La marcha contra la inseguridad

 
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Edgar González Ruiz

La organización de la marcha del sábado 30 de agosto, supuestamente “contra la inseguridad” buscó en realidad, apoyar la propaganda de Fecal, basada en identificar ese problema como el principal del país.
Con ello, a la vez que el gobierno espurio intenta justificar la militarización, se privilegian los intereses de los más ricos, que suelen ser ladrones de cuello blanco, a la vez que víctimas naturales de una delincuencia organizada, cuya operación requiere de complicidades con elementos de la policía y del ejército.
Ciertamente, en el capitalismo proliferan los delitos contra la propiedad, que se cometen sea por necesidad o por ambición, por ello, la clientela natural de la marcha del sábado eran los alumnos de escuelas particulares, y las familias acaudaladas que asistieron un rato a la marcha, luego de haber ido a comer a los restaurantes caros de Reforma y de la Zona Rosa.
Iban vestidos de blanco, como evocación de la ideología de la ultraderecha católica que animó los primeros movimientos “contra la inseguridad”. Estos surgieron, con esa simbología, en 1993, en Guadalajara, en protesta por el asesinato del cardenal Juan Jesús Posadas, en Guadalajara; eran las llamadas “damas de blanco”. En 97, surgió México Unido contra la Delincuencia, encabezado por el ultraderechista Guillermo Velasco Arzac, del cual ahora ese grupo dice ahora estar distanciado. En 2004, la ultraderecha, con un inmenso apoyo mediático logró sacar a la calle a muchas personas, que simplemente protestaban “contra la inseguridad”, en un acto que los organizadores, entre los que se contaba Velasco Arzac, entendieron como parte de su estrategia para desestabilizar al gobierno de AMLO.
La inseguridad es un problema en todas las sociedades capitalistas, pero la derecha empresarial lo manipula a su conveniencia, para avalar la represión y para dejar de lado los verdaderos problemas sociales, como la pobreza, la subsistencia cada vez más difícil de la mayoría de las personas, y en particular de los ancianos, la elevación de los precios y de los impuestos, etc.
Muchos se preguntan por qué miles de personas que no son acaudaladas fueron a la marcha, y la respuesta radica, evidentemente, en la manipulación de los “grandes” medios, dedicados a apoyar esa manifestación y su ideología subyacente. La del sábado fue, como en 2004, una marcha promovida por la televisión, por estaciones de radio y periódicos como El Universal, por ejemplo, que en su primera plana de la edición del día anterior ofreció dar seguimiento a la marcha “contra la inseguridad” durante todo el día.
Hay que notar que esos mismos medios que facilitan el acarreo a las marchas “contra la inseguridad”, despotrican sistemáticamente contra los actos populares encabezados por AMLO, y hace dos años incluso en la televisión dejaron de reportar algunas de las marchas más numerosas de la resistencia civil.
Además de que la marcha de hace unos días convocó a menos gente que la de 2004, fue notable que la derecha recurriera a membretes o personajes nuevos, supuestamente ajenos al activismo católico conservador, al grado de que en cartelones pegados en las aceras cercanas al Angel, México Unidos contra la Delincuencia, proclamaba ser una organización “laica”. Pero la verdad es que, unos y otros, Moreira y Velasco Arzac, por mencionar dos casos conocidos, siguen están do en el mismo barco, de quienes apoyan al gobierno Fecal y reivindican la permanencia de la derecha en el poder.
La marcha se articuló en torno al asesinato de un adolescente de familia multimillonaria, que gozaba de la protección de una guardia personal, pues los medios quieren que la gente, incluso la más pobre, se identifique con los problemas de la élite. Es dramática cualquier tragedia humana, y en particular la de ese joven, pero es absurdo plantear que su situación y su forma de vida tiene punto de comparación con la de los inmensa mayoría de los mexicanos. ¿Cuántas personas disfrutan de condiciones holgadas para vivir?, y de ellas, ¿cuántas tienen tanto dinero que no pueden estar seguras ni siquiera con un pelotón de guardaespaldas?. La identificación de muchas personas con el drama que vivió esa poderosa familia, fue resultado de una labor de los medios.
El sábado llegaban al Angel de la Independencia, formando un grupo compacto y clasista, señoras y señores ricos, bajándose de lujosas autos particulares, vestidos con ropa blanca de marca, muchachas y jóvenes de escuelas particulares, como El Cristóbal Colón de Lomas Verdes (que fuera hace unas décadas uno de los semilleros del grupo Provida), de La Salle, y de otras escuelas, muchos de ellos en camiones cuyo alquiler costaba alrededor de 5 mil pesos por unidad.
Fue una marcha promovida por los intereses clasistas, de quienes temen que una banda encuentre que es buen negocio secuestrarlos o asesinarlos para quitarles algo de sus muchos millones. Desde luego, fueron muchas otras personas, incluso de clase media y hasta de condiciones humildes, pero fueron ante todo porque la televisión y la radio los llevaron tramposamente, manipulando su inquietud por sufrir algún tipo de robo o de violencia por parte de una delincuencia que sólo puede menguar si en el país existen condiciones más justas y más bienestar para todos, con políticas como las que impulsó AMLO, de crear escuelas públicas y ayudar a los que menos tienen.
A unos metros de la concentración de los preocupados por la “inseguridad”, había otras personas a las que los medios ignoran olímpicamente: son los que carecen de recursos y que esta tarde, en las cercanías de las estaciones del Metro, estaban buscando desperdicios para comer. Ellos no existen para Televisa ni para la propaganda Fecal, según la cual, todos tenemos en México tal prosperidad, que hasta podemos ser víctimas de las grandes bandas de ladrones. Para esas personas marginadas, su preocupación es encontrar algún lugar donde dormir y algo que comer; para muchas otras, sin llegar a ese extremo, su verdadero problema es no poder pagar la renta, la luz, el gas, etc., pero Fecal y sus aliados mediáticos pretenden que todos debemos pensar como si fuéramos millonarios.
Otro aspecto desconcertante puede ser la medida en que la marcha y en general la propaganda mediática en torno a la inseguridad, afectará al gobierno espurio. Este último tiene un guión muy claro que es nada menos que, con algunas variantes, el que ha seguido Bush para sus guerras y el exhibido recientemente en la película Batman (la lucha “contra el crimen organizado”): las autoridades se presentan como encabezando una “guerra” para neutralizar la oposición y para movilizar a la gente en apoyo a los proyectos plutocráticos.
Los medios siguen las consignas fecales que insisten en el tema de la inseguridad, el narcotráfico, etc., pero el infantilismo de ese guión oficialista se hace patente cada día: la delincuencia no se puede erradicar en un sistema basado en las desigualdades económicas, y menos todavía se logra eso involucrando al ejército, además de que, en particular, el narcotráfico sólo se puede acabar mediante la despenalización de las drogas. Mientras exista el clandestinaje existirá el crimen ligado a él, con la complicidad de la policía y del ejército.
Lo que ha ocurrido desde hace dos años es bastante sencillo: para legitimarse y evitar los procesos democráticos, el gobierno panista de Fecal usa la ideología de la inseguridad, con apoyo de los grandes medios, pero ahora, paradójicamente, la persistencia de los crímenes y de la delincuencia, demuestran que Fecal no está teniendo éxito, pues ante todo la consigna de la llamada “lucha contra la delincuencia organizada” es un absurdo, sobre todo si constatamos que la principal banda de delincuentes, la que se apoderó del gobierno en el 2006, y que todos los días abusa del poder, está encabezada por ese personaje.