La nueva guerra de Trump contra Irán

 
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Tres días antes del día de los tres reyes magos, el país con más cristianos del mundo (EEUU) le dio un “regalo” al país de donde salieron dicho sabios persas de la época bíblica. Un dron norteamericano lanzó varios misiles que asesinaron al general Qasem Soleimani (el más importante militar persa y también del autonombrado “Eje de la Resistencia”), a Abu Mahdi al-Muhandis (el número dos de las Fuerzas de Movilización Popular, las cuales organizan a unas 150 mil milicias iraquíes), y a un total de una decena de altos mandos de Irán e Irak.
Donald Trump abiertamente reivindicó el ataque que se dio contra los automóviles que trasportaban a estos oficiales cuando salían del aeropuerto civil internacional de la capital iraquí. Según el presidente norteamericano Soleimani había estado implicado en las muertes de muchos estadounidenses y preparaba nuevos “crímenes” más. Irán ha condenado ello como “terrorismo de estado”.
Para Hassan Nasrallah, el secretario del Partido de Dios de Líbano (Hisbola), este atentado es peor que si es que EEUU hubiese lanzado misiles contra Irán. Para él éste ha sido un ataque brutal contra toda la coalición donde están los gobiernos de Irán, Irak y Gaza y movimientos armados chiitas que controlan importantes territorios en Afganistán, Irak, Líbano y Yemen. De allí que para él la respuesta que se le va a dar a EEUU será tomada por todo el “Eje de la Resistencia”.
Soleimani es percibido por los “antiimperialistas” chiitas como un Ché Guevara islámico y por sus enemigos como un genio militar tan importante para Teherán como los generales Eisenhower y Zhukov lo fueron para Washington y Moscú, respectivamente. Él había sido el gran estratega que había logrado que Irán consiga algo que no lo ha podido conseguir cualquier otro país del “Tercer Mundo”: crear una red de fuerzas armadas de combate que dominen varias regiones y países de su entorno geográfico.

Resistencia
El asesinato de Soleimani se dio poco antes que la revolución nacionalista islámica fuese a conmemorar su 41 aniversario. Entre el 7 de enero de 1978 y el 11 de febrero de 1979 Irán fue sacudido por grandes protestas sociales que condujeron al derrocamiento popular del Shá, el monarca absoluto pro-Washington con más súbditos en todo el mundo.
Irán pasó de ser el mayor aliado de EEUU en el Medio Oriente, a convertirse en su principal enemigo. Cuando manifestantes ocuparon la embajada norteamericana en Teherán y retuvieron a 52 rehenes, el Pentágono quedó humillado cuando fracasó en un operativo militar hecho para liberarlos. Después, a fin de buscar contrapesar al nuevo gobierno de los ayatolas, EEUU junto a sus aliados occidentales y a todas las petro-monarquías autocráticas de la península arábiga financiaron y armaron a Saddam Hussein para que en 1980 el ejército iraquí invada a Irán.
La guerra Irak-Irán duró el doble que la I Guerra Mundial. En sus 8 años de duración murieron al menos un millón de personas. La OTAN se hizo de la vista gorda cuando Bagdad masacró a miles de sus propios civiles kurdos y también a soldados iraníes con gases químicos, armas que inicialmente les fueron proporcionadas por Occidente.
En 1991, cuando Hussein pensaba que EEUU iba a tolerar que Irak reincorpore a su territorio al emirato de Kuwait, tal y cual había pasado antes cuando en 1975 Indonesia invadió la ex colonia portuguesa de Timor Este, George Bush padre decidió salir en defensa de sus socios kuwaitíes. A diferencia del Asia sudoriental en Kuwait hay mucho oro negro y estaba en riesgo el futuro de otras autocracias que garantizan a EEUU acceso a la mayor reserva petrolífera del planeta.
La guerra contra Irak permitió que Irán rompiese su aislamiento. Luego, cuando en 2001 Washington invadió a Afganistán y en 2003 a Irak, los ayatolas lograron que los norteamericanos eliminen a sus dos mayores contrincantes: a su oeste derrocaron a Hussein quien tanto les masacró y a su este arrinconaron a los talibanes, cuyo fundamentalismo sunita perseguía a los chiitas afganos.
En el caos desatado por la invasión anglo-americana a Irak se fortalecieron los movimientos armados de la etnia chiita que representa al 60% de la población iraquí. Irán, que es la mayor nación chiita del mundo, fue alentando a estos movimientos.
Irán no reaccionó mucho cuando EEUU, Francia y Reino Unido bombardearon Libia y acabaron con Gadafi, a quien consideraban un secular socialista panarabista. Sin embargo, cuando EEUU quiso derrocar a Bashir Assad en Siria, allí Irán sí puso todas sus fuerzas para socorrerlo. Los Assad pertenecen a la secta alawita, que es una variante del chiismo. Para Irán y para los chiitas que en Líbano son la mayor etnia, es fundamental evitar que los fundamentalistas sunitas armados por las petro-monarquías arábigas y EEUU le hubiesen sacado del poder.
Soleimani fue uno de los artífices en lograr que miles de combatientes chiitas de Irán, Irak y Libia llegasen a Siria para defender a Assad. Gracias a la alianza con Moscú, que en la costa siria de Latakia tiene a su principal base naval en el Mar Mediterráneo, es que junto a los bombarderos rusos lograron terminar ganando la guerra civil siria.
Cuando una escisión de Al Qaeda creó un Estado Islámico ocupando el tercio occidental de Irak y el contiguo tercio oriental de Siria fueron las fuerzas chiitas capitaneadas por Soleimani y los “peshmergas” kurdos quienes lograron capturar todas las urbes que inicialmente fueron parte de dicho Estado.
Mientras que para EEUU e Israel Soleimani es un “terrorista”, para la mayor parte de quienes lograron erradicar al “Estado Islámico de Irak y Siria”, él fue el gran estratega de las fuerzas antiterroristas.

