Un paso a la vez / 17 feb

 
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Monopsonio: el monopolio al revés

Hoy el mundo entero debate si el capitalismo debe mantenerse como el modelo económico dominante; la discusión incluye la diferencia entre el crecimiento y el desarrollo (un discurso muy sonado en México); sobre la veracidad de la teoría del goteo y sobre el incremento de la desigualdad económica y los altos índices de pobreza.
Hay mil enfoques desde los cuales se puede abordar el tema del modelo económico del capitalismo, pero hoy quisiera hablar de uno en particular: el monopsonio.
Esta palabra fifí intenta dar una explicación al por qué, cuando hay bonanza económica, los salarios no crecen.
Según los letrados de la economía, el monopsonio consiste en el monopolio pero al revés. Dicho de otra forma, el monopolio implica que sólo una persona o empresa ofrece un producto, como era Pemex con la gasolina o la CFE con la electricidad hasta antes de la Reforma Energética. Mientras tanto, el monopsonio implica que sólo una empresa demanda algo.
Supongamos que estamos en puebloquieto, donde sólo existen piedras, polvo y vacas medio muertas. A esa localidad llega la empresa X, una trasnacional que se caracteriza por su poder económico y su alto impacto económico a los sitios a los que llega.
De entrada, la gente de puebloquieto está contenta porque va a haber bonanza económica, pero eso no significa que los trabajos sean de los mejores del mundo.
Esto se debe a que con su llegada a puebloquieto, la empresa X trasnacional se convierte en la única que ofrece un empleo en la zona y entonces las personas que viven ahí tienen que aceptar cualquier condición que imponga la nueva compañía, porque si no se quedan sin trabajo.
Las grandes trasnacionales son las que ofrecen más empleos. Un ejemplo de ello son las 51 empresas que integran el Consejo Ejecutivo de Empresas Globales (CEEG) y que en conjunto representan 10 por ciento del PIB.
Pero los empresarios quieren (o al menos intentan) cambiar la percepción que hay sobre el capitalismo y prometen integrar dimensión social a las empresas.
Claudia Jañez, quien es presidenta del CEEG, lo reconoció la semana pasada: “No hemos estado a la altura de la expectativa de la sociedad», dijo en una reunión convocada por el Consejo Coordinador Empresarial para anunciar un decálogo de dimensión social de las empresas.
El decálogo pone en papel lo que ya es una obligación para las empresas como pagar impuestos a tiempo; tener credibilidad con la sociedad; crear empresas más competitivas.
No, pues… gracias.
¿Le alcanzará el decálogo a las empresas para cambiar la percepción del capitalismo en México? Eso lo veremos un paso a la vez.

Mario Alavez / Analista económico

Un paso a la vez / 10 febrero

 
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Si no es de nacimiento, es por mayoría de votos

