11S: 7 años después

 
0 Me late
¡Gracias!

El 11-S-2001 EEUU recibió el peor ataque hecho en su historia en su suelo continental. La respuesta bélica que dio tuvo un gran respaldo diplomático y demostró que la mega-potencia estaba en su apogeo. Bush, quien debutaba en el poder tras haber perdido en las elecciones, se convirtió en uno de los presidentes más populares que haya tenido su nación.

Siete años después gran parte de ese capital político se ha esfumado. Bin Laden y Mulá Omar siguen operando libres mientras que Bush se ha tornado en uno de los mandatarios más impopulares que haya tenido EEUU y su país sufre cuestionamientos.

Por primera vez en la historia 16 de las 20 repúblicas latinoamericanas tienen presidentes que se reivindican de una u otra forma de izquierda. Rusia acaba de hacer su mayor desafío en la postguerra fría al haber invadido Georgia y reconocido la separación de dos regiones de ésta. China viene mostrando que se prepara para competir de igual a igual con EEUU.

Hoy EEUU está en recesión y a ocho semanas de sus elecciones. Washington urge derrotar a Al Qaeda si quiere recuperar su prestigio mundial. McCain quiere hacer ello haciendo una mayor ofensiva que la que hizo Bush en Iraq y planteando quedarse allí hasta un siglo. Obama representa el polo opuesto pues él siempre cuestionó atacar a Iraq porque él lo que quiere es salirse de allí para concentrarse en cazar a Osama.

Paradójicamente, por primera vez un líder del ‘Tercer Mundo’ puede convertirse en el gran elector de EEUU. Un nuevo atentado suyo, por ejemplo, inclinaría la balanza a favor de McCain, quien mostró como toda amenaza a la ‘seguridad nacional’, como la guerra ruso-georgiana, siempre le hace subir puntos.

Isaac Bigio

El nagual, místico y terrenal

 
0 Me late
¡Gracias!

Su origen prehispánico, confuso y casi desconocido, dice de una sustancia etérea y mágica dotada de grandes poderes y facultades de metamorfosis adquiriendo peso, color y resplandor nocturno cuando adopta la forma humana o animal.

Esta proyección mítica es Quetzalcóatl, mismo en su advocación de Xólotl, que transformado en pavo se llama Ueí-Xolotl (guajolote); convertido en perro es Xoloescuintle y una personalidad ambivalente aún más representativa es Atlxolotl (ajolote).
Por extensión representa también las deformidades: una caña de maíz con dos mazorcas, la mano con seis dedos: además, naturalmente, la pareja de gemelos porque también era llamado el gemelo divino al personificar al planeta Venus en su doble personalidad de astro matutino y vespertino.

La dual personalidad de Quetzalcóatl era totémica, cuando al nacer los niños aztecas eran ligados por el hechicero con algún animal que representaba su otro yo y que también llamaban su nagual. Su salud, su vida y su muerte estaban atadas firmemente a él. Los calpullis se formaban con familias que tenían un nahual común. Se dice que los conquistadores, al conocer el temor de los aztecas, al daño que pudiera sufrir el nagual que combatía a su lado y los protegía, procuraban matar animales que pudieran representar al dios, con lo que los guerreros se sentían perdidos.

Leyendas coloniales hablan del nagual como hermosa mujer que atraía a los españoles para matarlos tomando la forma de un jaguar. También se hablaba de un caballo herrado que al ser capturado convertíase en un feroz perro que atacaba al captor. Todavía en algunas rancherías veracruzanas se encuentran cruces blancas en los cuatro lados de la casa para alejar al nahual.

El tiempo ha distorsionado su imagen y quedó convertido en un simple hurtador de gallinas. La definición de Luis Cabrera en su Diccionario de aztequismos de 1880 dice así: «nahual: indio, brujo o hechicero que se suponía ser viejo, feo, desaliñado y de grandes ojos colorados que solía transformarse en perro lanudo y sucio».

También se le identifica con el viejo hechicero tlaca nahualli. Hay nostalgia en la figura del nagual, algunas gentes juran haberlo visto al atardecer por polvorientas veredas campiranas, llevando un guajolote colgado al hombro y cederle el paso y alejarse temeroso, santiguándose sólo al recordarlo.