Venganza
Además de haber logrado establecer un “corredor chiíta” desde el oeste afgano hasta el Mar Mediterráneo, uniendo a zonas que anteriormente llegaron a ser parte del imperio persa de la antigüedad, Soleimani jugó un rol clave en asistir a la creación de enclaves “liberados” armados en Líbano, Gaza y Yemen.
Oficiales iraníes ayudaron a estructurar en Líbano la resistencia de sus correligionarios chiitas contra la invasión israelí y los falangistas maronitas. Este proceso daría luego nacimiento al Hezbolá de Nasrallah, el cual hoy se reivindica de ser el único partido militar árabe en haber expulsado a tropas israelíes de su territorio. Este movimiento surgió luego de que en 1982, 1983 y 1984 simpatizantes de Irán produjeron 3 explosiones contra blancos diplomáticos y militares de EEUU que totalizaron unas 350 muertes, la mayor de ellos marines y soldados estadounidenses.
Soleimani ha ayudado mucho a que Hamas se consolide como la única autoridad en Gaza y que constantemente lance cohetes contra Israel. Mientras Tel Aviv suele recibir dichos ataques desde el sur por parte de Hamas y la Yihad Islámica, desde el norte han recibido cohetes de mayor alcance lanzados por un más experimentado partido pro-persa: el Hezbollah.
Soleimani también ha sido clave en ayudar a que el movimiento Houthi centrado en tribus chiitas (que representan más de un tercio de la población del Yemen), logren capturar el norte de dicha república, incluyendo su capital Sana’a. A pesar que no hay tropas iraníes operando en Yemen, los houthis se han beneficiado de diversas formas de apoyo persa para haber generado una fuerte resistencia militar a los tanques y bombarderos que provienen de Arabia saudita y Emiratos Árabes Unidos, autocracias que tienen un mayor presupuesto bélico que el de Teherán.
Todos estos movimientos han decidido que han de organizar una venganza común, lo que va a implicar una serie de ataques coordinados contra blancos militares y comerciales de EEUU y de sus socios en la región.

Electoralismo
El asesinato de Soleimani se dio a 59 días de las elecciones generales de Israel a darse el 2 de marzo y a 11 meses exactos de las que se darán en EEUU el 3 de noviembre.
En Israel esta es la tercera que se da en un periodo de apenas 11 meses. El actual primer ministro Benjamín Netanyahu perdió en los últimos comicios de septiembre pero pudo retener su puesto debido a que quien le ganó, el general retirado Benny Gantz, no pudo establecer una coalición de gobierno. Trump ha sido el mejor promotor electoral de Netanyahu y por eso ha reconocido la anexión israelí de la zona árabe de Jerusalén y del Golán sirio. Al asesinar a Soleimani Trump ha dado un fuerte golpe a Gantz. Por un lado, ha favorecido a Netanyahu, quien ha venido estando segundo en todas las encuestas y quien quiere evitar los procesos judiciales que buscan encarcelarle por corrupción. De otra parte, Ganz, para no quedar mal con el electorado, apoyó la acción de Trump con lo cual podrá perder el apoyo de la que será la bancada dirimente del congreso israelí (la lista árabe).
En EEUU Trump llegó a la presidencia en 2016 pese a perder en las urnas por casi 3 millones de votos debido al apoyo de ciertos Estados claves. Hoy él no va bien tras el impeachment y una creciente ola de cuestionamientos, mientras que los demócratas le ganan en los sondeos. Con esta clase de acciones él quiere demostrar que es todo un “macho”. Sus acciones de armas buscan generar un impacto positivo en las urnas.

Guerra
El asesinato de estos 10 militares iraníes e iraquíes constituye una declaración de guerra, aunque no formal. Ésta ha destruido toda una década de negociaciones de EEUU, Alemania, Francia, Reino Unido, China, Rusia e Irán para llegar a una moratoria nuclear a cambio de levantar sanciones.
Si el objetivo de Trump ha sido el de contener a Irán lo que está produciendo es lo opuesto. El parlamento iraquí demanda la expulsión de las 5,200 tropas norteamericanas, algo que de darse fomentaría la expansión del eje chiita-persa por todo el Medio Oriente.
La alianza pro-chiita no necesariamente va a responder con un ataque directo a EEUU, aunque el 8 de enero unos 22 misiles persas impactaron sobre bases norteamericanas en Irak. Es probable que estas confrontaciones se vayan dando con una serie de golpes a sus aliados locales agrediendo a Israel, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita. Los estrechos que unen al golfo pérsico y al mar rojo con el océano índico pueden ser nuevos blancos.
Irán va a hacer todo lo posible por dividir a la OTAN y a Europa y para lograr que Turquía, Rusia, China y varios países latinoamericanos traten de cuestionar a Trump.

Isaac Bigio / Analista internacional