Netanyahu: derrota en la victoria

 
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El 2 de marzo se dieron las terceras elecciones generales en Israel en un lapso de menos de 11 meses, lo que evidencia todo un record de incertidumbre e inestabilidad políticas.
La primera de estas elecciones al parlamento hebreo (la Knesset) se dio el 9 de abril pasado. En éstas el Likud del primer ministro Benjamín Netanyahu pasó de 30 a 35 congresistas, exactamente la misma cifra de su mayor rival (la coalición Azul y Blanco de su tocayo y ex servidor, el general Gantz). Pese a sus avances a él le resultaba difícil desempatar y también viabilizar una mayoría absoluta pues dicho parlamentario unicameral consta de 120 curules repartidas, en ese entonces, entre 11  bancadas.
La segunda elección se dio el 17 de noviembre y en ella el Likud bajó a 32 escaños, lo cual implicaba un retroceso de 3 parlamentarios con relación a los que obtuvo en los pasados comicios y a 6 pues en su gestión durante abril y septiembre Netanyahu logró ganar a 3 parlamentarios de un partido difunto hacia el suyo propio.
En esta tercera elección Netanyahu ha conseguido una clara mayoría. Ha subido de 32 a 36 curules, 3 más que los de sus contrincantes de azul y Blanco. En términos electorales consiguió un 29.5% de los votos, una mejoría frente al 26.5% de abril y al 25.1% de septiembre.

Victoria
Netanyahu celebra la derrota de sus dos grandes rivales. Por un lado ha hecho retroceder a Benny Gantz, quien pasó de haber quedado primero en septiembre para quedar detrás de él por 3 puntos porcentuales y 3 parlamentarios. Gantz lideró varias intervenciones militares bajo las órdenes del gobierno del Likud en Gaza y Líbano. La alianza Azul y Blanco que él encabeza congrega muchos antiguos halcones y asociados del Likud quienes reivindican muchas políticas económicas y anexionistas territoriales de Netanyahu pero se distancian del actual premier por las acusaciones de corrupción y autoritarismo que penden en su contra y por las grandes concesiones que él hace a los partidos ultra-religiosos para mantenerse en el poder.
Además Netanyahu debe vanagloriarse de haber fulminado a los laboristas. Hoy la alianza de los laboristas tradicionales con la de los que provienen del socialismo “marxista” apenas consiguió 7 bancas, su peor resultado en la historia.
Recordemos que durante medio siglo la comunidad judía de lo que entonces era la Palestina de la entre-guerra hasta el Israel de fines de los setentas estuvo monopolizado por el laborismo socialdemócrata de David Ben Gurion, el mismo que fue el artífice del modelo estatista y de bienestar social así como de conducir la creación y expansión militar de Israel en las 4 guerras que este país libró contra Egipto.

Trump
Tanto Azul y Blanco como los socialdemócratas pensaban que podían arrinconar a Netanyahu debido a los numerosos procesos por corrupción y soborno que él confronta y que podría llevarlo a la prisión. Sin embargo, el presidente estadounidense Donald Trump decidió jugarse el todo por el todo por su principal socio en el Medio Oriente.
El mandatario norteamericano visitó Israel donde apuntaló la anexión de la Jerusalén antigua y oriental de mayoría árabe y del Golán sirio, la transformación de Israel en un Estado esencialmente para los judíos de todo el mundo (y no tanto para todas las personas nacidas allí o hijo de nacidos allí), y la preparación de un “plan de paz” en el cual prácticamente se elimina la posibilidad de una solución de dos Estados que convivan pacíficamente uno al lado del otro.
Trump acepta la anexión israelí de casi todas las colonias sionistas en los territorios ocupados de Cisjordania y toda la ribera occidental del río Jordán y el Mar Muerto, con lo cual solo deja una serie de pequeños bolsones palestinos interconectados entre sí y hasta pasando por zonas que Israel anexionar y sin frontera común con Jordania. A Gaza le darían más territorios en el borde con Egipto y un túnel que una a esta franja con la Cisjordania, pero el supuesto Estado palestino a crearse sería una colección de enclaves en la cual los palestinos deberían renunciar a cualquier pretensión de cualquier zona de Jerusalén así como que se les permita a quienes nacieron en territorios que hoy son parte de Israel el poder regresar a vivir en sus casas originales.
El endose de Trump a Netantagu ha sido su principal soporte. El primer ministro israelí debe ser el único jefe de gobierno del mundo que posaba con grandes carteles al lado del presidente norteamericano para poder ser reelecto. En contraposición a ello Boris Johnson fue reelecto como primer ministro británico esquivando todo contacto con Trump, pese a que este último visitó Londres pocos días antes de las elecciones generales del Reino Unido del 12 de diciembre.
El general Gantz no podía objetar el plan de Trump que les entrega toda Jerusalén, el Golán y sus colonias en Cisjordania. Ganz había servido bajo Netanyahu y también había comandado varias operaciones de ocupación en Gaza y  en Líbano. Su discurso buscaba presentarse como un derechista no corrupto y no tan dependiente de los teocráticos. Sin embargo, el electorado prefiere optar por el derechista y anexionista más consistente.
Israel se ha convertido en el único país del mundo donde la mayoría de sus electores se definen abiertamente como derechistas y la palabra “derecha” es demasiado popular. Ello implica toda una inversión pues hace 7 décadas cuando nació dicho estado el grueso de los hebreos se definía como izquierdistas o socialistas. Hoy el anti-izquierdismo y las simpatías por Trump son sentimientos muy fuertes incluso dentro de las comunidades judías más pobres (como las de los orientales o etíopes) para quienes el principal enemigo son los árabes, el Hamas y la Yihad Islámica.

