#Análisis Global | A 75 años de Hiroshima, otro hongo se ve sobre Beirut

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Dos días antes del 75 aniversario de la bomba atómica de Hiroshima, ocurrid el 6 de agosto de 1945, una tremenda explosión destrozó al puerto de Beirut dejando unas 300 mil personas sin casa, cinco mil heridos y cerca de 150 muertos.
La detonación nuclear que arrasó a Hiroshima fue seguida tres días después, el 9 de agosto de 1945, por otra sobre Nagasaki. Fue la primera vez que el mundo conoció este tipo de armas y nunca después fueron lanzadas contra humanos. A diferencia de las matanzas que sufrieron más de 100 mil civiles japoneses al final de la II Guerra Mundial, la masacre de Beirut no parece haber sido ocasionada por un acto militar intencional, ni tampoco un bombazo.
Muchos elementos indican que la tragedia de la capital libanesa se produjo por una explosión de unas 2 mil 750 toneladas de nitrato de amonio que estaban en un almacén desde hacía un sexenio. Se trata de un material de efectos muy inferiores a los que arrasaron a esas urbes niponas hace tres cuartos de siglo, y miles de veces inferiores a las más sofisticadas nuevas armas termonucleares.
La capital libanesa ha padecido mucha destrucción desde que estalló la guerra civil de 1975 y luego con las dos invasiones israelíes, pero nunca antes había sufrido esta clase de destrozo en una época de paz.
Hay diversas conjeturas, desde la que lanza el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en el sentido de que las milicias antiestadounidenses de Hizbola tendrían algo de culpa en el asunto, hasta la de este último movimiento y la de Irán quienes sugieren que habría podido haber sido otra acción provocada por los enemigos de Hizbola, el cual se encuentra en la coalición gubernamental libanesa.
En caso de que haya sido un accidente, que es la versión que más circula ahora, esto debe llamar la atención acerca de lo peligroso que puede ser un arsenal nuclear. Ya se ha visto todo el desastre humano y ecológico que ocasionó la explosión de la planta soviética de Chernobyl en Ucrania del 26 de abril de 1986. Tal tragedia es uno de los hechos que contribuyó a la implosión del sistema regido por el Partido Comunista. Imaginémonos que pudiese pasar si cualquiera de los actuales arsenales nucleares pudiese tener una falla.

Arsenales nucleares
Hoy en día hay 9 países que tienen ese tipo de armas (Estados Unidos, Rusia, China, Francia, Reino Unido, India, Pakistán, Corea del Norte e Israel). En 1986 había más de 70 mil misiles nucleares, pero, gracias a una serie de tratados, esa suma se ha reducido; no obstante, no se sabe a ciencia cierta cuántas hay y con qué velocidad se pueden ensamblar más.
Probablemente, más de 90 por ciento de todas las ojivas atómicas que hay en el planeta están repartidas entre las que detentan Washington y Moscú. Ambas potencias debieran renovar un tratado de no proliferación en febrero de 2021, pero Donald Trump pone peros, pues quiere incluir a Beijing en el acuerdo, cosa que objeta Vladimir Putin.
La verdad es que China tiene tantas bombas de ese tipo como las que las tiene Francia o Reino Unido, pero el tratado de desnuclearización solamente incluye a los dos que más poseen éstas y no al club de los 9.
Israel es el único de todos ellos que no reconoce abiertamente poseer armas atómicas ni firma acuerdos de no proliferación y control. Esto, aunque el técnico nuclear israelí Mordejai Vanunu fue secuestrado por el Mossad en Italia en 1986 y puesto décadas en aislamiento total por haber revelado a la prensa británica que él había estado trabajado en plantas secretas de bombas atómicas.
El riesgo de una guerra nuclear ha quedado latente en varias ocasiones. A inicios de los 60s se dio la crisis de Cuba cuando Estados Unidos amenazó con desencadenarla si los soviéticos instalaban en dicha isla ojivas atómicas, tal como los propios norteamericanos habían puesto las suyas propias en países cercanos a la Unión Soviética.
India y Pakistán han tenido varios conflictos armados y siguen protagonizando una serie choques en torno al control de Cachemira (una región mayoritariamente musulmana, la cual en su mayor parte está dentro de la India). Hace poco el norcoreano Kim Jong-un lanzaba cohetes de largo alcance con capacidad de impactar sobre la costa oeste estadounidense mientras que Trump les amenazaba con tener un mejor botón nuclear.
Una explosión nuclear no solamente podría acontecer como efecto de un accidente o de una guerra, convencional sino también como resultado de una incursión de grupos armados. En ese sentido, Israel es el que ofrece el peor peligro. Éste es el país con el territorio más chico de todos los 9 integrantes del club nuclear. En sus 72 años de historia dicho Estado ha librado 4 guerras con su principal vecino (Egipto), además de otras con todos sus vecinos inmediatos (Líbano, Jordania y Siria), además de haber intervenido militarmente en otras repúblicas, desde Uganda hasta Irak. Dentro del territorio que administra Israel hay decenas de miles de combatientes de distintas fracciones palestinas que chocan o han chocado con Tel Aviv.
El principal partido-ejército del Líbano es Hizbola, quien se precia de representar a la principal minoría de ficho país (los chiitas), de ser “el único movimiento árabe en haber expulsado militarmente a Israel de sus tierras”, y de haber sido un vital integrante de la coalición militar que junto a Bashir al Assad, Rusia e Irán ha ganado la guerra civil siria, constantemente tiene choques bélicos con Israel y ha amenazado con lanzar una lluvia de cohetes y también de lanzar comandos para ocupar partes de su territorio.
¿Qué pasaría si cualquiera de los miles de misiles que poseen las distintas facciones palestinas o Hizbola pudiese caer dentro o cerca de una planta nuclear israelí desencadenando una reacción en cadena? Se supone que Tel Aviv tiene esa clase de armas para protegerse, pero éstas podrían dar paso a un holocausto que ocasione la muerte de cientos de miles de sus habitantes.