Y seguimos con el mismo tema del año pasado: el crecimiento económico, los datos y los “otros datos”.
El año pasado, según cifras preliminares, la economía se contrajo 0.1 por ciento, esto quiere decir que el país generó menos dinero que el año anterior. Pero aparentemente hay dos realidades muy marcadas: la del sector privado y la del gobierno federal.
Pero a los grupos de análisis hay que sumarle a las calificadoras internacionales, y de vez en cuando, al Banco de México.
Déjame detallar: A una parte del gobierno federal el crecimiento económico “no le importa”, porque hay desarrollo. El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, insistió el 30 de enero que “tiene otros datos”. Al día siguiente creó el Gabinete para Estimular el Crecimiento Económico, integrado por Hacienda, Economía, Comunicaciones y Transportes, Pemex, CFE, y liderado por Alfonso Romo, el jefe de la Oficina de la Presidencia.
Como su nombre lo indica, este equipo de trabajo tiene la finalidad de estimular el crecimiento económico. Rememoremos un poco: AMLO dijo ya como presidente que el PIB iba a expandirse a un ritmo de cuatro por ciento anual. Conste que estamos tomando como punto de partida lo que dijo ya como presidente en funciones y no lo que prometió en campaña, pero nomás para recordarlo, en ese entonces dijo seis por ciento.
El gabinete de un gobierno se divide en dos: el económico y el de seguridad.
Y entonces surge la duda. ¿Qué hace el gabinete económico? O ¿qué hizo el gabinete económico en los primeros 12 meses del año? Si ya tienes un gabinete económico ¿por qué crear un Gabinete para Estimular el Crecimiento Económico? Sobre todo si incluye a las mismas instancias que el gabinete económico ampliado.
Además, el subsecretario de Hacienda, Gabriel Yorio, dijo el viernes 31 de enero, que la dependencia mantiene su expectativa de crecimiento en dos por ciento para este año, porque “tiene acceso a información más completa” que todas las otras empresas, analistas, expertos, calificadoras, el mundo entero, para hacer sus cálculos. En resumen, la SHCP también tiene otros datos.
Del otro lado, los analistas consultados por el Banco de México señalan que la expectativa de crecimiento para este año es de uno por ciento; los expertos de la encuesta de Citibanamex también esperan uno por ciento; ¿y la calificadora Moody’s? Efectivamente, uno por ciento.
Estos resultados incluyen la opinión de 60 empresas diferentes.
Los analistas y la calificadora coinciden en que es muy probable que la expectativa de crecimiento baje en lo que resta del año, principalmente por factores internos.
En la última encuesta del Banxico, 83 por ciento de los analistas ven que la mayor parte de los riesgos económicos provienen de la gobernanza y del entorno económico interno, entre lo que destacaron la inseguridad, la incertidumbre política interna y la incertidumbre sobre el entorno económico interno.
Para Moody’s, los inversionistas “tuvieron una reacción adversa” a los mensajes mixtos del gobierno federal para el entorno económico, especialmente en el sector energético.
¿Quién tendrá la razón, la mayoría de analistas económicos o los que tienen otros datos? Eso lo veremos un paso a la vez.
Mario Alavez / Analista económico

Un paso a la vez / 3 feb

 
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¿Otros cuatro años de Trumpadas?

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, atraviesa por un proceso de impeachment, léase un juicio político para ver si se mantiene o si es condenado por el Senado de Estados Unidos y depuesto de la Casa Blanca.
Pero para tenerlo claro, la Cámara de Representantes (diputados) presentó la acusación, la Cámara de Senadores funge como juzgado, y serán quienes dicten sentencia.

La mayoría en el Senado es republicana, igual que Trump, o sea, por más pruebas que haya, no lo van a encontrar culpable y menos en año electoral.
Y pensarás: “faltan nueve meses para el súper martes, el día de las elecciones en Estados Unidos, cómo es posible que ya haya pronósticos sobre las elecciones en EU”. O “eso puede cambiar en cuestión de días”.

Pero como dice el dermatólogo, vamos al grano. En México, algunos directivos privados ya dan por descontado otro periodo de cuatro años para el neoyorkino. “Trump tiene 80 por ciento de posibilidades de ganar”, me dijo un director general de una empresa listada en el IPC.

Y entonces uno se pregunta: ¿por qué?
Podemos pensar que Trump es un racista, xenófobo, misántropo, a quien sólo le interesa velar por los intereses de la élite empresarial estadounidense, que lo incluye, y que no tiene la menor preocupación por los sectores que juró defender a cambio de los votos.

Y sí.
Y volvemos a la pregunta anterior. Entonces, ¿por qué, según este directivo, tiene 80 por ciento de probabilidades de ganar?
La respuesta: el mercado bursátil y los recortes fiscales.
El empresario que piensa que Trump tiene 80 por ciento a su favor lo explica de forma tajante.

En Estados Unidos la mitad de las personas están metidas en la Bolsa. Ellos manejan sus 401k (el equivalente a la Afore). Entonces, los recortes fiscales que aplicó Trump también les benefició a ellos y estarán muy preocupados por otras cosas, pero si les llegas a los bolsillos, a la mera hora votan por quien les dio.

No les importa el medio ambiente, no les importa la tolerancia ni la conciencia social.
Si a eso le sumamos que no hay un candidato demócrata que tenga la fuerza suficiente para hacerle sombra, parece que el camino está allanado.

LA BUENA:
Con Trump, los mercados bursátiles se ponen alegres, sólo hay que ver la cantidad de máximos históricos de Wall Street en la era de Donald.

LA MALA:
Así como se ponen felices, se espantan.
¿Llegarán otros cuatro años de Trumpadas? Eso lo veremos un paso a la vez.

Arturo Alavez / Analista económico

Un paso a la vez / 26 ene

 
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¿Estamos mejor?

Hace poco leí por ahí que mientras los inversionistas nacionales satanizan a López Obrador, los internacionales dicen que México es el país más estable para recibir capital.

