Porfirio Díaz: a la Prensa, pan o palo

 
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Cierto, el México de la era porfirista registró un marcado crecimiento económico, pero también se distinguió por entablar una sistemática censura mediática y social. Es a Porfirio Díaz a quien se le adjudica haber aplicado el lema: a la prensa, pan o palo. Carretonadas de dinero o golpizas, cárcel y hasta fusilamientos.
Durante la última década del siglo XIX, la vida en la Ciudad de México transcurría lenta, nada extraordinario sucedía, ni nadie tenía prisa. Los hombres se daban el lujo de pasar varias horas en los salones, gastando un real por cada copa de ajenjo (bebida de moda entre los intelectuales), al discutir temas de actualidad, uno de los preferidos es si el nuevo siglo empezaría el 1 de enero de 1900 ó de 1901.
De acuerdo con un artículo publicado por Leticia Frías el 3 de mayo de 2017 en la Revista Algarabía, Francia era entonces el centro cultural del mundo y en el México porfiriano era indispensable hablar francés, para demostrar refinamiento. De esa boyante nación europea se habían importado los ideales de su Revolución: «Libertad, igualdad y fraternidad», así como el positivismo, doctrina que había permeado la economía, la política y la educación en nuestro país.
México se había modernizado con la llegada de los ferrocarriles, el telégrafo, la electricidad y, en 1900, el tranvía eléctrico en la capital del país. El siglo XX traía los vientos del progreso, con el aeroplano de los Wright y el cinematógrafo de los Lumière. Atrás quedaban décadas de luchas intestinas en pro de la libertad, con que muchos países de América lograron su independencia.
Sí, en México reinaba la paz, pero la paz de los sepulcros, con campesinos y hombres que repudiaban la explotación y abusos imperantes en la nación. Además, la neurosis de fin de siglo elevaba la incidencia de suicidios y no faltaba quien acusara a la prensa de haberlos fomentado al narrar cómo algunos se quitaban la vida.
Y es que en diarios y revistas se explicaba cómo el suicida masticó la píldora de cianuro, aspiró el ácido carbónico, se ahorcó con elegancia o hasta se dio un balazo sin dejar un escenario desagradable.
Sobresale también que entonces, a pesar de que solo el 10 por ciento de la población sabía leer y escribir, a la prensa se le consideraba como el cuarto poder. Y cada semana aparecía un nuevo periódico o revista, aunque su editor sabía que, de elegir el camino de la crítica severa antiporfirista, terminaría por cerrar la publicación.
Desde 1876, cuando Porfirio Díaz asumió la Presidencia no admitía críticas y, para evitarlas, puso en vigor la política de «pan y palo». El dictador pagaba los halagos con subsidios a la publicación; pero encarcelaba o fusilaba a quienes lo fustigaban. Para 1888 subvencionaba casi 60 periódicos en la República. El costo de esa medida equivalía al presupuesto del Congreso de la Unión: un millón de pesos al año.
Así, mientras El Imparcial se consolidaba como industria poderosa, adulando a don Porfirio y reducía el costo del ejemplar a dos centavos; la prensa de oposición estaba muy lejos de poder competir con ese precio, El Hijo del Ahuizote, de los hermanos Flores Magón, costaba 12 centavos. Sí, no había aún “benditas redes sociales”.
La libertad de prensa había quedado garantizada en la Constitución de 1857; pero en 1870 se aprobó la Ley de Imprenta, que castigaba los «abusos» de escritos «injuriosos, subversivos, sediciosos e inmorales»; que pretendieran trastornar el orden público, incitar a la desobediencia de las leyes o imputaran a los gobernantes defectos falsos u ofensivos.
La ley señalaba que las penas serían económicas; pero en la realidad iban desde la clausura del diario hasta el encarcelamiento del autor, del prensista, el tipógrafo, el cajista, los dobladores, incluso, de los niños «papeleros» y a veces hasta la incautación de la imprenta. Peor aún, hubo muchos periodistas torturados.
La Cárcel de Belén tenía un “cajón del muerto”. Era un cuartito sin luz donde apenas cabía un ser humano en el que se encerraba al preso junto con un dedal lleno de chinches durante varios días. Otra tortura era la bramadera: un poste al que se amarraban las manos y los pies hasta que el dolor se volvía insoportable y los reos empezaban a «bramar».
A los periodistas más «peligrosos» o reincidentes se les enviaba a las tinajas de San Juan de Ulúa. Tal fue el caso de Daniel Cabrera, dueño de El Hijo del Ahuizote, periódico «feroz e intransigente», escrito en verso y en prosa irreverentes, con historietas de caricaturas mostrando al presidente armado con la «matona» para acabar con la Constitución y echando raíces en la silla de la dictadura.
El Hijo del Ahuizote fue un periódico-revista satírica mexicana fundada en 1885 por Daniel Cabrera Rivera y Manuel Pérez Bibbins, junto con Juan Sarabia. En julio de 1902, Ricardo y Enrique Flores Magón arrendaron la publicación y se encargaron de la edición. Durante esta época se caracterizó por su oposición al régimen de Porfirio Díaz a través de la difusión de caricaturas.
El ahuizote es la nutria o perro de agua, animal que tiene lugar en la mitología mexica; la palabra proviene del náhuatl «ahuízotl», a(tl), que significa «agua», y de huiz(tli), que significa «espina». Díaz no toleró las críticas a su gobierno y desató una fuerte represión contra la prensa independiente que se atrevía a cuestionarlo. Muchos periodistas fueron encarcelados o asesinados, las publicaciones eran suspendidas y las imprentas, clausuradas o destruidas.
Pero bueno, la historia no siempre se repite aunque nunca han faltado los porfiriodíaz disfrazados de demócratas y es que, la semana que termina, diputados locales morenistas de Hidalgo vieron trunca su iniciativa de imponer en esa entidad una “ley mordaza” a modo, con la cual intentaban convertir en juzgado al Instituto Estatal Electoral y que pudiera “amonestar” a medios de comunicación “que no respeten la honorabilidad” de personajes públicos.
Luego del creciente rechazo que expresaron comunicadores, y las duras críticas de la oposición, la diputación local de Morena suprimió el artículo 35, que establecía tal felonía: amonestar a medios de comunicación que no respetaran el honor de candidatos y dirigentes partidistas “independientemente de las penas y medidas de seguridad en que incurran por esta conducta”. Otra ley mordaza, truncada…

Jaime Arizmendi /Argonmexico