Razones de ser de las armas
En la actualidad hay tantas armas nucleares, químicas y biológicas que podrían ocasionar la destrucción de la humanidad, aunque no de la vida sobre la faz de la tierra, pues diversas especies, sobre todo de microorganismos, podrían sobrevivir.
Cuando comenzó la pandemia, China e Irán sugirieron que el Covid-19 fue plantado en sus países por Estados Unidos, mientras que Trump ha acusado a éste de ser un virus chino generado en un laboratorio de Wuhan.
La cuestión está en qué es lo que hace que no pudiese darse un acuerdo para eliminar toda clase de armas de destrucción masivas.
A Irak y a Libia se le invadió solamente después de que ambas repúblicas nacionalistas árabes decidieron autodestruir sus gases letales. Corea del Norte, viendo ese ejemplo, se ha dado cuenta de que la única manera de evitar ser bombardeada y arrasada nuevamente (como pasó en la postguerra mundial) es dotándose de los más avanzados misiles nucleares intercontinentales.
Estados Unidos estuvo dispuesto a colaborar con Irán para dotarse de armas de destrucción masiva cuando los persas tenían un rey que estaba bajo su influencia, pero, cuando en 1979 el Sháh fue derrocado y una revolución islámica implantó una república nacionalista, lanzaron contra ellos a Saddam Hussein en la guerra de 1980-88, la misma que produjo un millón de muertos.
Hoy, Trump quiere imponer fuertes sanciones contra Irán y Venezuela, mientras acusa a Teherán de querer dotarse de plantas nucleares que no son de uso pacífico. En cambio, ayuda a los Emiratos Árabes Unidos a que las tengan, pese a que dicho país y los sauditas son tiranías que vienen bombardeando Yemen ocasionando allí un genocidio y el principal brote global del cólera.
Los sauditas, que encabezan la destrucción de lo que antes se llamó la Arabia Feliz, ya han sobrepasado a Rusia en poseer el tercer presupuesto bélico más alto del globo. Washington y Londres son sus grandes proveedores de armas de alta tecnología. Pese a que ambas potencias hablan de exportar las democracias y los derechos humanos, las dos arman a la única tiranía del planeta que ha impuesto el apellido de su familia real como el nombre propio de su Estado, la misma que nunca ha permitido elecciones, partidos, sindicatos, iglesias, derechos femeninos o pluralismo religioso.
Rusia ha dicho que en la semana que se abre tras el 75 aniversario de la matanza de Nagasaki va a empezar a administrar una nueva vacuna contra el coronavirus a personal estratégico de su país. Esto se da a poco de que Londres acusara a Moscú de haberle estado espiando sus investigaciones para lograr su propia vacuna.
Un mundo ideal sería uno aquel en el cual toda la humanidad debiera unirse para coordinar esfuerzos contra el Covid-19 e intercambiar informaciones para lograr antídotos eficaces y también para erradicar cualquier clase de arma de destrucción masiva (biológica, química o nuclear).

Isaac Bigio / Politólogo, economista e historiador formado en la London School of Economics & Political Sciences