El fantasma del populismo

 
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Ante la posibilidad de que los gobiernos surgidos de la izquierda desarrollen programas que busquen resolver problemáticas sociales de carácter nacional, las fuerzas conservadoras han inventado el fantasma del populismo para descalificarlas, aunque en los hechos esta vertiente política no tenga cabida en América Latina, debido a que en el continente la economía de mercado es incompatible con esta visión del mundo.

Durante los últimos años, la crisis de representación en el Continente Americano ha llevado al surgimiento de gobiernos emanados de movimientos de izquierda en los que el fantasma del populismo está presente en las descalificaciones que sectores conservadores debido a sus características de representación popular y su tendencia a
desarrollar planes programáticos fundamentados en el desarrollo nacional.

Especialistas en asuntos Latinoamericanas reunidos en un seminario organizado por el Colegio de México señalaron que más allá de la descalificación que supone el término, los gobiernos emanados de la izquierda forman parte de dos visiones de gobierno: una visión reformista –más cercana a la social democracia– y otra revolucionaria –tildada como populista–.

Personajes como Michelle Bachelet en Chile, Néstor Kirchner en Argentina,y Tabaré Vázquez en Uruguay, corresponden a la izquierda reformista, mientras que Evo Morales de Bolivia, Hugo Chávez de Venezuela, e incluso Ollanta Humala, quien compitió en las elecciones de presidenciales de Perú, forman parte de la concepción revolucionaria de la izquierda.

Sin embargo, pese a lo fuerte que pueda sonar el término “revolucionario”, la llegada de la izquierda a los gobierno de América Latina está caracterizada por su preferencia por la democracia electoral y por la conformación de grandes movimientos que han apoyado, independientemente de los partidos políticos, a los candidatos, situación que supone una novedad para los estudiosos del tema.

“El populismo es un fantasma inventado por fuerzas conservadores que, ante la posibilidad de que haya un gobierno en cuyo contenido programático aparezcan demandas sociales, populares, generalmente en la búsqueda del desarrollo nacional. Sin embargo, hoy el populismo no tiene cabida en organizaciones sociales marcadas por el desarrollo de economías de mercado”, indicó Darío Salinas Figueredo.

El profesor-investigador del Posgrado en Ciencias Sociales de la Universidad Iberoamericana recordó que el populismo fue un fenómeno que surgió en América en un momento muy distante del actual, cuando se desarrolló el capitalismo y había que tender un puente entre el capital y el trabajo, al tiempo de vincular proyectos nacionales.

Por ello, indicó, a caso cuatro décadas del surgimiento de un contexto desarrollista y de Estado benefactor aparentemente reaparece como un peligro, en el discurso de las fuerzas conservadores que tratan de establecer, a propósito del populismo, un dique de contención frente a la posibilidad de gobierno, que bajo convocatoria democrática,
establezcan programas relacionados con el aprovechamiento de las riquezas de su país.

“Cualquier mandatario que busque el desarrollo nacional, inmediatamente corre el riesgo de ser catalogado como populista, pero en realidad se trata de gobiernos que contemplan en sus plataformas responder a las demandas sociales no satisfechas por el capitalismo neoliberal”, agregó Salinas Figueredo.

Sin embargo, para los analistas, la extracción política de los gobernantes en América Latina no es un factor que suponga necesariamente la implantación de políticas, por ejemplo, las recientes protestas políticas en Chile, derivadas de una demanda en
educación no han podido ser resueltas debido a que existe un andamiaje institucional que no permite su resolución sin la reforma de las leyes pinochetistas.

Por otra parte, independientemente del buen o mal desempeño de Vicente Fox en México, las instituciones y la burocracia profesional han permitido la gobernabilidad. En Venezuela, para la reelección de Hugo Chávez será necesaria una reforma constitucional y generar los consensos para su perpetuación en el poder.

Para el investigador, Isidoro Ceherensky, los gobiernos emergentes en América Latina tienen una peculiaridad que radica en la preferencia de la población por la opción electoral pese al debilitamiento de los canales institucionales para el cambio de poder y la crisis de los partidos políticos.

Ante esta situación, mencionó los casos de diversos países del continente donde los líderes carismáticos que encabezan grandes coaliciones populares no forman parte o representan a una fracción minoritaria de sus propias instituciones políticas con personajes surgidos de diversos sectores de la población.

El antecedente militarista de Hugo Chávez en Venezuela, por ejemplo, demostró que la vía militar del golpe de Estado no es ya una opción viable en las democracias latinoamericanas. De extracción obrera, Lula Da Silva, logró establecer una gran coalición que lo apoyó para ganar la elección en Brasil en su tercer intento.

Para llegar al poder en Chile, Michelle Bachelet tuvo que coordinar esfuerzos para lograr el truinfo sobre su oponente en las internas de su partido, mietras que Tabaré Vázquez, en Uruguay, logró una gran coincidencia en el frente que lo llevó a poder, situación que para el analista resultas novedosa.

“Los candidatos han logrado grandes alianzas entre sectores disímbolos que van más allá la representación institucional de los partidos y aparece la presencia ciudadana directa en función de un candidato, algo similar a las Redes Ciudadanas formadas en México por Andrés Manuel López Obrador, que no tienen un compromiso de afiliación al partido pero si de participación en torno de una candidatura”, señaló
Ceherensky.

En los casos de Brasil, Venezuela y México el analista detecta la consolidación de la cultura democrática e incluso en Bolivia, donde la elección llevó al poder a Evo Morales después de un conflicto se puede detectar una tendencia a utilizar las vías institucionales para renovar el gobierno.

Elecciones provenientes de conflicto social o de crisis económica que permitieron la legitimidad de los candidatos y que pese al alejamiento de los partidos en una lógica de autonomía ciudadana han permitido generar consensos para lo gobernabilidad.

En esta dinámica, recordó la investigadora en Estudios Sociales del Colegio de México, Silvia Gómez Tagle, es necesario tomar en cuenta las nuevas realidades de un electorado que ha rebasado los límites formales del Estado nacional, que suponen gobierno, población y territorio.

“En un contexto de globalización, Nación y Estado se van a separar, pues uno de sus componentes como la población ha comenzado a desplazarse a otros territorios, por lo que vemos a la nación mexicana con representación en Estados Unidos; mientras se da el fenómeno de que territorios que y población que nunca se han integrado al Estado,
emergen con sus demandas”, indicó.

En ese tenor, el problema de integración del Estado en América Latina conlleva no sólo el debate entre los gobiernos de izquierda y derecha o de izquierdas reformistas o revolucionarias – vinculadas al discurso de la justicia social– sino de la creación de proyectos que permitan resolver los conflictos y formas de gobierno que trasciendan en temporalidad.


Posted by nagualito to La guarida del nagual at 6/23/2006 12:08:00 AM