31 años

 
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¡Gracias!

Hace dos años, un 28 de febrero, murió mi primo Enrique, quien fue algo así como mi hermano mayor. Considerado la “oveja negra” de la familia siempre tuvo gestos nobles conmigo, pero cuando tuve que ir a identificarlo, luego de que fue atropellado y lo encontramos donde nadie quisiera encontrar a sus familiares, el Servicio Médico Forense (Semefo), cambió algo en mi vida. Enrique, con su mujer, Aída habían asistido a una celebración adelantada de mi cumpleaños y ese día, en 2004, fue de mucha nostalgia.

Dicen que los portugueses tienen ese ánimo, es una forma de ser derivada de ser los segundos en la historia del mundo, quizá eso lo demuestran en su tradicional fado, que es algo así como la tristeza del eterno perdedor y del que sabe que nunca logrará su objetivo.

Esta vez, la celebración no contó con el mismo quórum de las otras veces. Quizá porque entre las campañas electorales, el distanciamiento de “los nuestros” que han migrado a otros espacios laborales y la propia condición nostálgica de un ciclo que se torna en matices de remembranza de un tiempo que ha pasado y, que quizá, fue menos pior.

Los incondicionales de siempre, mis adorados padres, Marco y su novia Tere,así como el imprescindible Balú, le calleron a la auténtica guaridisima para espantar esa nostalgia que a veces lo sigue a uno como un perrito faldero. El Rnest, el Rulo, La Güera y uno que otro compa de esa tropa que siempre regresa para saludar a los que hemos sido llamaron para disculparse, pero siempre en el mejor de los ánimos y con la promesa de regresar.

En el crucigrama de ausencias, la parte central se la llevo una cita que quedó pendiente en el filo del tiempo desde que mi sentimiento carnal adquirió uso de razón. Esa insondable melancolía que no quiere materializarse sólo fue capaz de repetir la frase aquella de iniciar la nueva etapa para dejarme el vacío y la promesa rota. Quizá tenga la culpa por preferir los sueños, pero la vida llega y a veces, sólo a veces, te da una segunda oportunidad.

La conclusión de un año y el inicio del otro siempre permite hacer un blance, evaluar los aciertos y los errores. Quizá la nostalgia no sea otra cosa que la consecuencia de ese cálculo entre el debe y el haber que los esotéricos de los números manufacturan con la presteza del cazador experimentado que persigue a su presa. Debo confesar que este fue otro buen año.

Salvo por las declaraciones imposibles de un grupo de mujeres que se adjudica la presunción en un asunto que debió quedar sepultado desde que se consumó, así como el dolor de mis ausencias cuyo sino no alcanzo a comprender y una escaramuza por un affaire imaginado más que consumado no pasó de ser una idea que pasó por mi cabeza. Quién me manda a mi ser más que un “caballero andante”, un peatón ambulante.

Y en este recuento de cosas que pasan, como los autos o las moscas, quisiera agradecer a quienes me han demostrado solidaridad y que han cooperado conmigo con sus enseñanzas, su apoyo, sus porras, sus ausencias y sus presencias.

La foto que aparece no tiene nada qué ver con el texto, pero resulta que en estos días me he distraído unos minutos para echarle un vistazo a las viejas películas mexicanas y bueno este post más que una confesión es una forma de llenar el espacio, porque no teníamos nada que publicar para hoy.

Gracias por visitar La guarida del nagual.


Posted by nagualito to La guarida del nagual at 3/13/2006 12:14:00 AM