Napito y los dislates de Fox

 
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La persecución, fuera de tiempo, Napoleón Gómez Urrutia, forma parte de los dislates y contradicciones del gobierno del Vicente Fox y su equipo, que no saben ni en qué problemas se meten, pues históricamente los “chivos expiatorios” sirvieron para desmarcar a un gobierno de su antecesor y se hacían al principio del sexenio, por lo que la cacería del dirigente minero es más una cuestión de intereses de un grupo de empresarios, indicó el politólogo de la UAM, Telésforo Nava.

La muerte de 65 trabajadores en la mina 8, Pasta de Conchos, en Coahuila, Propiedad de Grupo México, destapó la cloaca de las irregularidades que involucran un sindicalismo corrupto y de los intereses de una empresa coludida con las autoridades de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STyPS), que permitió que la entidad federal iniciara, tarde y mal, una persecución política contra Gómez Urrutia, consideró el especialista en sindicalismo mexicano.

Para el catedrático de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), la Persecución política en contra del líder sindical dista mucho de las emprendidas en los regímenes priistas, en los que en la búsqueda de mostrar medidas anticorrupción que el gobierno federal debía tomar sin dilación, se encarcelaba a líderes sindicales como Joaquín Hernández Galicia o Carlos Jonguitud Barrios, como muestra de escarmiento.

“Sin embargo, al final de sexenio, más que como ejemplo, la persecución al dirigente minero es una muestra de los dislates y contradicciones del régimen, particularmente en la coyuntura electoral, pues no se habla de una política que se habrá de seguir en todo el sexenio, si no de la intención de favorecer los intereses de Grupo México”, opinó el investigador.

Golpes para desligarse

Durante el gobierno de José López Portillo comenzó la detención y acción penal en contra de personajes del círculo cercano a Luis Echeverría. Eugenio Méndez Docurro, ex subsecretario de Educación; Félix Barraza García, ex secretario de la Reforma Agraria; Alfredo Ríos Camarena, ex director del Fideicomiso Bahía de Banderas, y Faustino Cantú Peña, ex director del Instituto Mexicano del Café, fueron los “chivos expiatorios” acusados de corrupción que utilizó el gobierno federal para, entre otras cosas, marcar su distancia con la administración anterior.

El cargo por el que fueron acusados los ex funcionarios fue de enriquecimiento inexplicable –hoy ilícito– y tuvieron que purgar sus condenas en prisión hasta el final de sexenio; empero, las detenciones sirvieron para reforzar la imagen, la presencia y el mandato del entonces presidente López Portillo.

Miguel de la Madrid continuó con este tipo de política y en aras de la “renovación moral” que pregonaba, encarceló al ex director de Pemex y senador de la República, Jorge Díaz Serrano, quien fue sujeto a un rápido proceso para desaforarlo y para pasar el resto del sexenio en prisión.Arturo Durazo Moreno, jefe de la Policía del Distrito Federal en el sexenio de López Portillo y uno de los hombres más cercanos al ex presidente, fue otro de los corruptos perseguidos para desmarcar al régimen entrante.

Durazo Moreno escapó del país y fue localizado y detenido en Puerto Rico, trasladado a Los Ángeles donde se le siguió un juicio de extradición que lo trajo a México donde terminó de pagar su condena en el reclusorio. La estrategia sirvió para posicionar de nueva cuenta al Presidente, pese a su imagen débil.

Pero el golpe más espectacular lo daría Carlos Salinas de Gortari, quien focalizó la estrategia hacia el dirigente del sindicato petrolero Joaquín Hernández Galicia, “La Quina”. Apenas habían pasado 40 días de su toma de posesión y aún se discutía la legitimidad de las elecciones del proceso electoral, cuando el gobierno entrante decidió “cortar la cabeza” del dirigente sindical.

El aviso de la magnitud del golpe se conoció cuando con una bazooka volaron la puerta de su casa que fue los soldados tomaron por asalto. En el lance, aseguran, murió un agente del ministerio público federal, pero esto siempre quedó bajo sospecha. La captura del líder dirigente del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM), que se considerabaintocable, dio la vuelta al mundo y posicionó a Salinas como un presidente dispuesto a todo.