El argumento en sí parece bastante positivo para la cuatroté y yo no soy nadie para dudar de los inversionistas internacionales, pero un estudio de PwC, presentado el martes pasado,  arroja que México ya no está entre el top ten de los países más sexys para atraer lana.

Entonces, ¿por qué hay inversionistas internacionales que dicen que somos atractivos? Bueno, las palabras clave son “en la región”.

Eso se refiere a América Latina, una zona del mundo en la que el año pasado fue convulso y no se ve una mejora en el corto plazo.

Si vemos a las economías de la región, por ejemplo Brasil, Argentina, Chile, Colombia, Venezuela y Bolivia, a todos esos países les podemos encontrar peros más graves que los que tiene México, y eso es mucho decir.

Desgranemos la mazorca: El año pasado, Brasil estrenó presidente en la figura de Jair Bolsonaro, un líder de extrema derecha, que demerita el cambio climático. La selva del Amazonas sufrió un fuerte incendio el año pasado, mismo que fue menospreciado por el gobierno brasileño, pese a la presión internacional para atenderlo como una emergencia global. Si a eso se suman todas las reformas que ha aprobado el mandatario en menos de un año para favorecer la explotación de suelos que antes eran considerados como reservas naturales, podemos dimensionar el tamaño del problema en la economía más grande de la zona.

Argentina: El kirchnerismo, la izquierda argentina, vaya, regresó al poder en la figura de Alberto Fernández, debido a la “nueva” crisis de deuda que enfrentó el gobierno anterior, el de Mauricio Macri.

Pero esa deuda tiene un origen anterior, el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner y el pleito con Repsol y Chevron por el yacimiento petrolero de Vaca Muerta, que al final pasó a manos de Yacimientos Petrolíferos Argentinos (YPF), el Pemex pampero.

Por expropiar ese campo, Argentina pagó seis mil millones de dólares a Repsol y 10 mil millones a Chevron.

Por si fuera poco, el país sudamericano está en recesión económica desde mediados de 2018.

Y se repite el tango de 2001, cuando dejaron de pagar su deuda.

En Chile, las protestas sociales que empezaron por un alza de cuatro por ciento al metro de Santiago en octubre del año pasado, se extendieron hasta el fin de 2019, en un movimiento que dejó en jaque a la economía.

El modelo económico chileno es considerado un ejemplo en América Latina por la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) o “el club de los países ricos”, para los cuates.

La historia de Venezuela es por todos conocida, pero aquí un resumen, hay una dictadura iniciada por Hugo Chávez y hoy seguida por Nicolás Maduro, y hay quienes quieren derrocarla desde hace muchos años.

En Bolivia, el expresidente Evo Morales, quien por cierto se refugió en México, gracias a la cuatroté, fue expulsado de Bolivia, después de un presunto “fraude electoral”, y una “caída del sistema”. Léase, inestabilidad política.

La historia local ya la sabemos. ¿Somos lo mejor, o acaso es que somos lo menos peor? Eso lo veremos un paso a la vez.

Arturo Alavez / Analista económico

Un paso a la vez / 20 de enero

 
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Poder político contra poder económico: Round 2

Después de la firma del Acuerdo Nacional de Inversión en Infraestructura del Sector Privado el 26 de noviembre del año pasado, parecía que la relación entre los empresarios y el gobierno empezaba a tomar forma, a hacerse tersa.

En el papel, ya se estaban poniendo de acuerdo para soltar lana y hacer que la economía caminara, ya habían pasado los malos sabores de boca por las ocurrencias en dos de los tres Poderes, especialmente del ala más radical.
Hay muchos factores que tienen inquieto al sector privado, lo dijo el miércoles pasado Claudia Jañez, presidenta del Consejo Ejecutivo de Empresas Globales (CEEG), un organismo que engloba a empresas como Coca-Cola, Airbus, BP, DHL, en fin. Estas empresas representan la friolera de 10 por ciento del PIB.

Jañez dijo en una reunión con el Consejo Coordinador Empresarial que hay un “ambiente hostil” para la inversión, a partir de los mensajes del Presidente.
«Nuestras casas matrices deben planear sus inversiones para los próximos cinco años y debemos posicionar con claridad al país; atraer esos capitales que se van a otras naciones (…) Pero vemos con profunda preocupación cómo se ha incrementado la percepción de incertidumbre y de hostilidad a la inversión privada”, dijo.

