La historia negra de Alejo Peralta

 
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23 de septiembre de 1956
Alejo Peralta contra el IPN
Edgar González Ruiz

Bajo el gobierno de Fecal, los ataques a la educación pública han llegado a su clímax, así como el oportunismo de quienes dirigen algunas de esas instituciones, como el Politécnico, que poco a poco han ido abandonando sus raíces populares para ponerse al servicio del empresariado. Ese proceso comenzó a mediados del siglo pasado, con episodios como el desalojo del internado del IPN.
La derecha y muchos empresarios propiciaron y aplaudieron la clausura del internado del Instituto Politécnico Nacional, destinado a los estudiantes de las clases populares, que fue violentamente desalojado con ayuda del ejército, la madrugada del domingo 23 de septiembre de 1956.
Mientras el gobierno del presidente Adolfo Ruiz Cortines recurría a las consignas anticomunistas de la época para justificar esa agresión, el partido católico, el PAN, se unió al coro de detractores de la educación popular, donde ocupaba un lugar protagónico el empresario Alejo Peralta, flamante director del IPN, que fue quien directamente pidió la intervención militar.

Un enemigo del pueblo
Peralta, quien hacia alarde de ser “varias veces millonario” exhibía su vulgaridad y su primitivismo, muy al estilo empresarial, en una agresiva retórica contra los estudiantes, a quienes, no sólo acusaba de agitadores sino hasta de disolutos y pervertidos sexuales.
Según Peralta, en el internado se enseñaba “la corrupción y la falta de respeto a los demás, a la propiedad privada, al prójimo, al propio estudiantado y a las autoridades” (Novedades, 24 de septiembre de 1956, p. 9)
Evidenciando un primitivismo ideológico y sexual compatible con la riqueza y la falta de cultura, Peralta se mostraba horrorizado por supuestos hechos que él chismosamente denunciaba, como las “visitas frecuentes de mujeres galantes” a los internos, el consumo de alcohol (como si él hubiera sido muy sobrio), y “prácticas de homosexualidad”.
Reflejando sus propias fantasías, decía Peralta que la convivencia en el internado era altamente inmoral, pues incorporar a estudiantes de diferentes edades correspondientes a grados de estudios distintos, “hacía que vivieran en una promiscuidad de fatales consecuencias”
Con su mentalidad de comerciante voraz, Peralta se mostraba horrorizado por el gasto en la manutención de los politécnicos, que “mermaba” los ingresos de esa institución. Le molestaba que los internos comieran demasiado, que pidieran sábanas nuevas y artículos de limpieza, y en el colmo del derroche, ¡hasta chamarras de la institución a la que pertenecían¡.
A decir de Alejo, el internado era “el germen de la indisciplina, de la anarquía y de la corrupción estudiantil”. Por su parte, los periódicos de la época calificaban a los estudiantes a quienes Peralta reprimió, como “vividores”, “mariguanos”, “agitadores comunistas”, “mariachis sin guitarra”, “verdaderos bandoleros que usufructuaban la condición de estudiantes estafando al estado” .
En su número del 30 de septiembre de ese año, la revista La Nación, del PAN, coincidía con el empresario poblano, al considerar como “absolutamente comprobado” que “el Internado se había convertido en el principal foco de agitación y fuente de todos los problemas del Poli…”.
Añadía que en él “se habían registrado casos de perversión sexual y viciosos de toda laya, al extremo de que el secretario de la Defensa Nacional dijo que “solamente viendo se podía creer que existiera tal perversión” (p. 10).
Se refería a la “complicidad abierta y descarada” de las autoridades “con los líderes pepinos y comunistas” para “crear situaciones difíciles y a la sociedad desconcierto y desequilibrio” (p. 10).
Concluía que la ocupación militar no era solución “mientras en ls altas esferas educativas sigan medrando las células comunistas” .
Adicionalmente, La Nación citaba declaraciones de Alejo Peralta, insinuando su carácter prepotente y autoritario: “…a mí me trajeron a dirigir y no a obedecer el capricho de lso líderes. Estos no tenían por qué meterse en asuntos de administración, eso nos corresponde a nosotros, que para eso estamos”.
La supresión del internado, que representaba un importante apoyo para los estudiantes más pobres, fue sólo el inicio del declive de la educación popular que Cárdenas buscó impulsar desde el Politécnico.
A la fecha, muchos de sus egresados trabajan para empresas como Bimbo, cuyo patriarca, Lorenzo Servitje, pese a ser una verdadera momia, sigue fungiendo como uno de los principales promotores de la ultraderecha mexicana y latinoamericana.
A cambio de los sueldos que paga a los ingenieros que apoyan a esa empresa en áreas de mantenimiento y producción, los presiona para que participen en peregrinaciones católicas y en el activismo político religioso que encabeza ese empresario, considerado como uno de los financiadores de la guerra sucia contra la izquierda, en las elecciones del 2006.

La historia negra de Los Peralta
Empresario corrupto y voraz, famoso por practicar con éxito el tráfico de influencias, Peralta fue también ejemplo destacado de hipocresía y doble moral.
Alejo, quien no toleraba que los internos tuvieran vida sexual, por considerar a esta muy “inmoral”, tuvo varias amantes conocidas, entre ellas Irma Serrano, cuyos favores compartió con Gustavo Díaz Ordaz.
Pero eso es lo de menos, lo reprobable es la criminalidad que ha prevalecido dentro de la familia, que supuestamente fue educada “en los más altos valores”, y no en la “promiscuidad” y la “mugre” como los internos del IPN, cuyo principal delito fue el de ser pobres.
Su hijo, Alejo Peralta Quintero, fue muerto a balazos por su cuñada Herlinda Gaxiola, luego de una discusión que involucraba otros líos sexuales y familiares, y en 1978, su sobrino Anacarsis Peralta Torres, hijo “ilegítimo” de su hermano Héctor Anacarsis Peralta Díaz Ceballos, cobró celebridad cuando se hizo sospechoso de haber participado en el asesinato de los ancianos Flores Alavez, perpetrado por su amigo, Gilberto Flores Alavez, en lo que fue uno de los crímenes más famosos de la época.
Peralta Torres se libró de mayores problemas debido al apoyo policiaco y judicial que obtuvo gracias a su poderoso tío Alejo, cuando este era prestanombres del entonces jefe de la policía capitalina, Arturo Durazo Moreno.
Hay que tener en cuenta que desde su más temprana edad, los Peralta Quintero aprendieron lecciones de moral y buenas costumbres, pues desde los cinco o seis años eran amigos de los Salinas de Gortari, entre ellos el expresidente Carlos Salinas, quien a los tres años tomó parte en el fusilamiento de su sirvienta, junto con su hermano Raúl.
Muchos años después, Carlos Peralta sería cómplice de Raúl Salinas, quien a decir del primero, tenía entre su dinero sangriento por lo menos 50 millones de dólares que en realidad eran propiedad de Peralta Quintero.
Apenas el año pasado, Carlos Peralta apareció como dueño original de la costosa camioneta con la que Norberto Rivera atropelló a varias personas que protestaban contra él.


Publicado por Edgar González Ruiz para La guarida del nagual el 6/13/2008 03:48:00 AM