En ese mismo año, 1989, se preparaba un golpe quirúrgico para dar un viraje a las en otra de las grandes centrales obreras del país: el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE). En una acción decidida por el entonces presidente Carlos Salinas de Gortari, en medio de un paro de 150 mil profesores de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) se definió la salida del líder histórico Carlos Jonguitud Barrios, con lo que Elba Esther Gordillo Morales ocupó a la dirección nacional.

El gobierno de Ernesto Zedillo, en 1995, enfrentaba una severa crisis económica, el asesinato de su candidato presidencial y del secretario general del PRI y un movimiento guerrillero sui generis en Chiapas, situación que hacía urgente y necesaria la distancia con su antecesor.

En febrero de aquel año, la administración zedillista dejó clara su distancia con su antecesor: agentes federales detuvieron a Raúl Salinas de Gortari en casa de su hermana Adriana, acusado de la coautoría intelectual de su ex cuñado, José Francisco Ruiz Massieu, a la sazón, secretario general del PRI y líder de la mayoría en la Cámara de Diputados, situación que no sólo provocó el rompimiento, sino el enfrentamiento con su antecesor.

Siempre a contracorriente

En sentido contrario, el gobierno de Vicente Fox decidió convivir durante más de cinco años con el sindicalismo tradicional, que hasta el sexto año fue descubierto como corrupto, indigno de la representación laboral y que merece ser perseguido penalmente.

La administración panista tuvo la oportunidad de marcar su distancia y validar la frase del cambio, cuando surgieron los escándalos que relacionaban a los líderes petroleros Carlos Romero Deschamps y Ricardo Aldana, en el uso de recursos públicos a favor del PRI en la candidatura presidencial del año 2000, el “Pemexgate”.

El pasado 18 de marzo, en la celebración de la expropiación petrolera, el secretario general del STPRM, quien encabeza las listas de aspirantes a legisladores por el Partido Revolucionario Institucional (PRI), hizo un reconocimiento público al presidente Fox, “quien supo ver más allá de las apariencias y entender el verdadero propósito y objetivo de nuestra organización sindical. A usted, señor Presidente… muchas gracias”, dijo el líder.

Romero Deschamps, quien todavía enfrenta dos procesos penales, uno por peculado y otro por peculado electoral también reconoció públicamente al secretario de Gobernación, Carlos María Abascal Carranza, quien “siempre ha mostrado gran sensibilidad y ánimo negociador hacia los trabajadores petroleros”.

Para el investigador de la UAM, Telésforo Nava, el presidente Fox no sabe en los problemas que se mete o lo meten, y los líderes sindicales de la Unión Nacional de Trabajadores, al apoyar a Gómez Urrutia, buscan cubrirse ante una posible embestida en contra de los sindicatos que le han sido incómodos al gobierno panista.

Luego de la tragedia en Coahuila, el secretario del Trabajo, Francisco Javier Salazar Sáenz fue acusado de solapar la inminencia de la muerte de los mineros para evitar que las acciones de Minera México se vieran afectadas en la bolsa de valores; posteriormente, la dependencia desconocería a Napoleón Gómez Urrutia, como dirigente del Sindicato Nacional de Trabajadores Mineros, Metalúrgicos y Similares de la República Mexicana (SNTMMSRM), y entregó el reconocimiento oficial de dirigente “provisional” a Elías Morales Hernández, un disidente retirado. Ante ello, las 130 secciones de la central obrera iniciaron un paro de 24 horas.

La rebatinga por el sindicato minero inició en 2000, cuando dos facciones se disputaron la dirigencia: una integrada por Morales Hernández, entonces secretario del consejo general de justicia y vigilancia, y Benito Ortiz, secretario de trabajo del organismo; mientras la otra, era liderada por el hijo del líder histórico del gremio, Napoleón Gómez Sada, quien ocupó el cargo durante más de 40 años.

