Un paso a la vez / 24 febrero

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Abarrotería “Palacio Nacional”

Esta es una historia en cuatro actos: Primer acto, el Presidente se pelea con todos los empresarios del país y, especialmente, con el neoliberalismo, el demonio ¿personificado? Eso lo hemos escuchado por lo que parece una eternidad. Pero el primer acto tiene tintes de relación tóxica.
Se peleaba una vez con una empresa, y al final se contentaban y tan amigos como siempre, pero luego volvía a atacar y a los dos días, otra vez se amaban.
Segundo acto: Esta es una comedia ligera, tanto que se puede oír el aullido polivoz. El avión presidencial. Se rifa algo que está rentado. Ya me vi con mi avión. Luego que no, mejor les damos el dinero. Bueno no, mejor un fideicomiso en el que se les darán cómodas mensualidades, porque “el dinero es el papá y la mamá del diablo”, AMLO dixit. Bueno no, mejor 100 premios de 20 millones de pesos. (Pero nos vamos a quedar con el avión, aunque no lo vamos a usar).
Eso sí, seis millones de cachitos de a 500 pesos cada uno, o sea, tres mil millones de pesos (500 millones más de lo que cuesta el avión). Por cierto, de ahí salen los 100 premios de 20 millones, o sea más que una rifa es una tanda. Los 500 millones que sobren, quien sabe para qué se van a usar, como puede ser para medicinas, puede ser para insumos médicos o para pagar una parte del arrendamiento del avión José María Morelos.
Tercer acto: Nos pasamos a una sátira. El Presidente convocó a una cena en Palacio Nacional, tamalitos de chipilín y chocolate en el menú. Al encuentro del miércoles 12 de febrero fue convocada la crema y nata. Desfilaron nombres como Carlos Slim Helú; Carlos Slim Domit; Miguel Alemán Velasco; Miguel Alemán Magnani; Emilio Azcárraga Jean; y muchos más.
Del lado del gobierno federal, estaba el preciso, acompañado por el policía bueno –Alfonso Romo, el enlace con el empresariado- y el policía malo –Raquel Buenrostro, la titular del SAT-.
Entonces salió la charola, aportación voluntaria mínima de 20 millones de bolas, pa’ la rifa del avión.
A ver, si Pitágoras no miente, 20 millones de pesos son 40 mil boletos. Y cada premio es de 20 millones de pesos, o sea, sólo tienes 0.66 por ciento de posibilidades de ganar uno de los 100 gordos de la rifa. ¿Dónde está el negocio?
Peor aún, ¿por qué, como gobierno federal, pedir aportaciones voluntarias a los empresarios para la rifa del avión?
Todavía Carlos Salazar Lomelín, presidente del CCE, dijo que no fue pase de charola y que esto se hacía antes, pero en lo oscurito, y de todos modos daban dinero. ¿¡What!? Y todavía remató diciendo que quién no se quiere ganar 20 millones de pesos y que él sí iba a comprar su cachito.
Y llegamos al cuarto acto: Novela negra. El SAT le pide un pago atrasado a Alsea, la controladora de Starbucks, Burger King, Domino’s, Vips, etc, y que pertenece a Alberto Torrado. Le exigió un pago atrasado de dos mil 440 millones de pesos; luego le pidió ocho mil 290 millones de pesos a América Móvil, de Carlos Slim. Y el martes pasado le pidió 10 mil 559 millones de pesos.
Todo esto por supuestos impuestos atrasados por distintas operaciones. Todas, aparentemente, cubiertas en tiempo y forma.
Ya no sé si es Palacio Nacional o tienda de abarrotes, donde a veces te toca despensa y otras…
¿Será que era charola o SAT?
Eso lo veremos un paso a la vez.

Arturo Alavez / Analista Económico