Entre los brujos modernos, principlamente los del sureste, usan el nombre del nagual para los maestros conductores de hombres. Al terminar la conquista los viejos aborígenes, marginados, sin fuerzas ni medios de subsistencia vagaban por las miserables aldeas mendigando comida y robándola en algún caso, atrapando a pequeños animales domésticos, cuando se podía.

La gente sencilla de la época los creyó hechiceros y los hizo culpables de todos los males que ocurrían y terminaron amenazando con el nahual a los niños que se portaban mal. Las nuevas corrientes culturales han hecho que le nagual pase lentamente al olvido. Los modernos tratados de demonología, hechicería y brujería ya no lo mencionan. Sin embargo, alguien lo conoció personificado y metamorfoseado, habló con él y el mito, como resurgiendo del pasado. Ha resucitado.

Entre los indios (mayas) de Guatemala se mantuvo durante mucho tiempo la creencia (señalada por autores españoles de los siglos XVI y XVII) de que toda persona tenía un doble misterioso o nagual encarnado en algún animal selvático; los indígenas pensaban que cuando muriese el animal, moriría también el hombre. Dicha creencia dio paso al respeto de los indios norteamericanos a los espíritus protectores individuales, designado a veces con el nombre de nagua usuro.

Esos Naguales , son encerrados por el dios de los animales en grandes corrales en Talocan. Este Dios cuida y protege a sus criaturas. Ese Dios guarda a los animales , porque si alguno escapara y fuera herido o lastimado, el cuerpo de esa persona sufriría el mismo perjuicio. Lo que le pasa al nagual de alguien también le sucede al cuerpo.

En ese inframundo , también hay un animal que nace al mismo tiempo que nosotros. El mismo día y en el mismo instante. Todos tenemos uno. A esos animales se les llama naguales. Algunos son Tigre , perros , guajolotes , buitres , topos , tlacuaches , etc. Compartimos el mismo destino.
Se dice que aunque solo hay un nagual que es propio, se pueden utilizar otros para que te ayuden a viajar al inframundo. Así ellos cazan diferentes animales , y después de un ritual , ponen partes de sus restos en una caja que guardan bajo su altar. En sus cajas se pueden encontrar garras de tigre , alas de águila , etc.

Como al inframundo viajan en sueños , solo pueden ir a el en forma de nagual , y así los naguales son sus vista, su oído , etc. cuando requieren la ayuda de un nagual en especial , sacan sus restos y los colocan encima del altar antes de dormir , y así el nagual viene en su ayuda.

La partida del nagual*

 
1 Me late
¡Gracias!

«No es posible regresar a ninguna parte. Los puntos de partida no se quedan quietos y a la vuelta ya no están. Para poder volver se necesita, por empezar, un punto de partida eterno e inmutable. Pero todo se mueve y no hay forma de detener el Universo. Créanme si les digo que nadie ha efectuado nunca jámas un verdadero regreso. El hombre que lo consiga cumplirá la hazaña más grande de la historia.»
Alejandro Dolina, Crónicas del Angel Gris, Refutación del regreso.

Augurios y señales son cosa cotidiana en la vida del brujo; me corrijo, son cosa común para toda la gente, pero el brujo está atento a cuando suceden. Es que se trata de un diálogo con lo infinito manifiesto: el guerrero, que siempre está tan solo, tiene siempre esa compañía abstracta del mundo y es como sentirse amparado. Cualquier acción consensuada con el entorno es la correcta, porque se inserta en el flujo de las cosas sin transgredir, sin forzar, sin inapropiarse y sin apropiarse. El ser-en-el-mundo es congruente con el latido de lo que Allí-Existe, el hacer del guerrero es sencillamente ser-en y ser-con pero serlo oportunamente y sin ambages. El infinito es un consejero sutil, estar abierto a sus mensajes es imprescindible para que la brújula del navegante no resigne su Norte a la primera tempestad.
Augurio es un aviso de lo que puede acontecer, señal es un parecer en el presente. Los hay a raudales en mi vida, quisiera presentar alguno que fuera notable en el sentido de constituirse en irrefutable. Cuando el nagual Zacarías se fue, por ejemplo. La última vez que lo vi no supe que era la última, y sin embargo, todo tipo de señales me lo decían a gritos. Un cielo gris, un apenas sol plateado, una lluvia reciente y baldosas flojas salpicando agua, una caminata fuera del tiempo y fuera del pasar, una dignidad estremecedora en el porte del viejo, una saturación de miseria en los alrededores, una ausencia súbita de niños.
Un silencio dilatado, sólo andar por la ciudad, pero ver las cosas como él las veía, casi acariciándolas: despidiéndose. Vagabundo, forastero y desterrado. Titubeando en las esquinas, cada cruce de calles era una elección final: doblar por una avenida equivalía a negarse la visión final de otras calles, con sus casas y sus negocios y sus árboles, y ese gato que ilumina una ventana y aquél niño en bicicleta que diverge, que ya no nos dejará ver su cara. ¿No nos habrá pasado ya algo así? ¿No habremos visto ayer por última vez un rostro, no nos habremos detenido por última vez en aquél bebedero de tal plaza, no habremos oído la semana pasada por última vez esa sonata de Scarlatti?

