10 años del EPR

 
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Segunda parte: el mito

Dividido, con un largo historial de escisiones y una crisis que no ha podido superar, el Partido Democrático Popular Revolucionario – Ejército Popular Revolucionario (PDPR-EPR), cumplirá este 28 de junio diez años de actividad pública sin lograr su estructuración, aunque con la etiqueta –que columnistas y cuerpos de seguridad le han pegado– de ser la guerrilla detrás de linchamientos, enfrentamientos sociales, actividad subversiva e, incluso, narcotráfico, lo que la convierte en el mito perfecto para justificar cualquier acción violenta.

Desde su surgimiento y luego con la descalificación que la administración del hoy ex presidente Ernesto Zedillo hiciera de este grupo armado como la “guerrilla mala”, la suerte de este movimiento quedó marcada con el descrédito, la desunión, su vinculación de cualquier tipo de violencia que ocurra en su zona de influencia y la repulsión de todos los movimientos social hacia ellos – Comité Cerezo, CGH, San Salvador Atenco, La Parota, las mujeres mazahuas, etc–.

En Guerrero, una zona históricamente marcada por la violencia se desarrolló la coalición que conformó en 1996, el PDPR-EPR, pero incluso en ese tenor el grupo armado –que reivindica la transformación radical y la implantación del régimen socialista– ha sido rebasado por la delincuencia organizada:

En su reciente informe ante el Congreso local, el titular de la Secretaría de Seguridad Pública y Protección Ciudadana (SSPPC), Heriberto Salinas Altes, reconoció que el crimen organizado rebasó los sistemas de seguridad estatales al grado que las ejecuciones con granadas de fragmentación y rifles AK-47 por parte del crimen
organizado, han superado lo ocurrido durante la guerra sucia de las décadas de los setenta y ochenta.

Ni el surgimiento de los grupos armados como el EPR y el Ejercito Revolucionario del Pueblo Insurgente (ERPI) –una de las 12 escisiones eperristas– generaron tanta violencia y psicosis en la sociedad, como la provocada en esta época por los cárteles de la droga que se disputan el narcomenudeo, ubicado en el corredor de la Costa Grande.

Históricamente Guerrero ha sido una entidad atrasada, por su alto porcentaje de habitantes rurales, por su analfabetismo, por su índice de mortalidad, por sus bajos salarios, por sus formas de dominación económica y política, por la virtual inexistencia de un estado de legalidad, por el predominio de la violencia como forma de ejercer el poder caciquil y por el surgimiento de particulares formas de
resistencia.

El 28 de junio de 1995, un grupo de 17 campesinos de la Organización Campesina de la Sierra Sur (OCSS) fueasesinados por un grupo paramilitar en vado de Aguas Blancas. Un año después, en ese mismo sitio, el PDPR–EPR se presentó a sí mismo como un proceso de síntesis y unidad de catorce grupos armados. Este “mito de la unidad armada”
que le dio vida a la nueva generación de organizaciones guerrilleras y aparecía como la conclusión de una experiencia superadora de viejos antagonismos y ajena a la tendencia divisionista recurrente de la izquierda.

Sin embargo, en septiembre de 2005, mediante un comunicado, la actual conducción del PDPR–EPR reconoció que esa amalgama de agrupaciones radicales y la coincidencia en un programa revolucionario unificado y socialista nunca había tenido lugar: se trataba de “un invento”, de un mito, como lo reconoció la propia organización clandestina.

Desde la época de la Independencia, la Costa Grande fue caldo de cultivo de milicias, como las encabezadas por el general Vicente Guerrero o los grupos insurgentes encabezados por los hermanos Galeana o Juan Álvarez. En la historia reciente, la década de los cincuenta marca el resurgimiento de las ideas de una insurrección armada en ese territorio.

Las formas tradicionales de explotación como el acaparamiento de tierras, el despojo de parcelas, la usura, la especulación y entre otras muchas, coincidieron con la demanda de participación política de personajes como Genaro Vázquez Rojas, vinculado con la Asociación Cívica Guerrerense, y Lucio Cabañas Barrientos, integrante en un principio del Partido Comunista, permitió el surgimiento de los modernos grupos guerrilleros.

La actividad de aquellas milicias a finales del 1971 y principios del 1972 sorprendió, en un primer momento, a los cuerpos de seguridad. Los asaltos a bancos –”expropios”– se sucedían con frecuencia en diversas ciudades del país. Algunos espectaculares y sangrientos, como los de Monterrey –14 de enero – y Chihuahua –15 de enero–. La represión se desplegaba con mayor violencia. Vázquez intentó articular una
guerrilla al frente de los “civicos” luego de un fraude electoral, pero sus acciones, pocas y de carácter terrorista y lejano a las masas, acabaron más pronto que temprano con su propia muerte.

