El nagual de los montes de Chiautempan

Cuentan que por el rumbo de Chiautempan, hace muchos años, antes de que estuviera tan poblado el municipio, había varios lugares que eran preferidos por los cazadores, que en esas tierras aún agrestes solían esconderse conejos, coyotes, y uno que otro venado. En una ocasión tres cazadores iban por la noche buscando una presa, cuando vieron a lo lejos un hermoso perro negro y grande de una raza desconocida para ellos.


Como no había casas por ahí y no habían encontrado ninguna presa, al ver el perro que era muy bonito decidieron atraparlo porque pensaban que al haberse criado en el campo les sería útil para cazar. Sin embargo, al acercarse, el perro les gruñó muy agresivo y echó a correr, los cazadores pensaron que un animal tan salvaje podría atacar a otros cazadores y le dispararon hiriéndolo de una pata.

Trataron de seguir sus huellas de sangre, decididos a rematarlo, porque un animal herido es más peligroso; de repente, al llegar a un claro del monte, encontraron una choza, se acercaron a preguntarle al dueño si no había visto al perro y cuál sería su sorpresa al ver que en esa humilde choza, el hombre tenía muchas riquezas y en la parte de atrás había muchos animales. Les causó extrañeza darse cuenta de que el campesino que se encontraba en la choza estaba curandose una herida en la pierna, en el mismo lugar donde le había disparado al perro negro.

Aburridos al no haber podido cazar nada y habiéndole perdido la pista al perro, llegaron horas más tarde a la cantina del pueblo más cercano y ahí contaron su aventura. El cantinero santiguándose les dijo les dijo que se habían topado con un nagual, personas que son servidores del diablo y que por las noches se convierten en animales para poder robar riquezas y animales y que habían corrido con suerte al haber salido con vida, ya que son muy peligrosos.

Los lugareños les explicaron que los naguales son personas que cuando quieren convertirse en animales tienen que rezar un Padre Nuestro al revés, pero tienen que dejar en su casa una cobija de las que tienen, moverla y dejarla tendida al revés para poder convertirse nuevamente en personas, pero si alguien levanta la cobija, puede dejarlos para siempre convertidos en animales.

Les recomendaron que cuando anduvieran por el monte, trajeran siempre un crucifijo en el cuello, que trataran de usar un cinturón de piel legítima de víbora, y que cuando se encontraran a un animal sospechoso le pegaran con la hebilla del cinturón y rezaran un Padre Nuestro, que en ese momento se convertirían en hombres y que gracias al cinturón y al rezo, estaría el nagual indefenso. Los cazadores salieron riendose, sin embargo, desde esa fecha traían siempre un crucifijo entre sus ropas y se ponían cinturones de víbora para ir a cazar por el rumbo de Chiautempan.


Tomado de Mitos y leyendas de Tlaxcala

Posted by nagualito to La guarida del nagual at 4/02/2006 06:36:00 AM