Si vivir es un desbarrancarse hacia eso donde queda el olvido y queda el despojarse de todo, cada instante es posible que hagamos por última vez cualquier cosa. ¿Y hubiéramos querido hacerla de ese modo, del modo en que la vivimos? ¿Se podrá elegir? Si ayer te dije algo hiriente y hoy lo lamento profundamente, ¿podría no haberlo hecho? ¿Qué tal si ser guerrero es sólo asumir con temple feroz lo que nos es dado sin que pueda caber la más mínima esperanza de optar o reparar? ¿Y si ser guerrero no es dejar la idiotez de lado, si no tolerarla con dignidad?
Para el nagual ya todo era resignación: estaba en vísperas de sentir la nada que somos sin ninguna protección o artificio. Su humildad iba en sus pies y en sus ojos, en sus manos caídas la angustia vencida, en su sombrero ladeado el penúltimo atisbo de la elegancia indigente. En un momento dijo, con disimulada desesperación: «¡tanto que queda inconcluso, tanto que será póstumo sin que lo sospechemos siquiera!».
Lo dijo mirando una estatua de San Martín, y mi irreparable distracción no pudo en esos instantes darle a sus palabras el peso premonitorio que tenían.
Cuando volvía a mi casa, cansado de caminar y un tanto desmotivado por lo parco que había estado el nagual, un auto apremiado atropellaba a un anciano en su bicicleta, lo condenaba a despojos sobre la vereda, le quitaba un zapato. Era la señal. En algún lugar que ya no sé imaginar, en esa su mecedora que había tupido de flores Lupe y había pintado muchas veces Juan, un viejo querido dejaba su equipaje osario final, se subía a una exhalación: la última, volvía a su montaña a ser montaña. Zacarías Ulloa, matón, erudito y brujo, amante sin reparos, a un mes de que litigios legales le arrebataran la comunidad y la alegría de los niños, con su amada perdida en oscuras sombras irreparables, sus hijos enfrentados y dados a insensateces sin fin, aquel hombre, amado y odiado, con casi cien años de batallas y desencuentros, testigo y hacedor de milagros y maravillas, viejo pero niño, pero triste, de sonrisa ancha y barba blanca y pelo de luna, mi maestro y mi luz, se cruzó de orilla, garabateó los horizontes de la tarde con sus alas de cóndor extendidas y se dejó atrapar por el infinito para no volver jamás.
Estar pendiente de las posibles señales se hizo tan crucial desde entonces para mi. Mi viejo, de bufanda roída por los tantos inviernos y de gabán mordido por las polillas de la sabiduría y de la penuria, de zapatos lustrados por la caridad, de camisa única mal planchada por las manos apuradas de su última bruja fiel, parado a duras penas en la esquina donde nos despedimos, parado en el mundo como un rey derrocado que no necesita de apariencias para inquietar con su elegancia, me dijo lo que oí tantas veces: «nos vemos, Galito». Pero si yo no hubiera sido tan yo, tan egoyoísta, si no hubiera estado tan alarmado por la hora o por el hambre o por la secreta cita con una bruja desnuda, hubiera sabido que su mirada entrecomillaba o ponía en mayúsculas el verbo cotidiano; no era que íbamos a vernos otro día, dijo «nos Vemos», como enseñándome que había un lugar en el mundo, sin tiempo, donde él y yo siempre continuaríamos conversando del universo, de las mujeres y de los libros, donde nos veríamos desmontada la estantería de la falsa percepción, como dos seres gemelos, atrozmente solos en un país de sueños donde todas las pinceladas las dio un día la tristeza y el amor. Hubiera visto esos dos pájaros que venían juntos y separaron sus destinos sobre nuestras cabezas, hubiera oído la congoja del momento al entender porqué el otoño hace eso con los árboles, los deshoja y expone vulnerables a la violencia del invierno venidero. Ese inclinar de su sombrero y su darse vuelta, su alejarse despacito, todo eso fue su adiós, no dejó otra herencia que el fuego inextinto donde arde nuestro anhelo de libertad, no fue magnífico ni se dio a piruetas de percepción. Convocó el silencio y la humildad, reveló que ante todo, más allá de las falsas coronas con que nos adornamos para impresionar, somos un puñado de huesos y una carne que se va gastando, somos un alma surcada de arrugas y cicatrices que quiere desalmarse y desvestirse, confiarse niña a una brisa última y desmayarse en el sueño donde nos esperan los que hace rato se están soñando muertos.
Diego Galo