Gómez Urrutia quien es economista con doctorado en la Universidad de Oxford, hasta ese momento se desempeñaba como gerente de empresas paraestatales y es propietario del grupo Zeta Consultores, negocio que presta servicios a varias empresas de Grupo México, encabezado por Germán Larrea, con quien mantuvo lazos de amistad hasta que llegó a la dirigencia sindical en octubre de 2001.

Pero la disputa por el poder del gremio minero estalló durante la última etapa del sexenio de Ernesto Zedillo, cuando Mariano Palacios Alcocer –hoy presidente del Comité Ejecutivo Nacional del PRI—era secretario del Trabajo. Gómez Urrutia fue nombrado secretario general suplente por su padre, con la clara intención de heredarle el puesto, pero Morales Hernández impugnó la designación, bajo el argumento que el “júnior” no era trabajador minero ni contaba con cinco años de afiliación sindical.

Luego de la toma de protesta a los 97 delegados de la 31 convención ordinaria por el presidente Zedillo, 10 de los disidentes fueron expulsados del gremio, acusados de ser corruptos, traidores y vender contratos colectivos. Aparentemente limpio el camino, el grupo de Gómez Sada modificó los estatutos para facilitar la llegada de “Napito”. Sin embargo, en agosto de 2000 la Dirección de Registro de Asociación de la secretaría le negó definitivamente el registro.
En junio de 2002, por acuerdo de asamblea que presidió el entonces secretario del Trabajo, Carlos María Abascal Carranza, quien el 3 de diciembre de ese mismo año le entregó la toma de nota y lo avaló como el dirigente del gremio después que éste vivió en el limbo jurídico durante varios años. Como consecuencia del problema en Pasta de Conchos, Elías Morales Hernández fue designado como dirigente provisional del SNTMMRM, según la toma de nota que le otorgó la autoridad laboral, situación que originó el paro nacional minero.

Nacido en Monterrey, Nuevo León, Morales Hernández fue mucho tiempo brazo derecho de Gómez Sada, incluso presidía las reuniones del comité ejecutivo del Sindicato, así como las realizadas en la Secretaría del Trabajo, cuando el líder histórico del sindicato no podía asistir. Morales declaró estar decidido a tomar las riendas del sindicato; sin embargo, denunció que hay personas al interior de la sede del mismo en la colonia del Valle que lo impiden aunque aseguró que no provocará confrontación.

La rebeldía de Napito

“Napito” Gómez Urrutia parece ser el “chivo expiatorio” en el incidente y resulta conveniente para los intereses de la dependencia encabezada por Salazar Sáenz, pues junto con Isaías González Cuevas, dirigente de la CROC fracturó al Congreso de Trabajo, bastión del corporativo sindicar en México y apoyo fundamental para la “paz laboral” del régimen foxista, pues la alianza con la Unión Nacional de Trabajadores (UNT), no fue bien vista por sectores conservadores de la administración.

La “rebeldía” de “Napito” revivió además un conflicto histórico del gremio que involucra a otra de las mineras de Grupo México en Cananea: el 3 de marzo, un grupo de trabajadores de esa mina acudió a la Cámara de Diputados para revivir una denuncia en contra del dirigente sindical y la empresa, por un adeudo de 55 millones de dólares, que involucra 2 mil denuncias y a 3 mil 800 afectados. Los inconformes llevan 17 años en espera de una indemnización que les daría la paraestatal cuando fue vendida a Grupo México.

Gómez Urrutia, ha sido un factor clave en las políticas de subcontratación de Grupo México, un modelo en el que por arriba se contrata personal de confianza, por abajo se subcontrata con otras empresas o con trabajadores “libres”, y por los ambos lados se emplea a trabajadores por honorarios, sin derecho a antigüedad ni seguridad social.
Así, mientras los defensores de Gómez Urrutia califican la llegada de Elías Morales como una injerencia en la vida interna de los sindicatos, éste no parece garantiza nada más que el continuismo del sindicalismo “charro” que favorece los intereses empresariales, mientras los mineros siguen en la explotación y en el riesgo al desarrollar su trabajo.


Posted by nagualito to La guarida del nagual at 3/28/2006 12:48:00 AM