Lo grave es que si AMLO no logra convencer del “amor y paz” que profesa a esta rama de la iniciativa privada, se le puede aguar la fiesta y mantener un ritmo de crecimiento parecido al que hubo el año pasado: nulo.

Entre 2015 y el año pasado, las 51 empresas que conforman al CEEG invirtieron 11 mil 172 millones de dólares, pero este año definirán lo que invertirán de aquí a 2024, o sea, lo que resta del sexenio.

Las declaraciones hostiles no son nuevas, pues desde antes de ser Presidente, adelantó que iba a cancelar el aeropuerto de Texcoco, hubo propuestas para eliminar las comisiones bancarias, anular la “mal llamada reforma energética” y cuando parece que el discurso va a cambiar, vuelve a las andadas.

Las Rondas Petroleras están canceladas hasta nuevo aviso. No va a haber nuevas licitaciones. Pemex ya puede vender el combustible al precio que quiera a los gasolineros, favoreciendo al monopolio, todo gracias a la CRE, un organismo autónomo en el que se sustituyó a casi toda la Junta Directiva en menos de un año, es decir, no hay competencia.

En materia de electricidad, la CRE amenaza las inversiones en fuentes alternativas. En el tintero hay una propuesta para que la CFE cobre más a las empresas generadoras por transportar la energía, otra vez, en favor del monopolio.

Habrá que ver si el organismo dirigido por Leopoldo Mechi aprueba la iniciativa, aunque hay una tendencia marcada.

La seguridad, la falta de institucionalidad y seriedad en las inversiones y la incertidumbre política le ponen los pelos de punta a los empresarios internacionales con intereses en México y mientras se definen las fuercitas entre el Poder Político y el Poder Económico, ni crecimiento ni desarrollo. En medio, como siempre, nosotros.

¿Cuánto invertirán las compañías internacionales en México en los próximos cinco años? Eso lo veremos un paso a la vez.

Mario Alavez / Analista económico

Un paso a la vez

 
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* La cuesta de enero ahora se llama “chipotito” inflacionario

MARIO ALAVEZ

Efectivamente, no hubo gasolinazo (término inexacto) ni desabasto del combustible. El salario mínimo, y subrayo, sólo el mínimo, subió 20 por ciento, un alza sin precedentes, pero que no benefició a la clase media.

El Presidente mismo lo dijo unos días antes de acabar el año. “Son buenas noticias para que estemos tranquilos el fin de año y disfrutemos los días que vamos a tener de descanso y de convivencia con la familia. No habrá sorpresas desagradables para el año próximo en lo económico”, afirmó el 26 de diciembre en su sermón matutino.

Dijo que no iba a haber alza de impuestos; que no iba a subir ni la gasolina ni el gas ni la luz; que la cuesta de enero iba a ser cosa del pasado. En fin.

Ya no se llama cuesta de enero, ahora el nombre es “chipotito inflacionario”, según Alejandro Díaz de León, gobernador del Banco de México, quien prevé que el impacto en los precios al consumidor se extenderá al menos durante todo el primer trimestre del año.

El gobernador del banco central dijo en una reunión en el ITAM que el incremento en los precios es consecuencia del “ajuste” a las cuotas del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) y del incremento al salario mínimo.

Pero el mismo López Obrador dice que la gente no entiende con tecnicismos. Eso deberían explicárselo a Arturo Herrera, titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, dependencia que “ajustó” la cuota del IEPS para la gasolina, los cigarros, las cervezas, los refrescos y la comida chatarra.

La palabra clave: “ajustó”. ¿Qué significa esto? Como diría Jack el Destripador: vamos por partes.

Primero, el IEPS es un impuesto que se llama pigouviano, término fifí que quiere decir que el objetivo es hacer que no compres más esos productos porque son nocivos para la salud. No pienses mal, no es para recaudar más. (¡Ajá!).

Otra cosa, estos impuestos no están etiquetados para destinarse a las áreas de salud, que sería lo más lógico si el objetivo es mejorar, precisamente, el sistema de salud pública, como el IMSS, el ISSSTE, o el flamante INSABI, a través de los impuestos.

Tercero, de acuerdo con el secretario de Hacienda, el ajuste se hace para evitar que la inflación le quite el efecto “desmotivador” al impuesto, o sea, TE SUBEN el impuesto para que te siga doliendo pagarlo, porque las empresas lo trasladan al consumidor.