Derrota
Netanyahu, no obstante, tiene dos grandes problemas. El primero es que, pese a su primer puesto electoral, apenas cuenta con el aval de 58 de los 120 parlamentarios, por lo que aún no puede viabilizar una mayoría absoluta.
Netanyahu ha logrado co-gobernar con 3 partidos ultras. Dos de ellos representan a las comunidades religiosas ultra-ortodoxas (el Shas a la de los judíos sefardíes y de origen asiático y africano, y la Unión del Judaísmo de la Torá a la de los que provienen de Europa), los mismos que han mantenido sumados los mismos 16 parlamentarios que obtuvieron en los pasados comicios. El otro, Yamina, el partido de los colonos religiosos de extrema derecha que quieren un “Gran Israel” y que ha retrocedido de 7 a 6 congresistas.
Los 33 parlamentarios de Azul y Blanco y y los 7 del bloque de los distintos desgajes laboristas  apenas suman 40 legisladores, la tercera parte de la Knesset. La única manera en la cual Ganz podría convertirse en primer ministro es haciendo una alianza con las otras dos fuerzas que quedan: Israel Nuestra Casa de Avigdor Lieberman y la Lista Unida. Sin embargo, ambas formaciones son antípodas.
Lieberman ha sido ante ministro de guerra y de relaciones exteriores y también número dos de Netanyahu. Él ha propuesto deportar a todos los ciudadanos árabes de Israel que no reconozcan al sionismo y también bombardear Irán (aún bajo el riesgo de desencadenar una III Guerra Mundial), aunque también acepta mayores concesiones territoriales a un Estado palestino (a condición de que se produzca una limpieza étnica de la mayoría de los no judíos de Israel). La Lista Unida es un bloque de los 4 partidos árabes, los mismos que expresan a la mayor minoría étnica y lingüística de Israel y que quieren un Israel para todos sus ciudadanos o la creación de un Estado palestino en base a Jerusalén oriental y a los territorios ocupados desde la guerra de 1967.
Lieberman ha retrocedido de 7 a 6 legisladores pero se mantiene como el único que pudiese desempatar y que elija a quien pueda ser el nuevo primer ministro, aunque este último no sea ninguno de los candidatos centrales de todas las últimas elecciones. El ideal de Lieberman es hacer un gobierno amplio de la derecha que una al Likud con Azul y Blanco y donde él aparezca como el mediador. En dicho escenario los partidos ultra-religiosos deberían quedar excluidos a fin de que el estado pudiese acabar con varios de los privilegios que tiene el rabinato  ortodoxo para decidir quiénes son o no judíos (y por ende ciudadanos con derecho a establecerse en Israel) y anular la exoneración que tienen los estudiosos de la Torá a prestar servicio militar obligatorio.
La Lista Unida es la fuerza que proporcionalmente más ha crecido. Han pasado de 13 a 15 curules, la mayor bancada árabe en la historia de Israel. Han sacado el 12.6% de los votos demostrando que la mayor parte del 20% de los ciudadanos ‘árabes de dicho estado ha ido a votar en masa por ellos en rechazo al plan de Trump y a dos disposiciones aprobadas por Netanyahu las cuales hicieron que el árabe dejase de ser un idioma co-oficial (pese a que lo hablan o entienden la mayoría de quienes viven bajo administración israelí) y que se defina a Israel como un país para los de la religión dominante.
El segundo problema que tiene Netanyahu es uno aún más grave. La corte suprema pide que Netanyahu sea procesado e impedido de tener funciones públicos debido a serias imputaciones por soborno. Ganz pretende que el parlamento apruebe una ley que impida que cualquier persona en esas condiciones pueda ser electa como primer ministro. Según varios miembros de Azul y Blanco hay muchos likudistas que están dispuestos a sacrificar a Netanyahu para moralizar al país y para evitar que Israel siga entrampado. Si esta moción es apoyada por los 63 parlamentarios de las 4 bancadas no alineadas a Netanyahu, el futro del actual primer ministro podría estar en juego y él podría eventualmente pasar del poder a la cárcel.
Todo esto, sin embargo, no hace más que darle aún más poder de chantaje y negociación a Lieberman cuyo movimiento tiene muchas denuncias de deshonestidad, el cal podría acabar salvando a Netanyahu a cambio de prebendas, aunque no se sabe por cuánto tiempo más.

Conclusiones
El panorama israelí ha cambiado radicalmente. Netanyahu no solo se juega por seguir siendo el primer ministro hebreo que más tiempo ha estado en el poder sino en evitar quedar bajo rejas Una eventual componenda con su ex vice Lieberman no ha de resultar en un acuerdo estable y él podría provocar una escalada militar contra Irán a fin de distraer la opinión pública interna.
La oposición se reduce a querer tener a un primer ministro que mantenga las mismas políticas monetaristas y militaristas de Trump aunque con un mandatario menos controversial.
El laborismo está en proceso de disgregación, al igual que la izquierda sionista y el proyecto de lograr la paz en torno a una solución de dos estados que convivan.
Un hecho que cambia mucho es la emergencia de la minoría no judía que ahora tiene una fuerza significativa que la expresa y que quiere por medios pacíficos hacer que Israel se dote de un sistema americano con una constitución y con el derecho de todos los nacidos en dicha tierra a ejercer todos los cargos públicos.
Netanyahu va a querer seguir provocando a Irán, al Hezbollah, a Siria, al Hamas y a la Yihad Islámica con acciones militares en los territorios ocupados y en Siria y Líbano a fin de que ello generen atentados y misiles contra civiles hebreo, lo cual le daría legitimidad.
Por el momento no se ve un escenario en el cual la estabilidad o la paz se puedan llevar a cabo en la tierra de la Biblia.

Isaac Bigio / Analista internacional