Distante a la lucha de Vázquez, Lucio Cabañas Barrientos enfrentaba, como maestro rural a los caciques locales, situación que provocó su cambio constante de escuela, hasta que un día decidió irse a la sierra. La Sierra Madre Oriental y la Sierra Madre del Sur – que circundan el altiplano y el Valle de México–, han servido en la intrincada historia de México como refugio para muchos grupos, entre ellos los grupos guerrilleros.

En aquella zona, Lucio Cabañas comenzó con el trabajo político para la construcción de lo que eventualmente sería el Partido de los Pobres (PDLP), un par de años después, en 1969, los indicios de esa organización surgieron con la Brigada de Ajusticiamiento, que para comenzar quitó la vida a dos caciques; después, en 1970, la brigada desarrolló su primer secuestro, por el que obtuvo 100 mil pesos. Era la forma de obtener recursos para el movimiento.

Originalmente la Brigada formaba parte del cuerpo del PDLP, pero en 1972 Cabañas Barrientos fue electo como dirigente de la organización, por lo que se fusionó. Los postulados generales de la lucha estaban resumidos en los puntos de un ideario, dado a conocer el 30 de marzo de 1972, que contenía catorce cláusulas de la revolución “pobrista”: gobierno popular, derechos democráticos, expropiación de fábricas, transportes y latifundios, defensa de los derechos de los trabajadores, trato igual a los mexicanos, etcétera.

Las acciones de este movimiento y el apoyo popular, provocaron la llegada del ejército a la zona, que ejecutó medidas represivas. En tanto, otras organizaciones radicales como la Liga Comunista 23 de Septiembre, buscaron el acercamiento con Cabañas, pero la unidad entre los grupos urbanos y campesinos no se logró. La lucha de poder terminaría con la ruptura definitiva entre la Liga y el PDLP.

En 1974, el senador Rubén Figueroa, retó a Cabañas para que lo secuestrara. Lo despreciaba y consideraba que el narcotráfico era su fuente de abastecimiento. Acordaron una reunión y el PDLP logró retenerlo, pedía 25 millones de pesos por su cabeza. El ejército tendió un cerco y en septiembre de 1974 logró acabar con el mito en que se había convertido Lucio Cabañas.

Durante la misma época otra organización, denominada Unión del Pueblo (UP) operaba en Oaxaca, Jalisco y el Distrito Federal, se dividió en dos grupos. Uno de ellos dirigido por Héctor Heladio, fue fundado en noviembre de 1978 con el nombre de Partido Obrero Clandestino Unión del Pueblo (PROCUP). A los pocos días, en un retén militar, su máximo dirigente murió al enfrentarse con elementos de tropa. Durante varios meses el PROCUP siguió trabajando bajo las siglas de la UP, hasta que a principios de los ochenta estableció relaciones de fusión con lo que quedaba del PDLP, formando el PROCUP-PDLP.

“Durante estas décadas no quisimos recibir medios económicos de ninguna organización fuese legal o armada, nuestro compromiso siempre fue de nosotros hacia ellos y no de ellos hacia nosotros, así es que dentro de esta vida revolucionaria basados en nuestro lineamiento, quienes nos proveían de todo lo necesario fue y es nuestro pueblo a quien llamamos base política y base social porque las revoluciones las hacen los pueblos con todas las formas de lucha y no sujetos iluminados o mesiánicos”, refiere un comunicado del EPR en el que lo reconoce como la base de su organización.

En la década de los ochenta, el PROCUP-PDLP se dedicó a hacer propaganda política y “ajusticiamientos” de algunos de sus integrantes o de personajes de otras organizaciones que buscaron en la vía pacífica un mecanismo de participación política, luego de la reforma electoral impulsada por José López Portillo, que permitiría una tímida participación de la izquierda en los procesos electorales.

A finales de aquella década, con la caída del comunismo real y cinco años más tarde la irrupción del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), el PROCUP se vio obligado a redefinir sus estrategias que hasta ese momento se concretaban a una nueva estrategia de afianzar el trabajo de construcción política en Guerrero, pese a tener cierta presencia en otros estados del país y en tratar de recuperar la
base rural que estaba perdiendo.

“Efectivamente, la emergencia del EZLN el 1 de enero de 1994 vino a catalizar o a acelerar definitivamente el análisis y la discusión que, primero, el proceso electoral del 1988 y, después, la caída del muro de Berlín trajeron consigo al interior de nuestro agrupamiento revolucionario. Sin embargo, no fue el análisis ni la discusión lo que nos ocupó en los primeros días de la emergencia zapatista, sino el deber insoslayable de solidarizarnos con el EZLN frente a la ofensiva militar de que era objeto por parte del Estado mexicano”, explicaron los eperristas en una entrevista con el politólogo Jorge Lofredo, del Centro de Documentación de los Movimientos Armados (Cedema).