Si la memoria no me falla (pero quién sabe) alguien por ahí dijo que no iban a subir los impuestos ni a crear nuevos durante los primeros tres años de gobierno. Ese mismo alguien dijo que el PIB iba a crecer cuatro por ciento anual en promedio.

Sin tecnicismos, hasta el año pasado, y como botón de muestra, la tarifa del IEPS al refresco era de 1.17 pesos por litro. Desde el 1 de enero pasado aumentó a 1.26 pesos.

Para el 9 de enero, el Presidente pidió a los empresarios “moderar” los incrementos en los precios, especialmente en los productos alimenticios.

Efectivamente, no hubo gasolinazos, pero “el ajuste” a la cuota del IEPS sí pegó en lo que cuestan las cosas. ¿Le pegará a las bolsas de los mexicanos? Eso lo veremos un paso a la vez.

Sobrevivir con 50 pesos diarios en la Ciudad de México

 
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De su monedero desgastado por el uso, doña Gloria saca unas monedas para pagar un kilo de papas, luego hace cuentas y se truena los dedos. Estirar la quincena y olvidarse de «cualquier lujo» es para ella el pan de cada día.
Desde temprano, la mujer de 84 años salió a hacer las compras del día. En su carrito se asoma una bolsa con papas y huevo, una parte de los ingredientes para las quesadillas y tacos que vende todos los días en su puesto de la colonia La Esperanza, en la alcaldía Cuauhtémoc.
Viuda desde hace tres años y con 10 hijos ya todos casados, doña Glorial lucha día a día para no depender de nadie se torna en la mayoría de las veces muy dura, sobre todo por la edad.
“Los años pesan mucho y en muchas ocasiones mis pies parecen negarse a seguir el camino. Salir al mercado a comprar lo que necesito para cocinar todos los guisados y vender mis quesadillas y tacos es muy cansado.
«Yo vengo a la Merced a surtirme de todo lo que necesito para mi puesto, aquí las cosas están más baratas y sólo de esta forma puedo ganar algo en mi puesto», explica la mujer de cabello cano y corto y piel quemada por el sol.
De pronto, con su mano limpia rápidamente el sudor de su frente, y refiere: «Desde hace años no me compro un vestido o una blusa, el dinero no alcanza para nada y eso que ya no tengo hijos a quien mantener. Ya estoy sola, mi esposo murió hace tres años y desde entonces trabajo para mantenerme y no depender de nadie.
“A mi jamás me ha pasado por la cabeza pedir limosna, sentarme o parame en una esquina, o en la entrada de alguna de las estaciones del Metro y extender la mano para que me regalen unas monedas, que yo puedo ganarme sola, con mi trabajo”, explica doña Gloria.
Y entonces suelta una carcajada «¿salario mínimo?, ¿qué es eso?, yo con la venta de mis quesadillas gano para comer, más o menos 50 pesos diarios».
Y agrega: «En mi casa vivo con mis dos hijas, ellas trabajan para mantenerse y me ayudan a pagar el gas, la luz y el predio; la casa es propia, nos la vendieron en 30 mil pesos, en pagos, porque nosotros fuimos damnificados del terremoto de septiembre de 1985, gracias a Dios por eso no tengo que preocuparme en pagar renta».
En la calle, cercana al mercado de La Merced, en la alcaldía de Cuauhtémoc, entre el ir y venir de decenas de personas, recuerda con tristeza cuando aún estaba su esposo.
«Cuando él estaba por lo menos me sentía acompañada, tuve 10 hijos, todos ya casados, ocho de ellos sólo me hablan de vez en cuando y dos viven conmigo, pero siempre ocupadas en sus cosas», añadió.
En punto de las 7:00 de la noche, todos los días, Gloria pone su puesto de quesadillas afuera de su casa y se persigna para sacar lo de su comida del día siguiente. Es su diaria lucha por la supervivencia.