(En honor a mi padre, que es un poco como el viejo nagual que describe Galo y que este día cumple 79 años de edad.)

Inteligencia en llamas o Cortázar contra los Vampiros Multinacionales

 
0 Me late
¡Gracias!

Luego de haber pernoctado con una morena que me adelantaba en años y placer, descubrí junto a su ropa tirada sobre el escritorio de su apartamento, un libro un tanto extraño con viñetas que me eran familiares, se veía a Fantomas hablando por teléfono con… ¡Julio Cortázar!
El narrador, era increpado por La amenaza Elegante a cerca de una serie de misteriosas desapariciones de libros, así como de incendios en bibliotecas alrededor de todo el mundo, sin contar con amenazas a editores y escritores de no publicar una sola línea más, el propio Julio sería degollado si no obedecía, mientras Susan Sontag ya había sufrido un atentado que la mantenía en el hospital.
La historieta había sido escrita por el mismo Cortázar hace 31 años y editada por EXCELSIOR en 1975. Un año después de que el argentino comenzara su participación en el Tribunal Russell y es justamente producto de esa participación del traductor de la UNESCO, que se decide a escribir Fantomas contra los Vampiros Multinacionales, como una forma de acercar al pueblo latinoamericano las resoluciones del Tribunal, y al mismo tiempo mezclar la belleza estética de la literatura, con la lucha política, utilizando para ello un conducto directo, el cómic.
Hojeé el libro de un extremo al otro y descubrí que todo se había iniciado en Bruselas, cuando el narrador al intentar comprar un periódico solo había encontrado, publicaciones mexicanas, y dada la inminente salida del tren no le quedó más remedio que comprar entre otros ejemplares Inteligencia en llamas, una aventura donde el multifacético Fantomas enfrenta a una banda de terroristas dementes, quienes planeaban acabar con todos los libros del mundo.
La amenaza elegante como también se le conoce al amo del disfraz, es una historieta de origen francés creada por Pierre Souvestre y Marcel Allain, la cual cuenta con gran arraigo en México, gracias a la adaptación de Alfredo Cardona Peña y las ilustraciones de Rubén Lara Romero entre otros, quienes cambiaron la idea del amo del terror y señor del mal francés, por un anti-héroe estilo Batman o El Avispón Verde. Seguramente el título de este ejemplar viene parafrasear el de la película del cineasta Louis Feuillade, creador de la mitica imagen de la vampiresa, quien realizó una cinta silente titulada Fantomas contra los Vampiros.
Hombre acaudalado y seductor quien siempre es acompañado por sus bellas asistentes, a las cuales conocemos por sus sobrenombres, cada una correspondiente a los signos del zodiaco, Fantomas decide emprenderla contra estos fanáticos y para ello se apoya en Julio Cotázar, quien a su vez es vilipendiado por Susan Sontag.
De esta manera Cortázar mezcla a un héroe francés, país que lo acogió como segunda patria; en una historieta mexicana, nación que admiraba y a la cual le dedico varios de sus mejores cuentos, entre ellos axolot y la noche boca arriba; en una aventura desarrollada en su natal Bruselas.
Así, el Cronopio mayor, informaba sobre las actividades de la CIA para boicotear a América Latina, de la forma como patrocino el golpe de estado en Chile y a la contra nicaragüense, ponía en labios de Sontag, una frase cruda, contundente: “La pérdida de un solo libro nos agita más que el hambre en Etiopia” y en voz de Paz ,un, “no cabe duda, somos unos intelectuales”.
Traté pues de expropiar tan digno ejemplar, que junto con El libro de Manuel y Nicaragua tan violentamente dulce, componen las muestras más concretas del pensamiento político de Julio Cortázar, quien el 12 de febrero de este 2006, cumplió 22 años de fallecido.
Dado que sólo existen dos ediciones –la original de Excélsior, misma que encontré en la casa de la morena de fuego y otra realizada en España por editorial Anaya, de los cuales a México llegaron tan sólo unos cuantos ejemplares–, la empresa valía la pena, sin embargo fui detenido abruptamente por la mujer de piel obscura y cabello afro quien sin duda me hizo pensar en Libra, la más cercana ayudante de Fantómas…

