La niña de Guatemala, no murió de amor

 
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El 10 de mayo de 1878 murió María García Granados y Saborío, hija del general Miguel García Granados, quien fue presidente de Guatemala, para acuñar una leyenda que sería consignada por el poeta cubano José Martí en su poema de Versos Sencillos -conocido como La Niña de Guatemala- publicado en 1891.
María nació en ciudad de Guatemala y su residencia era un lugar de encuentro para artistas y literatos destacados del país, quienes participaban de habituales tertulias. Martí, con sólo 24 años, llegó a Guatemala procedente de México, donde había tenido un gran éxito profesional como periodista y escritor.
Cuando Martí llegó a Guatemala en marzo de 1877, frecuentaba la tertulia del general. Es en junio de ese mismo año que el poeta cubano conocería a María en La Academia de Niñas de Centro América, cuando fue invitado a impartir lecciones de redacción y composición.
García Granados pronto se hizo amigo del emigrado cubano y lo invitaba a jugar ajedrez con frecuencia, oportunidades en que Martí se encontraba con María. Pero no pudo corresponder a su amor por estar comprometido con María del Carmen de Zayas-Bazán e Hidalgo, una dama cubana.
El patriota y pedagogo cubano, José María Izaguirre, quien acompañaba a Matí en las tertulias, describió a María como una hermosa jovencita esbelta y airosa, de cabello azabache abundante y crespo, con profundos ojos negros y melancólicos; era muy simpática, de voz armoniosa y apacible. Tocaba el piano admirablemente y cuando sus manos resbalaban por el teclado, sacaba notas que parecía salir de su alma e impresionaba a sus oyentes.
María, quien no respondía al patrón de muchacha tímida y vulnerable, tuvo una participación relativamente activa como música y cantante fuera del hogar, en actividades artísticas públicas organizadas por sociedades e instituciones.

Retorno y muerte

Martí regresó a México, donde el 20 de diciembre se casó con Carmen Zayas Bazán, y el poema IX de Versos Sencillos -conocido como La Niña de Guatemala- se publicó muchos años después, en 1891. A inicios del año siguiente Martí volvió casado a Guatemala. La joven le hizo llegar un mensaje.
“Hace seis días que llegaste a Guatemala, y no has venido a verme. ¿Por qué eludes tu visita? Yo no tengo resentimiento contigo, porque tú siempre me hablaste con sinceridad respecto a tu situación moral de compromiso de matrimonio con la señorita. Zayas Bazán. Te suplico que vengas pronto -Tu niña”, le escribió María.
“María tenía veinte años de edad, y hasta entonces había permanecido insensible a los tiros del amor. Su familia era su encanto y a ella consagraba los tiernos afectos de su corazón. Sin embargo, desde que Martí frecuentaba la casa, se notó en ella cierta tristeza que nadie se explicaba, así como el silencio en que se encerraba delante de él. Era evidente que algo pasaba en su interior; pero ese algo nadie se lo explicaba y quizás ella misma ignoraba la causa de lo que le pasaba.
“Lo que sí sabía ella era que cuando veía a Martí experimentaba un deleite supremo y que cuando él estaba ausente su tristeza aumentaba, su ansiedad de verlo era mayor y no cesaban estos tormentos hasta que él se hallaba de nuevo en su presencia”, asegura Izaguirre.
Caballero ante todo, abunda, ligado por igual sentimiento a otra mujer a quien había jurado ser su esposo, Martí se abstuvo de fomentar con sus galanterías o con demostraciones de afecto aquella pasión que parecía próxima a tomar las proporciones de un incendio. Su papel se limitó desde entonces a tratarla simplemente como amigo, y fue separándose poco a poco para que María comprendiese que no debía entregarse al sentimiento que la dominaba, pues por más que él reconociese sus merecimientos, como los reconocía, y que simpatizase con ella, no podría corresponder a su pasión.
La leyenda está vigente, aunque no hay evidencias documentadas capaces de acreditar que María García Granados, atentara contra su vida o falleciera producto de un estado psicológico depresivo.
Una entrevista a un descendiente de los García Granados, transmitida en forma oral cuenta que, María, aunque estaba resfriada había ido a nadar con su prima, actividad que se había tornado habitual desde que había regresado Martí acompañado por su joven esposa, entonces sumida en una profunda tristeza para distraerse, iba al río. Después del paseo, María empeoró y murió a causa de una enfermedad de las vías respiratorias que ya padecía.

Fortalecen el mito

Tras el fallecimiento de María, aparecieron en la prensa guatemalteca varios poemas en calidad de homenaje póstumo, donde los autores confesaban la admiración que en ellos había despertado. En 1891, Martí la inmortalizó en su poema conocido como “La niña de Guatemala”.
José María Izaguirre quiso fortalecer el mito de muerte por amor y tal vez haya sido así. La niña, que estaba floreciendo a la vida, era consciente que su amor no era correspondido, muere por él. Si nos atenemos literalmente a los versos, Martí nos confirma el suicidio de María, sea por ahogamiento (así murieron, por ejemplo, la escritora inglesa Virginia Woolf y la poetisa suiza-argentina Alfonsina Storni) o sea por una complicación neumónica muy común en la época en una persona presumiblemente tuberculosa.
Existen versiones, especialmente de familiares, amigos y conocidos de María que se refieren a una enfermedad pulmonar crónica, un padecimiento respiratorio que la joven debía cuidar. La tuberculosis pulmonar era una enfermedad sumamente frecuente en personas jóvenes en aquellos tiempos.
Mayra Beatriz Martínez menciona incluso, basándose en fuentes indirectas, la posibilidad de que Martí hubiese visitado a María García Granados en su lecho de enferma terminal y muy poco antes del fallecimiento, hecho que desvirtuaría el giro dramático del famoso poema.
Perla Cartaya Cotta, estudiosa de la vida y obra de José Martí, menciona en un artículo dedicado al tema que existe un certificado de defunción expedido a nombre de María García Granados —coincide plenamente en fechas, edad y otros detalles— por el Archivo Histórico Arquidiocesano de Guatemala y en el que se dice simplemente que falleció “de muerte natural”.

Inmortalizada

En 2013, con motivo de celebrarse el 160 aniversario del nacimiento de José Martí, en una ceremonia con diplomáticos guatemaltecos fue develada una placa conmemorativa a “La Niña de Guatemala”. En el homenaje se hizo una comparación entre la relación de amistad y el amor que existió entre María y Martí desde que se conocieron hasta la muerte.

Algunos miembros del personal del cementerio fueron entrevistados y relataron que aun antes de la colocación de la placa conmemorativa, el Mausoleo de María García Granados era uno de los más visitados en el Cementerio, especialmente por jóvenes guatemaltecas que le pedían ayuda en cuestiones amorosas.
Se cuentan también historias de apariciones de una dama con semblante triste que pide que se adorne la tumba de la Niña de Guatemala.
En agosto de 2013 también fue inaugurada en una rotonda de la Avenida de Las Américas una estatua de José Martí, en una plazoleta jardín también denominada José Martí y una tarja con unos versos grabados en el bronce del poeta y político dedicados a María García Granados y Saborío.