Trabajar para comer y pagar servicios
Mientras tanto, en el sur de la Ciudad de México, en la Colonia Ejidos de Huipulco, en la alcaldía de Tlalpan, Lucy llega a su hogar después de una pesada jornada de trabajo.
«Desde los 20 años trabajo en casas. Hoy me tocó ir a dos, sólo así nos alcanza para vivir a mi esposo y a mí». Con coraje, señala que cada vez están peor las cosas.
Lucy, ahora con 53 años, asegura que trabajar en dos casas el mismo día es para ella cada vez más pesado. «Mi esposo todos los días sale antes de que salga el sol a prepararse para la venta de agua por las calles de las colonias cercanas».
En segundos, aparecen nubes negras que anuncian una tormenta en la zona. Entonces, la señora dice categóricamente, «entre mi esposo y yo ganamos cerca de cuatro mil pesos a la semana, la verdad no sé cuánto sea el salario mínimo».
Comprar ropa nueva, comer carne y fruta todos los días y salir de vacaciones son algo lejos de sus posibilidades. La quincena apenas alcanza para mal comer y en ocasiones ayudar a sus hijos.
Lo que ganamos simplemente se divide en dos, para comer y pagar servicios; las vacaciones, ropa nueva y comer fuera de casa es algo imposible para nuestra familia.
Y como si el cielo se solidarizara por la situación que vive la trabajadora doméstica, empiezan a caer gruesas gotas de lluvia.
Entonces se suma otra preocupación para la entrevistada, la probable inundación que impedirá que sus hijos lleguen temprano a su casa.

María del Refugio Gutiérrez / Notimex

Dinero en el colchón (o en una cuenta de ahorro) es una pérdida

 
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Mario Alavez*

Siempre es bueno ahorrar dinero, se puede usar para emergencias, para el retiro, para viajar y un muy largo etcétera, pero el simple hecho de ahorrar no es suficiente, es más, ahorrar nos hace perder dinero.

Uno de los principios básicos de la macroeconomía es el efecto multiplicador del dinero, un pensamiento de uno de los teóricos económicos (sí, un tecócrata) clásicos de la materia, el británico Jhon Maynard Keynes.

Pero antes de ahondar en los temas “ñoños” y que decidas cerrar la pestaña, déjame tratar de convencerte de que todas las lecciones y las teorías macroeconómicas son aplicables a nuestro día a día.

Cada año, el valor del dinero en todo el mundo se hace más pequeño, debido al factor conocido como inflación, que es básicamente un panorama de cuánto se encarecen las cosas con el paso del tiempo.

Un ejemplo fácil: según datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) hace 10 años un kilo de tortilla costaba en promedio 9.8 pesos, mientras que hoy cuesta 16.1.

Si tenías 100 pesos ahorrados, en 2009 te podías comprar 10 kilos con 200 gramos, hoy te compras 6.2 (¡ouch!).

Una vez hecho este paréntesis, prosigo. Keynes es uno de los teóricos más influyentes del sistema económico actual, que inició en la Gran Depresión americana con la consolidación del capitalismo, que después de convirtió en el modelo neoliberal.

El principio es simple, el efecto multiplicador básicamente establece que la generación de la riqueza, ya sea personal, empresarial o de un país, se basa en mantener el dinero en movimiento para que “trabaje” y crezca. La clave en el modelo keynesiano es invertir.

Para acabar pronto, tener mucho dinero no significa ahorrar como loco y guardarlo bajo el colchón como si fuéramos Gollum con “my precious”, sino de buscar oportunidades de inversión que nos permitan incrementar nuestro dinero a través de otros negocios que pueden ir desde la compra de divisas -como el dólar, el euro, la libra e incluso, el yuan chino- hasta productos más elaborados como los equities, las acciones o los commodities.

Aquí es cuando empezamos a decir: “eso con qué se come”, “invertir es para ricos”, “no tengo la cantidad de dinero suficiente para participar en la bolsa, divisas, etcétera”.

Eso es totalmente falso. Si eres un trabajador con prestaciones, te tengo noticias, eres un inversionista. Tu Administradora de Fondos para el Retiro (Afore) toma el dinero que ahorras y lo pone en tu nombre en diversos activos.

Además, si tienes 20 pesos puedes comprarte un dólar. Este es un ejemplo muy sencillo de cómo puedes ganar dinero invirtiendo. Si tomamos el mismo periodo que usamos para medir el precio de la tortilla (2009-2019), si hubieras comprado un dólar el 31 de diciembre de 2009, gastaste 13.08 pesos. El viernes 14 de junio cerró en 19.14 pesos al mayoreo, esto representa un rendimiento de 46 por ciento. Tus 13 pesos de 2009, hoy valen 19.

