La leyenda negra

 
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Jorge Lofredo*

La “leyenda negra” fue uno de los factores determinantes que decidió la transformación del Partido Revolucionario Obrero Clandestino Unión del Pueblo (PROCUP) al Partido Democrático Popular Revolucionario-Ejército Popular Revolucionario (PDPR-EPR).

Esta leyenda se fundamentó en la consumación de ejecuciones internas (ajustes de cuenta) al interior de la organización aunque fue considerada por el propio EPR como una estrategia del Estado Mexicano en su contra.

Sin embargo, denuncias semejantes reaparecieron entre 1998 y 1999 –durante la primera etapa de desprendimientos en el eperrismo– pero, en contrario, en esta ocasión se conocieron a través de ex miembros de la organización que luego se convirtieron en líderes o integrantes de los grupos escindidos.

El tercer momento aún transcurre y salió nuevamente a la luz con las recientes afirmaciones de Rocío Mesino (La Jornada, 7 de abril) sobre el carácter “paramilitar” y “ejecutor de luchadores sociales” de una de estas organizaciones: Tendencia Democrática Revolucionaria-Ejército del Pueblo (TDR-EP).

Este último período inició en septiembre de 2005, tras la reivindicación de la muerte de Miguel Ángel Mesino Mesino (miembro de la Organización Campesina de la Sierra Sur, a la que pertenecían los diecisiete campesinos asesinados en Aguas Blancas y tragedia fundamental para esta nueva generación de grupos armados) por parte del Comando Popular Revolucionario La Patria es Primero, integrante de TDR-EP.

Tendencia se coordina actualmente junto al Movimiento Revolucionario Lucio Cabañas Barrientos (a quien el EPR había denunciado días antes como el organismo ejecutor del hecho) y otras organizaciones más pequeñas desde junio de 2006.

En efecto, las confrontaciones internas, el enfrentamiento entre diferentes grupos, las acusaciones cruzadas hechas públicas –a pesar de ser un momento particularmente intenso en cuanto a datos de relevancia al interior del movimiento guerrillero–, el todavía difuso papel que ocupaba Mesino tanto dentro o fuera del movimiento revolucionario y su muerte, reprodujeron una dinámica que a más de treinta años atrás alcanzó a embargar a los grupos clandestinos armados.

En distintas entrevistas, algunas inéditas, los grupos armados accedieron a responder sobre el tema, lo que no implica de manera alguna la intención de revivir una polémica fratricida sino de encontrar los caminos que permitan definir algunas actitudes con respecto a su historia inmediata y el discurso de coyuntura que producen algunos de ellos.

No obstante que son demasiadas extensas para reproducirlas aquí, es posible agregar que la “leyenda negra” que embargó al PROCUP y que continuó con el EPR, ésta se reproduce a partir de Mesino pero con TDR como sujeto.

Sin embargo, la otra versión oficial que niega la existencia de las divisiones intestinas de los grupos armados no logra explicar qué lógica embarga a esta circunstancia.

En efecto, las divisiones no se producen tras su muerte pero si se agudizan y acentúan, y sigue siendo el escollo para que la dispersión guerrillera no alcance algún tipo de unidad (tomando como punto de partida que todos los grupos consideran las divisiones como síntoma de debilidad), tanto peor aún cuando la descalificación no proviene del “enemigo” de estos grupos, el Estado, sino de otros grupos semejantes u organizaciones sociales, como es el caso más reciente.

No se conoce tampoco un debate público acerca de estas circunstancias, lo que dificulta en parte la reconstrucción de este proceso, aún cuando se desarrolla una campaña militar que tiene como protagonista a uno de sus actores fundamentales.

Ello, sin embargo, resulta lógico y hasta comprensible pues la historia nunca es abstracta, lineal ni ajena al espíritu humano, sino todo lo contrario.

Por tanto, es necesario que toda historia deba y merezca ser contada, fundamentalmente por sus propios protagonistas; sino, como en este caso, la elucubrarán aquellos quienes a sangre y fuego impusieron, e imponen aún, la suya propia.

A través de sus escritos y entrevistas, más allá del manto de acusaciones mutuas que allí se refleja, se van encontrando distintas historias, idearios y de inmediato la toma de posición de cada sigla.

Esta es una de esas maneras donde podrá notarse nítidamente el lugar que cada una ocupa en la actualidad del conjunto de organizaciones armadas mexicanas contemporáneas.

Y es allí donde puede descubrirse una segunda lectura que en los mismos se incluyen, tras omitir los desencuentros que se reflejan.

Ellos, los desencuentros, son tan sólo un momento –un instante– de un movimiento que cuenta con y en pos de una identidad común.

No obstante, la necesidad de descubrir esa historia aspira sólo a conocer y saber cuál proyecto revolucionario se propone para México desde la clandestinidad.

Junto a las acusaciones contra Tendencia, la negativa a reconocer las divisiones permitiría la construcción de una nueva leyenda negra que recaería sobre la totalidad del movimiento armado y que seguramente encontrará su correlato en los movimientos sociales.

En este sentido, otra historia narrada sobre el PROCUP está pendiente de escribirse; mientras tanto el espacio es ocupado por una construcción histórica ajena a sus estructuras o, por lo menos, donde sus protagonistas están ausentes de la misma.

Y en este vacío, o en parte por él, se facilita la elaboración de esa leyenda que reemplaza a cualquier otra narración.

No obstante, dentro de aquel espacio de acusaciones mutuas, algunos elementos cobraron cierto relieve que pueden estimarse como las primeras aproximaciones para establecer los hechos de un pasado todavía reciente y de ninguna manera clausurado.

Y es ahí precisamente donde radica su mayor importancia.

*Investigador CENTRO DE DOCUMENTACIÓN DE LOS MOVIMIENTOS ARMADOS

http://cedema.org

Publicado por Sr. nagual para La guarida del nagual el 4/13/2008 01:47:00 PM