Viaje a Ixtlán (Segunda Parte)

 
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HACERSE ACCESIBLE AL PODER

Un guerrero es un cazador impecable que anda en busca del poder. Por lo mismo no es un fanfarrón, ni exhibicionista, ni tiene tiempo que perder, ni para engañarse, ni para dudar o equivocarse. Lo que él pone en juego, porque la muerte lo anda cazando, es todo el trabajo y esfuerzo que le ha requerido el perfeccionar su vida para volverla ordenada, disciplinada y sobria.

Un guerrero trata de ponerse sistemáticamente al alcance del poder, pero con mucha prudencia y cuidado. El estilo del guerrero es un estallido controlado y una quietud controlada.

EL ÁNIMO DE UN GUERRERO

En el camino del conocimiento el guerrero debe entonar a su espíritu en el ánimo correcto. Don Juan dice que buscar la perfección del espíritu es la única actividad verdadera de nuestra hombría. Un guerrero es inflexible en esa búsqueda y para ello mantiene una actitud frente a la vida y las cosas de la vida que le permite liberarse del miedo, de la ambición, de la queja y la tristeza. Un guerrero sabe que nadie le hace nada a nadie; que uno mismo se hace daño con la gente y con los sentimientos. Un guerrero no está “enganchado”” con nada ni con nadie. Por ello, el guerrero necesita del ánimo correcto para librar cada batalla sobre la Tierra, pues él sabe que sin ese ánimo se “afea y enchueca”. No hay poder en una vida que carece de este ánimo. A un guerrero nadie le hace “daño”, nadie lo presiona, ni lo mueve, ni lo obliga a hacer cosas que él no quiera. Un guerrero no puede ser una hoja al viento o una lata vacía que la gente anda pateando moviéndola hacia todas partes y a ninguna:
Un guerrero, cuando toma una decisión, se deja ir, y cuando ella fluye en sus actos y en su ánimo le da templanza y fortaleza porque está entrenado para sobrevivir, y siempre sobrevive de la mejor forma. Para un aprendiz de guerrero no existe nada ofensivo en los actos y pensamientos de sus semejantes, siempre y cuando él actúe dentro del ánimo correcto.

UNA BATALLA DE PODER

A través de las enseñanzas, Castaneda es llevado a un punto en el que debe tomar una decisión fundamental; el esfuerzo requerido para cruzar un “puente” determinará entrar de lleno al mundo del nagual; es dejar el “confort” y la seguridad para poder, al cruzar el puente, penetrar al maravilloso y aterrador mundo de lo desconocido.

Don Juan sugiere reiteradamente al aprendiz Castaneda que debe vivir como guerrero, con el ánimo correcto y en busca de poder; que la suma de ese poder definirá la totalidad de sus actos; que un aprendiz que adquiere suficiente “poder personal” es un ser que -a través de la disciplina, el control y la inflexibilidad en sus objetivos y en la práctica impecable de las técnicas para perder la importancia-adquiere suficiente energía que puede canalizar para “ver” e interpretar el mundo y su propia vida en forma diferente.

Cuando el guerrero pierde poder, se pone viejo y gordo de la noche a la mañana, y como la muerte siempre lo está acechando, en el momento que el poder de un guerrero mengua, su muerte simplemente lo toca.

Don Juan le enseña a Castaneda que se necesita de toda la vida y de un inconmensurable esfuerzo para vivir cerca del poder y, alguna vez, estar “a solas con él”. El guerrero deberá tener en consecuencia un espíritu impasible y, de todo lo que haga, jamás revelará lo que en realidad siente y piensa.

LA ÚLTIMA PARADA DE UN GUERRERO

Un guerrero, antes que nada y sobre todas las cosas, es un hombre. Un hombre humilde consciente de sus limitaciones, pero también de sus potencialidades; sabe que debe aprovechar la maravillosa oportunidad de estar vivo y sabe que su vida puede acabar en cualquier momento. Un guerrero sabe qué quiere de la vida y usa al mundo para lograrlo. Él sabe que es un camino difícil y casi imposible. Pero ya no hay nada en el mundo cotidiano que satisfaga a su espíritu. El guerrero trata de “usar” ese mundo cotidiano con ternura y sutileza; no se embarra ni se aferra a las personas, a los sentimientos o a los objetos. Él es muy ambicioso, ambiciona lo casi imposible y no está dispuesto a conformarse o engañarse con nada. Sabe que tiene muy pocas oportunidades y, sobre todo, muy poco tiempo. Se prepara incansablemente a través de una férrea disciplina; fortalece su cuerpo y perfecciona su espíritu; su campo de batalla es el mundo y la vida cotidiana. La vorágine de las fuerzas centrífugas que nos arrastran a la imagen de nosotros mismos y la idea que tenemos del mundo y de la vida requieren de un gasto inmenso de nuestra energía.