Obviamente esta no es la única forma de invertir, pero puede funcionarte como el botón de muestra para que decidas dar el primer paso y ver crecer tu dinero a través de distintas alternativas que se han multiplicado con las tecnologías de la información, Internet y las Fintech.

Invertir también requiere técnica y asesoramiento. Uno de los consejos en los que coinciden Keynes y Warren Buffett, el tercer hombre más rico del mundo según la revista Forbes y uno de los gurús más respetados de Wall Street, es que para multiplicar el dinero se necesita paciencia y, sobre todo, nervios de acero.

Buffett hoy tiene 84 años y es dueño de Berkshire Hathaway, un fondo que tiene inversiones en casi 90 empresas alrededor del mundo, entre las que destacan Coca-Cola, American Express y un largo etcétera.

A los seis años vendía chicles puerta a puerta y a los 11 compró su primera acción, de ahí amasó una fortuna que actualmente está valuada en 84 mil 900 millones de dólares.

Los consejos de Buffett redundan en la paciencia, pero hay que quedarnos con esta frase en la mente: “Un inversionista necesita hacer muy pocas cosas bien, si evita grandes errores. No es necesario hacer algo extraordinario para conseguir resultados excelentes”.

No dudo en tu potencial para ser Warren Buffett y los caminos son variados, eso sí, recuerda que ahorrar no basta, así que invierte en lugar de permitir que el paso del tiempo y la inflación acaben con lo que has ganado con trabajo.

Egresado de Comunicación y Periodismo de la FES Aragón, coeditor de la sección de Finanzas en El Sol de México, con casi una década de trayectoria en periodismo de temas económicos, financieros y de negocios en medios como El Financiero, CapitalMedia, 24 Horas, Don Dinero.Datero, talachero, apasionado y permanentemente crítico.Twitter: @Arturo_Alavez

La fiebre del oro en países africanos

 

