de la Comunicación de la UAM Xochimilco, manifiesta que la transmisión de las grabaciones tiene más bien un claroscuro.
Por un lado, confirma la teoría de que lo que no es presentado en los medios no existe; en ese sentido, la desatención de los medios respecto de otros temas de mayor trascendencia provoca una suerte de autismo social. “Es evidente que en los medios las buenas noticias no son nota, se pondera el escándalo y los comunicadores se erigen en jueces y fiscales”.
“La única verdad posible, entonces, es la que tienen los conductores de los programas de televisión y, como en una cadena de intereses creados, forman parte del mismo juego de aquel o aquellos que filtraron esa información”, comenta el académico.
Por otra parte, indica, existe ese periodismo crítico y responsable cuya finalidad es denunciar el abuso y las corruptelas, independientemente de las consecuencias que le pueda acarrear a una empresa o al reportero que investiga. De tal suerte que estas filtraciones oscilan entre los dos extremos.
Incluso, acota, el trabajo de los medios de comunicación en la difusión de diversas situaciones que escapan al control de las instituciones de la administración pública pudiera considerarse como un síntoma positivo.
El académico también coincide en que este tipo de fenómeno impacta la opinión de los públicos respecto de la política, donde encontramos que la gente se desencanta de la política y ese tipo de temáticas pierde interés.
“La discusión no es banal, si se considera que desde la prensa, la radio y la televisión los grupos de poder tratan de presionar para que el gobierno en turno intervenga a favor de sus intereses, ya sea en la resolución de conflictos de diversa índole; la definición de acciones en temas de fuerte impacto social; la modificación de planes y programas gubernamentales o lograr el cambio de actitudes y posturas de los funcionarios públicos”, explica.
En ese sentido, Pablo Javier Becerra indica que se trata de dos terrenos diferentes: por un lado, la libertad de los medios, que están utilizando hasta donde pueden; y, en segundo, el deterioro de la vida política, que está haciendo que la mayor parte de los actores políticos se estén disputando el poder utilizando todos los medios a su alcance. Pero se entremezclan para formar un fenómeno que en conjunto se muestra con mayor intensidad en este momento coyuntural.
“Hasta hace diez años, los medios funcionaban en la lógica de la lealtad al PRI; ahora funcionan en la lógica de construir su rating en función de que los ciudadanos le proporcionen información confiable. A veces puede conducir a una competencia por lograr la nota más escandalosa, pero esos son los riesgos de la democracia. Recordemos cómo cayó Nixon”, agrega.
“En la medida en que la política entra al terreno de los medios, inevitablemente se produce una tendencia a que se convierta en un espectáculo; eso aquí y en todos los países. Entonces se está produciendo la espectacularización de la política, por lo tanto, esto conduce a la banalización.
“No es extraño entonces que un político vaya al programa de un cómico y, por lo tanto, no es extraño que cuando quiera actuar en su rol de político quiera parecer cómico. A veces no sabemos cuándo Vicente Fox habla en serio. Cuando da sus entrevistas de banqueta parece que está haciendo un programa cómico: Ah, qué bien que no leas periódico, así vas a ser feliz, o cuando quiere hablar con un periquito. O López Obrador, cuando quiere ser gracioso ante los reporteros y dice lo que diga mi dedito.
“El político se convierte en payaso, por eso no resulta extraño que un payaso de verdad tenga el noticiario más serio de la televisión. Pero parece que hoy el analista más serio sea Brozo. Los temas son banalizados y la política se convierte en un foro mediático donde los políticos hablan sin pensar lo que dicen”, agrega.
Así las cosas, la aparición de nuevas filmaciones que demuestren cómo opera la clase política seguirá apareciendo. Según los entrevistados, se trata de una tendencia irreversible en la que la denuncia muta en escándalo y en que los informadores se erigen en jueces. Sin embargo, serán los ciudadanos, los que con sus votos premien o castiguen, además de las instancias judiciales, los casos de corrupción y los dimes y diretes que se han exhibido últimamente en la televisión.
En un sistema político donde la democracia emerge, los políticos deben aprender a ser mesurados en sus prácticas corruptas, pues la lente del Gran Hermano los vigila. Y de no ser honestos corren el riesgo de ser denunciados ante el ojo de la ciudadanía, que puede ejercer su derecho y castigarlos, o, como señala el politólogo, afrontar los riesgos de la democracia.
Publicada en Diario Monitor, 4 de marzo de 2004