Blogueros, globeros y cosas peores

 
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¡Gracias!

Siempre resulta interesante y revelador adentrarse en los intrincados recovecos que los viejos diarios personales contenían. No dudo que cualquiera que pudiera tener acceso al diario personal de aquella muchacha de la época victoriana, que lo mismo contenía las tristezas románticas de una mujer o las frases inconfesables dedicadas a su amante, no repararía en detenerse a averiguar sus secretos.
Imaginemos qué podría contener el diario de aquel Don Juan que conquistaba bellas doncellas y las seducía hasta envilecerlas: encantadoras historias caballerezcas de pequeños lugares, donde revelar los nombre y sobre todo los apellidos, resultaba en información picante y propicia a la charla de tertulia.
Aquellos prototipos de diario con gruesas pastas y llave que sólo serían reveladas una vez que llegara el irremediable fin del autor: ese atractivo pero fascinante misterio por revelar en las páginas antiguas, escritas con buena letra y mejor estilo tragedias familiares, amores imposibles, confesiones tremebundas o la reivindicación de algú suceso que modificaría la vida de un terecero.
El Diario de Ana Frank, quizá, es el mejor ejemplo de cómo las páginas escritas por una pequeña que vivió en carne propia las terribles consecuencias de una guerra, dejan para la posteriada el recuerdo de toda una época, a través de las páginas de un diario.
Algunos escritores también acostumbraban o acostumbran, no lo sé, hacer manuscritos o poner sus vivencias cotidianas por escrito, situación que eventualmente ha producido la publicación de sus ideas.
Pero en la era de la información, en pleno siglo XXI cuando las telecomunicaciones y los medios de información como internet se nos presentan como maravillas de la modernidad, ocultar información, incluso de índole personal, resulta incluso una grosería y en el caso de la información gubernamental una falta de respeto a la ciudadanía.
La proliferación de blog’s de toda índole es el mejor ejemplo de la necesidad del ser humano por dejar una huella feaciente de su existencia y, en todo caso, una forma de expresar sus vivencias, andanzas y situaciones de vida. En la red se encuentra de todo y para todos los gustos, lo mismo la página de la citas citables de San Francisco del Rincón que la vida de alguna adolescente que narra sus viencias desde Hong Kong –ahí el problema será entenderla–.
En esa lógica, presento la versión digital de la hhh guaridísima, que no intenta ser más que un espacio para invitar a los cuates a que me presten a las niñas de sus ojos para recetarles cuanta ocurrencia surja.
Por lo demás los escasos lectores de este blog tendrán siempre un espacio y su respectivo dereho de réplica, contrarréplica y la posibilidad de que exploremos juntos los diversos temas que les vaya presentando. Esta idea surgio a principios de diciembre de 2005 –como una sugerencia de Marco «Pompeyo» Ramírez — y pensaba lanzarla a naufragar por las turbulentas aguas de la red hasta el año siguiente, pero por diversas circustancias he decidido echarla andar unos días antes. Espero les guste.

¡Salud!
Roberto Cortez Zárate