Don Juan le dice a Castaneda que cada guerrero escoge un sitio en el mundo donde realizará “su última danza de poder”. Este sitio es el lugar de su predilección. Allí la muerte se sentará a observarlo, y en esa danza el guerrero expresará toda su vida de lucha y sus sentimientos sobre todas las batallas de su vida. Hablará de sus alegrías y desconciertos en la búsqueda del poder.

LA MARCHA DEL PODER

Don Juan le dice a Castaneda que él piensa que todo lo va a entender haciendo preguntas (y nosotros agregaríamos que tampoco leyendo a Castaneda). El poder no le pertenece a nadie, ni este camino es el único y verdadero. Don Juan le dice a Castaneda que hay muchos caminos diferentes hacia el conocimiento, aun en su mismo linaje; por ejemplo, hay brujos que llegan al conocimiento por diferentes vías, unos bailando, otros curando, otros sin hacer nada.

El “poder” es el conocimiento y el “poder personal” es la suma del conocimiento que el aprendiz ha logrado obtener. En esta parte de las enseñanzas que adquiere Castaneda, Don Juan lo va llevando poco a poco a “entender” lo que no se puede entender. Las enseñanzas de Don Juan son más de carácter vivencias y espiritual que racional. Don Juan sostiene que el hombre, además de la razón, tiene otros elementos para percibir el conocimiento. Esos “elementos” se activan a través de la propia energía, pero como siempre estamos ocupados sosteniendo racionalmente la idea de nosotros mismos y del mundo a través de la importancia personal, por tanto se requiere un gasto extremo de esa energía para que podamos “tener” esa energía y percibimos como generadores de, energía. Este es un mundo de energía y no de conceptos y objetos.

Don Juan, a lo largo de la enseñanza, tiene que usar una serie de trampas o ardides para mantener la atención y el interés de su aprendiz. Muchas cosas que Don Juan le enseña a Castaneda creemos que, a propósito, lo hace por el camino largo. El conocimiento puro es simple y directo y, por lo mismo de su obviedad, el hombre opone mayor resistencia. A pesar de que la enseñanza de la Toltequidad está casi desprendida de ritos y parafemalias, algo queda para poder “engañar” a la razón de los aprendices. Debemos recordar que, debido a la llegada de los españoles, la Toltequidad debió mantenerse en la clandestinidad. Los españoles nunca vieron, ni tocaron a la Toltequidad; en sus manos cayeron los sacerdotes, mas no los hombres de conocimiento; y con los sacerdotes cayeron los hechiceros, los diableros y probablemente alguno que otro guerrero que se descuidó. En el siglo XVIII uno de los personajes más importantes del linaje de Don Juan vivía en el mero centro de la religión católica y, por añadidura, de la Santa Inquisición. Era el Sacristán de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México. Su disfraz y su lugar no podían ser mejores para protegerse de la persecución de aquellos tiempos. Un guerrero es un ser impecable, inaccesible y flexible. Don Juan habla de la maravillosa posibilidad de ser un desconocido.

Como parte de las técnicas que Don Juan le enseña a Castaneda para ahorrar energía y engañar a su razón, está la marcha de poder. El problema con las técnicas que Don Juan le enseña a Castaneda es que sus seguidores pueden perder la objetividad de las enseñanzas. Las técnicas sólo son MEDIOS y no un fin en sí mismo. Un hombre común puede llegar por algún medio fortuito al “mundo del nagual”, o puede llegar al conocimiento a través de la disciplina y del esfuerzo para vencer su importancia personal, y aunque no sepa nada de ello, el ahorro de su energía le hará entrar al conocimiento por sí mismo. El lector de Castaneda deberá ir con mucho cuidado y no caer en las confusiones del camino del conocimiento del autor y mucho menos las propias. Debemos pensar que para cada uno de los lectores el encuentro con un nagual como Don Juan deberá ser diferente, por lo que la obra habrá de tomarse con mucha reserva, no por el valor de los conocimientos de Toltequidad, sino por las limitaciones y confusiones del propio Castaneda, o por la forma en que éste decidió presentarnos en sus libros el conocimiento adquirido.


Posted by Bloger Landía to La guarida del nagual at 6/29/2006 11:52:00 PM