David Santa Cruz

Espectáculo underground

 
0 Me late
¡Gracias!

–Señores pasajeros nosotros somos dos niños de la calle que no tenemos quién nos cuide, ni donde dormir, ni que comer. Por eso venimos pidiéndoles una ayuda, aquí mi compañero se va acostar sobre vidrios rotos, si alguien gusta cooperar gracias; nosotros preferimos pedirles y hacer esto que estar robándoles sus carteras o sus bolsas.

Mientras el joven merolico recita la letanía aprendida en las calles, el faquir sub-urbano, extiende una camiseta mugrosa cargada de botellas rotas. Cristales transparentes, verdes y de color ámbar forman un colage que agita con sus manos para llamar la atención con el tintineo de los cristales.

–Órale wuey vas.

Delgado, con los cabellos cortos y apelmazados de martes a sábado (el lunes todavía se le ve limpio tras el baño dominguero, propinado en alguna fuente de la ciudad), con la ropa semi limpia y la mona (estopa con thiner) en la mano, con los ojos inyectados y la voz ronca el merolico termina la presentación.

Su compañero delgado como aquel, procede a quitarse la playera para mostrar a los que lo ven de frente, la poca carne ribeteando las costillas, el abdomen ligeramente marcado que ensalsa un botado ombligo y los enjutos pezones. Para aquellos que lo ven de espaldas el espectáculo muestra unas cuantas cicatrices poco profundas pero en algunos casos llagadas y un sin fin de rasguños, que recorren los escuálidos omóplatos y colocan entre paréntesis a una que otra vértebra.

Se pasan la mona, quizá para mitigar el dolor o quizá por puro vicio, una inhalada profunda y el faquir va a dar al piso sobre los vidrios colocados justo enfrente de una de las puertas del vagón, el otrora merolico ahora convertido en asistente trepa encima de las (en apariencia endebles) costillas de su compañero, se para en un pie, se para en el otro, ahora en los dos y da pequeños saltos mientras se sostiene de la ventila superior del metro.

Algunos de los curiosos que un principio voltearan ante el “choro” y el sonar de los cristales, clavan con morbo la mirada en el acto circense, los más recatados no han volteado, las mujeres retiran las vista con horror y desagrado, pero casi todos levantan la vista al techo con un tono beático, cómo para pedir que termine el suplicio: y el suplicio, termina, el faquir se sacude los pequeños vidrios pegados a su cuerpo, se vuelve a colocar la playera, recoge su envoltoroi y proceden a realizar la colecta:
«con lo que guste cooperar, u’chas gracias».

