DUALIDAD Y POLITICA EN LA VIDA DE JULIO CORTÁZAR

 
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La dualidad y la fantasía en la vida de Julio Cortazar fueron tan reales en su literatura y en su vida, como su pensamiento político, el Cronopio mayor coexistía con sus historias, de alguna manera las había vivido.
Te vas a reír, le advierte a Evelyn Picon en una larga entrevista editada por la Universidad Veracruzana en 1978: “pero ahora cuando estaba en Chile, una noche comí en casa de (Salvador) Allende, y había unas pocas personas, porque Allende me quiere mucho a mi personalmente y entonces sabe que no me gustan las reuniones numerosas. Estaba solamente su familia y su secretario y el embajador de México, que estaba con un señor que no sé quien es, también de la embajada mexicana, un hombre ya viejito, muy simpático, que cuando empezamos a charlar me dijo, ‘Yo le he visto a usted hace muy poco en la televisión mexicana.’ Yo le dije ‘no puede ser porque yo tengo verdadero espanto por la televisión y nunca acepto entrevistas en televisión’. Me dice ‘mire, yo lo he visto a usted en una larga entrevista sobre literatura.’ Y dije, ‘mire usted se confunde no puede ser.’ ‘No, yo no me confundo, usted es Julio Cortázar, yo lo he visto en la televisión mexicana a usted, le entrevistaba una niña muy bonita de cabellos rubios largos y usted durante veinte minutos contesta preguntas que ella le hace sobre literatura y era muy interesante.” Dije “mire, señor, o usted o yo estamos soñando o mi teoría del doble es cierta. Y yo tengo un doble que se hace pasar por Julio Cortázar y se deja entrevistar en México’. Y la cosa terminó ahí porque no pudimos convencernos el uno al otro.”
Al parecer dicha entrevista televisiva existe o al menos hay algo parecido en la videoteca de canal 22, aunque, para preservar el mito no hemos ahondado más en el tema, y lo hemos usado para recordar a uno de los mas grandes escritores argentinos, aquel que por una extraña enfermedad nunca dejó de crecer, ni de parecer niño. Si lo comparamos con otros compatriotas suyos, en Cortázar no encontraremos el celo en la precisión del lenguaje de Borges, quien dicho sea de paso fue el primero en editarle un cuento, Casa tomada; la perfección constructiva de Bioy Casares; o la profundidad filosófica de Sábato. Sin embargo Cortázar es el inventor de palabras, es todos sus personajes desdoblados en multitud de escenarios.
A diferencia de García Márquez quien habita en un mundo fantástico que en algún momento de sus Cien Años de Soledad se entrelaza con el de la Rayuela de Julio, cuando Gabriel se había hecho rembolsar el pasaje de regreso para quedarse en París, luego de ser de los últimos en salir de Macondo: “Aureliano podía imaginarlo entonces […] durmiendo de día y escribiendo de noche para confundir el hambre, en el cuarto oloroso a espuma de coliflores hervidos donde había de morir Rocamadur”; o de Rulfo cuyo pueblo triste de Comala lleno de fantasmas parecía revivir y morir en Macondo, Cortázar vive en muchos mundos, a caballo entre Francia, Argentina, México y Nicaragua, entre la Europa surrealista y la América real fantástica. Es el mototeca de la Noche boca arriba, cuento surgido de un accidente en París, cuando en motocicleta repartía libros para ganarse la vida, y el cual entremezcla con su fascinación por las Guerras Floridas emprendidas por nuestros antepasados prehispánicos para capturar prisioneros y ofrendarlos a los dioses. Es él mismo cuando se transmuta en Axolotl, o cuando le da por vomitar conejitos blancos, es el niño enfermo de La señorita Cora, uno de sus cuentos favoritos según le dice a Picon Garfield. Es a un mismo tiempo la Maga y Talita, Oliveira y Traveler.
Por ello no es tan difícil creerle cuando asegura que tenía un doble dando entrevistas a nombre suyo. En realidad Cortazar vivió todas sus fantasías, al punto que el lector luego de algunos cuentos podría perder la certeza de su propia realidad, el mayor ejemplo de esto lo encontramos en Apocalipsis de Solentiname, una recreación de su visita clandestina a la comunidad de Ernesto Cardenal en Nicaragua, cuando el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) combatía para liberar a su pueblo de la dictadura de la miseria, en 1976. Ese texto que sería recopilado tiempo después en un libro titulado Nicaragua tan violentamente dulce, va de la crónica periodística a la aterradora visión de un pueblo envuelto en sangre revolucionaria, incluso muchos creyeron que en verdad se trataba de un cuento, semejante en cuanto a estructura narrativa a Las babas del Diablo.
El autor de El perseguidor también, y como muchos escritores e intelectuales de la época, apoyo el socialismo y la revolución, eran los años de la “literatura comprometida” propuesta por Sartre, misma que Cortázar rechazaba, “ahora más que nunca se necesitan –escribió–, los revolucionarios de la literatura más que los literatos de la revolución”. Su postura no era radical sino moderada, quizá más cercana a la socialdemocracia que al comunismo en su vertiente leninista, la cual criticó al escribir: “Soñar no conduce a nada […], nadie baja de una sierra con diez machetes locos a acabar con un ejército bien armado […], no le haga caso a Lenin. La revolución será fruto de estudios documentados y de una larga paciencia. Sea serio mate los sueños […]”. Esa faceta, la del escritor político lo llevó a escribir Fantomas contra los vampiros multinacionales, mezcla de novela e historieta editada en nuestro país por Excélsior y reeditada el 2002 en España por Editorial Anaya, en ese texto nuevamente se presentaba la ubicuidad del argentino al ser solicitado por el propio Fantomas en Barcelona, mientras Julio leía la historieta en París, donde narraba–y nueva coincidencia con dejo de presagio–, como misteriosamente se incendiaban, entre otras, la biblioteca de Octavio Paz…
Pero su compromiso fue más allá al donar el premio Médicis ganado por su novela El libro de Manuel, a la resistencia Chilena, quienes combatían—como el personaje del libro—a una dictadura Militar.
Sin duda existen mejores escritores que Julio Cortázar pero sus dualidades mezcla de lo europeo y lo americano, lo ubican en un lugar único y privilegiado entre los lectores, quienes—sobre todo si son jóvenes—quedarán atrapados en un laberinto donde Teseo no es el héroe sino el verdugo y el Minotauro su víctima martirizada, donde en ocasiones ni siquiera al final, se tendrá la certeza de haber salido.


Posted by David Santa Cruz to La guarida del nagual at 3/09/2006 08:50:00 AM