Nudo Gordiano

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Plutarco, el célebre historiador griego, explicó en su obra Las vidas paralelas una curiosa historia referida a lo que hasta ahora se conoce como un “nudo gordiano”, en el que se cruzan una la leyenda acuñada en la actual Anatolia, Turquía, y el mítico conquistador macedonio Alejandro.
Gordio era un labrador de Frigia que tenía por toda riqueza su carreta y sus bueyes.
Los frigios decidieron que necesitaban un rey, por lo que consultaron al oráculo y éste les respondió que el nuevo rey vendría por la Puerta del Este acompañado de un cuervo que se posaría en su carro. Aquel hombre fue Gordio. El pueblo lo coronó como rey de inmediato. Más tarde, sería el padre del célebre rey Midas.
Proclamado rey de Frigia, fundó la ciudad que lleva su nombre y, en señal de agradecimiento, ofreció al templo de Zeus su carro y ató la lanza y el yugo con un nudo cuyos cabos se escondían en el interior, tan complicado según cuenta la leyenda que nadie lo podía soltar.
El oráculo de Frigia habló de nuevo para anunciar que quien desatara el nudo del carro de Gordias dominaría toda Asia. El carro, atado con yugo al extremo del timón se quedó en la Acrópolis gordiana. Allí permaneció durante más de cinco siglos sin que nadie lograra desatarlo.
Había quien se quedaba días enteros ideando sofisticadas estrategias para resolver aquel enigma, aquella broma sin explicación donde nadie parecía ser capaz de desatar el famoso nudo gordiano. Las personas salían del templo frustradas, enfadadas consigo mismas y con los caprichosos dioses que, seguramente, habrían urdido aquella argucia.
El nudo permaneció invicto hasta que Alejandro Magno , el joven hijo de Filipo de Macedonia, se apoderó de Frigia, supo que una antigua tradición prometía el imperio universal al que desatara aquel nudo
Cuando Alejandro se dirigía a conquistar el Imperio Persa, en el 333 AC, tras cruzar el Helesponto, conquistó Frigia, donde se enfrentó al reto por lo que se dirigió al templo. Intentó desatarlo y encontrar el punto débil de ese amasijo enredado de cuerdas tal y como habían hecho los demás. Segundos después, desenvainó su espada y con un certero tajo, cortó el nudo liberando el yugo.
Esa noche hubo una tormenta de rayos que simbolizó, según Alejandro, que Zeus estaba de acuerdo con la solución, y dijo: “tanto monta cortar como desatar”.
El lema personal del rey Fernando el Católico, «Tanto monta», hace alusión a esta historia.
En la actualidad, llamamos nudo gordiano a toda dificultad insoluble o para la que parece no haber solución; la vida nos deja atrapados en esos nudos gordianos tan complejos como angustiantes; para desatarlos, tenemos que romper con los viejos patrones y enfoques mentales para encarar la adversidad de manera más creativa y desafiante.
“Cortar el nudo gordiano” significa resolver tajantemente y sin contemplaciones un problema, es decir, que descubriendo la esencia del problema, podremos revelar todas sus implicaciones.