De la estación del metro Morelos de la Ciudad de México, a la estación Tepito, sólo son algunos minutos, por lo que tienen que apurarse, al abrirse las puertas el tintineo de los cristales envueltos en la camiseta, opaca al de las pocas monedas obtenidas, en el siguiente vagón comienza nuevamente la letanía:

–Señores pasajeros nosotros somos dos niños de la calle…

Intermedio
–¡Lleve sus cacahuates de a peso, de a peso los cacahuates!; ¡chocolates de calidad, chocolate de la Nesclé: tres pesos uno dos por cinco!; pistaches, lleve sus pistaches a cinco la bolsita de pistaches; chicles, chicles, de mora azul, de capuchino…

El comercio ambulante nunca ha sido mejor representado, no sólo se mueve a pie sino también y simultaneamente en metro, de vagón en vagón; le ofrece una variedad de productos para calmar el hambre, botanas, paletas, mazapanes, los clásicos chicles, chocolates y un número variado de mercancía que actualmente incluye incluso DVD piratas, todo hasta la comodidad de su asiento o de los 50 centímetros cuadrados que le corresponden al estar parado, siempre y cuando no haya mucha gente.

Los vendedores suben con pequeñas maletas o con algún demostrador de acrílico, cartón o madera, para ofrecer sus productos, casi siempre más barato que en cualquier tienda o changarro establecido.

Organizados, dependientes de mafias o en solitario, los vendedores cubren las 10 líneas del sistema de transporte colectivo siempre con el objeto de servirlo a usted, pero ante todo de tener un bocado que llevarse a la boca como todos los que en el metro tienen una forma de vida, “en ocasiones no se le saca mucho a algunos productos pero otros nos andan dejando de cien a doscientos diarios” se escucha que le dice un vagonero a algún vecino o viejo amigo.

Los niños como siempre cubren su cuota, algunos no saben hablar todavía pero ya saben pedir, extender la mano, lustrar el calzado con una franela llena de polvo a cambio de unas monedas, no ríen, no juegan pero saben llorar, saben conmover a la gente para vender más y hay también quien sabe utilizarlos para incrementar sus ganancias; niños que se enferman por largos periodos o que viven eternamente en los brazos de morfeo para que sus “padres” puedan pedir por ellos:

–Pa’ las medicinas, pa’un taco, pa’mijo que está enfermo…

Sordos y mudos que no siempre lo son y que se les ve animadamente platicando en los camiones mientras arman paquetitos de dulces que llevan la leyenda, “disculpe las molestias pero soy sordomudo: 2 pesos”, claro que hay quienes en verdad son discapacitados.

Segundo acto

«Ya esta cerrada con tres candados y rematada…; Let it be o let it be…; abre el balcón y el corazón…; se quedó dormida y no apagó la vela…; ella existió sólo en un sueño…; …ojalá pasé algo que te borre de pronto…», la lista se alarga con canciones populares de todos géneros, rock, boleros, son cubano, trova, norteñas; música instrumental, que retumba con sus tambores y sus tumbas o que se desliza con sus flautas y sus quenas, no falta el acordeón o el hombre aquel que auxiliado por una verde hoja interpreta aquella de “vende caro tu amor…”.

Incluso hasta existe “la canción del metro”, una que casi todos los chavos que cantan y tocan la interpretan, se dice que nació entre los andenes. De vagón en vagón. Empieza con un rítmico chiflidito que casí todo joven preparatoriano conoce, para después de unos acordes rezar algo que dice: «ella convirtió la noche en un poema de amor, ella prometió mil días de alegría solo a él…», los derechos de la “rola” cuyo nombre real es “historia de un minuto” los tiene “el Changoleón”, quién asegura ser el anónimo compositor, pero no todos creen que el tipo de cerca de 1.80 de estatura y peinado a lo afro, que lo mismo canta en el metro que en algún bar, junto con su grupoen turno sea el verdadero autor, pero a nadie le importa.

Luego de dos o tres canciones los trovadores casi siempre recitan el mismo discurso:
– Como podrá ver no somos grandes artistas…

Y algunos en verdad no lo son, pero de todo hay en la viña del señor y sobre todo en esté espectáculo undergroud, incluso los cínicos que ahora llegán con un discurso propio de cualquier campaña política:

–Mi pareja y yo acabamos de salir del reclusorio acusados de asesinato y no tenemos dinero. Venimos armados, pero no queremos asaltarlos, preferimos pedirles, unas monedas…

David Santa Cruz