Viaje a Ixtlán (Primera Parte)

 
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Guillermo Marín explica a Castaneda
(Del libro: Para leer a Carlos Castaneda)

BORRAR LA HISTORIA PERSONAL

Para mantener la imagen de uno mismo, el hombre común, a la menor provocación, está deseoso de decirle a quien le quiera escuchar “quién es él” o, más bien, quién supone él que es. El contar una y otra vez nuestra vida a quien se deje, además de alimentar nuestra importancia personal nos permite autoafirmarnos en este mundo de pensamientos. Mantener la imagen de nosotros mismos requiere de un descomunal gasto de energía, por lo que un aprendiz de la Toltequidad deberá ir “borrando” poco a poco su historia personal; esto no es dejar de hablar del pasado, sino, simplemente, “usarlo” de manera referencias e impersonal. Don Juan dice que la “importancia personal” nos lleva a mantener nuestra historia personal. Don Juan sostiene que a través de la historia personal alimentamos nuestra importancia personal y ésta nos impide apreciar el mundo en el que vivimos. Don Juan dice que prefiere la libertad ilimitada que nos da el ser unos desconocidos: si nadie nos conoce en verdad, no tenemos que andar dando explicaciones y así nadie se enoja o se desilusiona de nuestros actos. Esta libertad es la que el aprendiz necesita para transitar el camino del conocimiento.

LA MUERTE COMO UNA CONSEJERA

Para las culturas mesoamericanas la dualidad MUERTE-VIDA, VIDA-MUERTE forma una unidad; no podemos llegar a tener conciencia de la vida si no tenemos conciencia de la muerte. Don Juan le trata de enseñar a Castaneda que la única “compañera” sabia que tenemos en la vida es, precisamente, la muerte, quien no nos dejará “aferrarnos” a nada, ya sean personas, objetos o sentimientos. Cuando un aprendiz ha tomado la decisión de seguir el camino del guerrero, debe hacerse responsable de esta decisión entendiendo que no le queda tiempo para fanfarronear, ni para lamentarse, ni para equivocarse. El aprendiz sabe que es un “cazador” de poder o conocimientos, pero que el cazador será también cazado por la muerte. Don Juan le dice que cuando se sienta mal, cuando todo se le venga abajo, el guerrero deberá preguntarle a la muerte si todo eso es cierto. La muerte le dirá que nada de eso es cierto, la muerte le dirá “todavía no te he tocado”.

VOLVERSE CAZADOR

El aprendiz es un cazador que anda en busca del poder y al mismo tiempo puede ser cazado por la muerte. Un cazador es un hombre que sabe mucho, entre ello, que puede percibir el mundo de diversas formas. Un cazador es ligero, flexible y fluido, está en perfecto equilibrio con el mundo que le rodea. Un cazador no es un buen cazador porque conozca las rutinas de sus presas, sino porque él ¡no tiene rutinas!

SER INACCESIBLE

Los hombres comunes se la pasan en medio del camino golpeándose y confortándose con cualquier “socio voluntario”; están “metidos” en sus ires y venires; son obvios y evidentes. Ser inaccesible significa que un guerrero “está y no está”; ser inaccesible no significa que deba estar escondido, porque de ser así, todo el mundo sabrá que está escondido. Ser inaccesible es una condición del guerrero para no “embarrarse” en el mundo de los sentimientos y las personas. Ser inaccesible significa tocar lo menos posible el mundo y es tratar, a propósito, de ponerse fuera del alcance de la gente; no aferrarse ni agotarse a lo que de normal se aferra. Ser inaccesible significa que un guerrero no maltrata ni deforma al mundo, no explota ni exprime a las personas, y menos a los que ama. La inaccesibilidad de un guerrero le permite estar en el mundo y no deformarlo; sólo lo usa impecablemente y luego parte sin que nadie se dé cuenta de su llegada, ni de su partida.

ROMPER LAS RUTINAS DE LA VIDA

El desafío del aprendiz es transformar la rutinaria vida cotidiana en un espléndido campo de batalla, y es lograr sustraerse de la vorágine de los pensamientos y de los actos cotidianos mediante la aplicación de las técnicas para barrer la isla del tonal. Trabajar en el lado derecho del conocimiento requiere de un esfuerzo descomunal que tiene como objetivo reducir al máximo nuestra importancia personal, liberando toda la energía que usamos para mantener nuestra imagen de nosotros mismos y la idea que tenemos del mundo.

El hombre común encuentra en sus rutinas el escudo con el que se protege del maravilloso y aterrador mundo que nos rodea. Mantener la conciencia de la vida se logra al romper nuestras rutinas. El aprendiz de la Toltequidad es un cazador que anda en pos del conocimiento que se encuentra agazapado y acechante en tomo de nuestra cotidianidad. Romper las rutinas de la vida es transformar ese mundo soso y aburrido en uno maravilloso, misterioso y aterrador. El aprendiz como cazador no sólo debe cazar, sino que él mismo no debe actuar como si fuese una presa. El aprendiz debe, por decirlo de algún modo, “andar de puntitas” y “alerta” por el mundo, para sacarle el mayor provecho a su vida.

LA ÚLTIMA BATALLA SOBRE LA TIERRA

Un aprendiz que se ha internado en los complejos caminos del conocimiento es consciente de que en cualquier momento puede morir. En cada acto que realiza pone toda su capacidad; no lleva en la mente “ganar perder”; pone en práctica todos sus conocimientos; evalúa, toma una decisión y actúa; se “deja ir” sin miedo ni ambición. El guerrero trata de pulir su espíritu, y la impecabilidad de sus actos, pensamientos y sentimientos es manifiesta. Cada acto es, por así decirlo, “su última batalla” en la Tierra, por lo cual le importa muy poco el resultado; lo que le interesa es perfeccionar su impecabilidad para pulir su espíritu. Un guerrero vive cada acto intensamente consciente de que muy bien puede ser el último. El guerrero pone en práctica todos sus conocimientos y deja que el poder fluya.

El guerrero confía en el poder de sus decisiones, las asume y actúa con el conocimiento pleno de que no tiene tiempo ni espacio para dudas, remordimientos o ambición. A diferencia del guerrero, el hombre común cree que tiene todo el tiempo y esa supuesta continuidad lo hace tímido, porque duda y se arrepiente o piensa que tendrá tiempo para intentarlo de nuevo o “componerlo”.

El común de la gente va de acto en acto sin pensar ni luchar. Por el contrario, un guerrero sabe que no tiene tiempo y, por tanto, no se aferra a nada y realiza cada uno de sus actos como si fueran lo último que hará en la Tierra.


Posted by Bloger Landía to La guarida del nagual at 6/22/2006 01:50:00 AM