Pero una cosa queda clara, refiere el EPR, la necesidad de acelerar nuestros planes estratégicos, definidos desde 1987, consistentes en reanudar el hostigamiento militar contra las fuerzas del enemigo. Al avanzar en esta dirección fuimos profundizando, al mismo tiempo, en el proceso de reflexión, consulta y discusión interna. “De modo que, como PROCUP-PDLP, dimos respuesta a una de las primeras consultas del EZLN, difundiendo por primera vez la propuesta programática de Nuevo Gobierno, Nueva Constitución, Reordenamiento económico y Auténtica República. Asimismo, avanzamos en el proceso de formalización y oficialización de nuestro ejército, al cual, por vía democrática, dimos por nombre: Ejército Popular Revolucionario (EPR)”.

La nueva organización, quien reivindica sus orígenes en 1964, sustenté el mito de la confluencia de 14 organizaciones, que al final de cuentas no lograron su cohesión. Tras un breve lapso de la única campaña militar de importancia, emprendida entre finales de 1996 y mediados de 1997, inició la diáspora: nuevas identidades y denominaciones se han ido constituyendo progresivamente con el reconocimiento en el eperrismo como el tronco común y original.

En junio de 1998, recuerda Lofredo, tras la matanza de El Charco se conoció la existencia del Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente (ERPI) la primera ruptura, mayoritariamente compuesto por los miembros del Comité Estatal de Guerrero del PDPR–EPR. Al año siguiente, el 19 de julio, se produjo la salida del Comité Clandestino Revolucionario de los Pobres–Comando Justiciero 28 de Junio (CCRP–CJ28J) de la estructura del ERPI. En 1999 se conocieron dos nuevas escisiones: el Ejército Villista Revolucionario del Pueblo (EVRP) y Tendencia Democrática Revolucionaria (TDR), nacida inicialmente como una tendencia o sector dentro del PDPR–EPR. Por último en esta etapa, en 2000, se supo de la existencia de las Fuerzas Armadas Revolucionarias del Pueblo (FARP) que un año después integrará junto al EVRP y luego el CCRP–CJ28J, la Coordinadora Guerrillera Nacional José María Morelos (CGNJMM), otra experiencia que fracasó.

Durante poco menos de tres años, entre 2001 y 2004, las diferencias internas se apaciguaron, al menos públicamente. En este paréntesis, nuevos grupos se dieron a conocer, aunque no dieron a conocer de inmediato su origen: el Movimiento Revolucionario Lucio Cabañas Barrientos (MRLCB), en 2001; la Organización Revolucionaria 2 de Diciembre–Nueva Brigada Campesina de Ajusticiamiento (OR2D–NBCA) en 2002; el Comando México Bárbaro en 2003 y rebautizado en 2005 como Comando Revolucionario del Trabajo– México Bárbaro (CRT–MB); y el Comando Jaramillista Morelense 23 de Mayo (CJM–23M) en 2004. Al año siguiente, también se conocerá la existencia del Comando Popular Revolucionario La Patria es Primero (CPR–LPEP) y el Comité de Resistencia Popular Viva Villa (CRP–VV).

Aún así, la actual conducción del PDPR-EPR, los “ortodoxos”, así como los referentes de las siglas escindidas, “rupturistas”, habían coincidido en mantener vivo el mito fundador pero sus propias diferencias hicieron necesario deslindar su orígen, su operación y su estrutura. Cuerpos de seguridad y medios de información también se empeñan en mantener el mito del EPR al relacionarlo con los linchamientos en Tláhuac, con células bolivarianas que operan en la UNAM, con América del Valle y los enfrentamientos de San Salvador Atenco o con cualquier vertiente de izquierda radical que aparezca en el escenario público.

Ante la proximidad del 28 de junio, refiere Lofredpo, a diez años de su emergencia, la guerrilla mexicana se compone de distintos bloques enfrentados entre sí, aunque coinciden en que ello resulte perjudicial para los anhelos revolucionarios, pero sin lograr en los hechos reducir sus diferencias.

Pero la coyntura electoral y el desarrollo de La Otra Campaña los ha obligado a tomar posturas políticas y definir sus posiciones militares: se han pronunciado por no boicotear el proceso electoral, mientras que respecto al EZLN oscilaron entre el apoyo abierto y uno receloso. Luego de los enfrentamientos en San Salvador Atenco,
recuerda Lofredo, las diversas organizaciones encontraron un punto de convergencia, al menos discursiva, que ha demostrado que en su seno prevalece la vertiente política de los grupos y no la militar.

Sin encontrar una instancia superadora de la dispersión intestina a lo largo de estos diez años, agrega el analista, el EPR y sus escisiones han sido orilladas hacia la marginalidad política, más por sus desencuentros internos que por la acción represiva militar o policial, desunidas y con el mito a cuestas que el próximo 28 de junio quedará refrendado una vez más.


Posted by nagualito to La guarida del nagual at 6/04/2006 12:40:00 AM