Naufraga Diario Monitor

 
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Ayer se puso el punto final en la historia de Diario Monitor, el proyecto impreso que nunca le cuajó, ni le gustó a José Elías Gutiérrez Vivó (de los casi cinco años que duró, al menos los últimos dos estuvieron dominados por la incertidumbre económica y los litigios laborales).

La verdadera víctima en el naufragio del diario “comprometido con la verdad” no es el periodismo mexicano, sino la tripulación (personal de redacción, administrativo y de talleres), que tendrá ahora dos problemas más en esta época de crisis: uno, evitar hundirse en el mar del desempleo, y dos, lograr que quien se autodenominaba en la radio “la voz” que todo México escucha les pagué pronto y en una sola exhibición el monto de la liquidación que la tarde del domingo ofreció cubrir al ciento por ciento.

Porque si algo caracterizó la administración de Gutiérrez Vivó en la empresa que por más de 35 años publicó El Heraldo de México, fueron las mentiras y el incumplimiento en las promesas laborales.

Hay varios ejemplos de esta tendencia al engaño y al poco interés que despiertan en él los trabajadores -lo que contrasta con los manotazos en el escritorio que solía dar al cuestionar los vicios de la clase política y empresarial-. Desde que adquirió en 2003 la compañía que editaba el diario del “vaso medio vacío o medio lleno”, sometió a un duro proceso a los empleados que absorbió en esa compra-venta.

Por citar algo: aunque al principio aseguró que no habría despidos para tranquilizar a la masa, no tardó ni dos meses en ejecutar el primer recorte en la compañía, con miras a abrir espacio al grupo que se encargaría de operar su quimera: llevar a la prensa lo que él hacía en la radio desde hace más de tres décadas.

Los sobrevivientes al recorte esperaron inútilmente un “reajuste” en sus ingresos, que al menos igualará, en muchos casos, las percepciones que recibían “los nuevos”; algunos de estos últimos personajes llegaron con un ánimo de jauría y se encargaron, en varios casos, de hostigar a los empleados “viejos”, esos que pertenecían al Heraldo, para hacerlos renunciar.

Ahora que la nave se hunde -bueno, en realidad, ya estaba hundida desde hacía rato, pero no se lo habían dicho- no hay nadie de aquellos “nuevos”. Paradójico: los que sí están, los que “sacaron la chamba” sin cobrar durante el último año completo fueron los “viejos”, los “heraldos”, los mismos que nunca le importaron.

Vivó, como se le conoce al ahora ex propietario de Diario Monitor, planea entregar hoy lunes las instalaciones donde se editaba el periódico al nuevo propietario: la Procuraduría General de la República. Elías Gutiérrez aseguró que el martes presentará el “fideicomiso” que cubrirá las liquidaciones del personal. Fondo que, sostuvo, se creó con los recursos obtenidos por la venta del edificio del cruce de las calles Dr. Velasco y Dr. Lucio, en la colonia Doctores.

Más allá del acoso del poder político que esgrime José Elías para justificar la pérdida del periódico, está la torpeza de un periodista que quiso ser empresario, es decir, la torpeza de alguien que quiso ser juez y parte.