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Costa de Marfil.- África Occidental se está consolidando año tras año como un centro neurálgico de la extracción de oro. De hecho, esta región cuenta con algunos de los países con la mayor concentración de minas de oro.
Mali, Ghana y Burkina Faso tienen una larga tradición en el campo de la minería, pero entre ellos se está abriendo camino rápidamente Costa de Marfil, que se había quedado atrás -debido a una guerra civil que duró una década- y que hoy está en pleno boom económico.
Sin embargo, y a menudo con la complicidad de las autoridades, las minas de todos estos Estados tienen en común la total ausencia de las normas más básicas para la seguridad de sus trabajadores.
A pesar de que el precio del oro ha bajado en los últimos años, la búsqueda de nuevas minas en África continúa incesablemente. Se lanzan uno tras otro nuevos proyectos de exploración y producción del preciosísimo metal.
No sólo en los tres principales países africanos para el oro -Sudáfrica, Ghana y Mali-, sino también en áreas prometedoras, y hasta ahora poco explotadas, como Costa de Marfil, cuyo gobierno propone leyes cada vez más favorables a la industria minera.
De hecho, varias compañías están trasladándose a Costa de Marfil, un país tradicionalmente sin explorar debido a la inestabilidad política de la pasada década. Tanto es así que en la actualidad Costa de Marfil se encuentra en el séptimo lugar de producción de oro a nivel continental (casi nueve toneladas al año), según las estimaciones de varias organizaciones internacionales.
Para los marfileños, el oro se está convirtiendo en un asunto importante, en el que están implicados tanto empresas extranjeras -que operan a escala industrial con maquinaria pesada- como mineros artesanales.
Mientras que las primeras se apoderan de grandes extensiones de tierra, exprimiéndola todo lo posible y luego trasladándose a otro lugar sin desintoxicarla -pero de alguna manera planificando el trabajo de acuerdo con parámetros preestablecidos-, la minería artesanal, sin embargo, es una realidad sin reglas, ni para los trabajadores ni para el medio ambiente.
Por ley, el producto de extracciones individuales también debería terminar en el circuito legal, o se debería vender a empresas del estado, pero en realidad no es así. La mayor parte de este oro escapa al control de las autoridades y en especial a las arcas del Estado y, en consecuencia, al régimen fiscal.
Esto se debe a que muy a menudo el trabajo artesanal se encarga directamente a los empresarios, en su mayoría extranjeros, que pagan a los trabajadores para conseguir las piedras talladas y luego las sacan del país de forma ilegal. También puede suceder que los mineros trabajen de forma independiente, sin una comisión acordada y luego lo revendan todo en el mercado ilegal.
La provincia de Daloa, en la región centro-occidental de Haut-Sassandra, alberga un gran número de minas de oro artesanales. Cada día varios cientos de personas buscan fortuna en estos lugares. El sol todavía no ha salido y Paul, de 39 años, transita por caminos de tierra, en medio de campos de cacao, que llevan a la mina.
Empieza un día como muchos otros. La mina de oro en la que trabaja ni siquiera tiene nombre, pero deja impresionado a quien la ve. Por fuera es una pendiente desierta cubierta de polvo gris y plagada de docenas de pozos, algunos cubiertos con cabañas en ruinas.
Un centenar de personas trabajan alrededor de estos agujeros. El polvo les oculta la cara y la ropa. De vez en cuando una tímida explosión subterránea crea un géiser de tierra. Este ruido va acompañado por el golpeteo constante de la maquinaria y de las bocinas de las motos, que pasan velozmente por caminos estrechos transportando minerales y personas.
«En Daloa se extrae oro, sin mucha fe, desde hace décadas», dice Pablo. «Pero hace un par de años se encontró un gran yacimiento, y desde entonces la población ha aumentado mucho. Ahora también vienen mineros de Mali, hay un flujo constante de personas».
Antes aquí, recuerda, «nos dedicábamos casi exclusivamente al cacao, pero hoy en día es el oro el que atrae a más trabajadores. Los ingresos pueden ser de un promedio de cerca de 10.000 francos (300 pesos) por semana. Una vez oí decir que un gramo de oro se vende por 20.000 francos (600 pesos), pero no sé si es verdad. Deberíamos preguntárselo al director. Los mineros no nos interesamos por la venta».
Junto con Paul, hay muchísimos trabajadores bajo tierra y otros tantos en la superficie, como mecánicos y maquinistas. Todas las mañanas se repite el mismo ritual. Los mineros descienden, en tornos manuales, por pozos que alcanzan los 100 metros de profundidad.
Trabajan en dos turnos de 12 horas cada uno, primero para excavar un pozo y alcanzar la profundidad del estrato que contiene oro y, a continuación, para seguir horizontalmente las vetas de oro. Para extraer el metal usan cartuchos de dinamita.
Después meten las rocas en las bolsas y las llevan a la superficie. Separan el oro de la roca a mano, usando unos bidones que contienen mercurio y cianuro. Los vapores que emiten son muy nocivos tanto para el sistema respiratorio como para el neurológico.
«A estas profundidades tenemos que utilizar compresores para bombear aire fresco», explica Paul. «Pero los vapores del compresor invaden el túnel y hace que ahí abajo haga todavía más calor».
Las medidas de seguridad como cascos, guantes y botas son desconocidas aquí. Cualquiera puede entrar libremente en los pozos y en el hangar de limpieza. También se ve a chicos que se arrastran en el polvo entre el ruido de los generadores y otras máquinas.
Aunque para la extracción artesanal se utiliza un equipo muy simple, requiere igualmente inversiones muy elevadas. A veces se tarda hasta cinco meses en llegar a la vena aurífera, al menos según Messier A. -que pide que no se publique su nombre-, inversor y gestor de la mina. Recuerda que una vez los trabajadores excavaron durante casi dos meses antes de comenzar a extraer oro.
Durante este período la única recompensa para los mineros es la comida. Es el inversor quien lo paga, así como también corre de su cuenta el equipo de excavación. Los mineros sólo cobran cuando sacan de la mina bolsas con rocas que contienen oro.
Cada mina tiene sus propias reglas. Messier A. consigue una cuota del 20 por ciento, ya que organiza la «seguridad», gestiona las relaciones con las autoridades para que no se entrometan en los negocios e invierte en equipos. Si los pozos se excavan en un terreno privado, el propietario tiene derecho a una cuota del 10 por ciento.
Las ganancias restantes se dividen entre los mineros, que a su vez distribuyen las cuotas de acuerdo con la antigüedad laboral. Hasta el último eslabón de esta cadena los mineros no saben la cantidad de oro que contenían sus piedras.
Por lo tanto, pueden estar meses sin cobrar, pero el beneficio al final puede ser importante: se cuentan historias de mineros que encontraron vetas de oro rentables y que se han hecho bastante ricos. Pero estos afortunados son todavía muy pocos.

La nueva fiebre del oro que invade África