De ultras y cosas peores

 
0 Me late
¡Gracias!

Aunque en el vocabulario institucional se mantiene un mensaje pacifista, la efervescencia política ha exacerbado los ánimos de los grupos radicales, incluidos los armados, de derecha y de izquierda que hacen posibles y previsibles algunos enfrentamientos, advirtió Jorge Lofredo, investigador del Centro de Documentación de los Movimientos Armados (Cedema).

La incertidumbre post electoral ha generado que el candidato de la coalición Por el Bien de Todos, Andrés Manuel López Obrador, y el presidente Vicente Fox tomen providencias ante el endurecimiento del conflicto: el tabasqueño con el llamado a una convención nacional democrática, cuyo trasfondo es la refundación del país; mientras el guanajuatense, el uso de la fuerza pública para garantizar que Felipe Calderón asuma el poder.

Fernando Tenorio Tagle, especialista en temas de seguridad, indicó que la señal que está tratando de enviar Vicente Fox con el despliegue el Estado Mayor en las inmediaciones de la Cámara de Diputados es manifestar que ya hay un ganador de la elección presidencial, que es
el candidato del Partido Acción Nacional (PAN) y que utilizará la fuerza del Estado para imponerlo, independientemente de la decisión del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF).

En la clandestinidad, mientras los grupos paramilitares de la derecha se preparan para respaldar las acciones del gobierno panista, los grupos guerrilleros aún se encuentran ante la definición sobre las acciones a tomar, pues aunque han manifestado su apoyo al pueblo, han marcado su distancia de López Obrador. En su más reciente coomunicado el Ejército Popular Revolucionario se pregunta “¿Qué hacer ante la amenaza latente de las fuerzas represivas y este gobierno fascista?, ¿Resignación o revolución?”

Pero el capital político del tabasqueño es precisamente el apoyo popular, que fundamenta con ase en la idea de que la soberanía emana del pueblo y es éste quien tiene, en todo momento, el derecho a modificar su forma de gobierno, situación que puede ser el catalizador de ciertos grupos que buscan precisamente cambiar la forma de gobierno hacia un régimen socialista.

Amparado en el discurso de la legalidad y las instituciones, el panismo se erige como la fuerza pacifista que busca conservar el status quo aunque el conservadurismo, como proyecto político, no puede ganar la aceptación de los sectores mayoritarios de la población.

Empero, como ha señalado el analista Edgar González Ruiz, las estructuras conservadoras son muy poderosas, puesto que representan la conjunción de la jerarquía católica, grandes empresarios católicos, grupos conservadores y sectores del Partido Acción Nacional (PAN).

Ante ello, la jerarquía católica y los grupos conservadores instrumentan sus estrategias, algunas no muy lejanas a la violencia armada encarnada en las guerras cristeras, y otras, más sofisticadas, que se encaminan a ganar la batalla por las conciencias mediante el control de la educación de las elites, de las instituciones asistenciales y del discurso pacifista con la finalidad de desacreditar al adversario.

“Los movimientos sociales de Oaxaca y de San Salvador Atenco obligan a pensar que los tiempos para la expresiones las armas de izquierda también se encuentren superados por los acontecimientos que se vienen dando en algunas regiones donde tienen presencia. Ello los obligará a decidir por tácticas y estrategias acordes a las circunstancias.

“Lo grave de la coyuntura es la capacidad militar que posean y las decisiones que tomen en el sentido de expandir su enfrentamiento al ámbito militar. La expresión militar de la política, que está definitivamente instalada en el México actual, permite esos espacios de enfrentamiento”, indicó Lofredo.

El sociólogo Otto Fernández, catedrático de la Universidad Autónoma Metropolitana, advirtió que en la experiencia latinoamericana la intervención del ejército deriva de rompimiento de los vínculos institucionales y se presenta como un camino sin regreso, situación que no ha ocurrido en México.

Explicó que si bien existe un momento de crispación por la coyuntura electoral, no alcanza para advertir un riesgo de que los ánimos se salgan de control y del ámbito institucional. Oaxaca es la muestra clara de un escalamiento social de carácter político donde efectivamente se vive una situación de ingobernabilidad, con prácticamente la desaparición de los poderes,
una movimiento social con amplio capital en sus bases y grupos guerrilleros organizados. “A pesar de esto no ha intervenido el Ejército Mexicano”, dijo.

Al final, agregó, el pleito político es sobre una banqueta y habría que diferenciar si la intervención del Estado Mayor Presidencial se trata de una decisión institucional o una situación de orden público, en la que los militares participaron como apoyo de las acciones de la Policía Federal Preventiva.

Al respecto Tenorio Tagle apuntó que el desalojo de los perredistas ocurrió en la calle y no dentro de las instalaciones del recito legislativo, por lo que correspondía a la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) local intervenir, pues los manifestantes se encontraban en la vía pública.

“La inclusión del Estado Mayor Presidencia es una actitud dictatorial autoritaria que busca darle un cariz de drama telenovelezco al conflicto y reafirma la idea de un Ejecutivo cínicamente parcial, que suceda lo que suceda, ve como ganador a Calderón, por lo que van a intervenir para legitimarlo cueste lo que cueste”, aseguró el académico.

Recordó que incluso en otros episodios cuando diversos grupos sociales ha entrado por la fuerza a las instalaciones del Palacio Legislativo de San Lázaro se ha tenido la capacidad de negociar y resolver mediante el diálogo y aunque la PFP tiene las facultades para poner orden en un recinto federal no se ha utilizado la fuerza pública.

Pero la tentación del autoritarismo no sólo se encuentra presente en el uso de la fuerza pública, sino en la emergencia de grupos paramilitares vinculados con la derecha, como los “aves azules”, que podrían aparecer como un factor detonador de situaciones de mayor
envergadura.

“La coyuntura, en este caso, parece demostrar la veracidad de la incidencia de los procesos políticos como activadores de los proyectos armados, o a la inversa, los proyectos armados encuentran su emergencia en los procesos políticos. Lo que demuestra que no únicamente la pobreza o los condicionantes sociales son detonadores de este tipo de manifestación, sino que los tiempos políticos siempre son decisivos para que éstos proyectos emerjan, tengan arraigo entre la población y se vuelvan posibles”, acotó Lofredo.

Indicó que tanto en los medios como en sus fines, precisó, se pueden encontrar diferencias entre grupos de derecha y de izquierda: por un lado, la derecha procura el mantenimiento del status quo, una continuidad de la relación de fuerzas que se presentan al interior de la sociedad. Más aún, debería considerarse también la posibilidad de estos grupos como una inquietud de forzar una vuelta al pasado, hacia formas de gobierno y relaciones sociales superadas por el desarrollo y progreso que la sociedad.

“El lugar de la mujer y los espacios de participación y opinión podrían verse seriamente cuestionados por formas antiguas de uso del poder y el cuestionamiento social y la oposición también serían espacios que se acotarían drásticamente en el imaginario de la derecha”, explicó.

En cambio, refirió el politólogo, bajo la idea de la búsqueda de un ideal, la declamación y el discurso guerrillero apunta a obtener nuevos espacios que hoy se demanda en distintos puntos de la República Mexicana: el seguimiento de su ideario apunta a considerar que la guerrilla ha levantado propuestas que ya existen en el seno de la sociedad y las hacen suyas.

“Las impulsan a través de las armas, aunque generalmente infradotados logísticamente -a diferencia de los otros que cuentan con sustanciales apoyos económicos-, su actividad está severamente cuestionada -en comparación con grupos paramilitares o ejércitos privados que por lo general cuentan con la complicidad de un sector del poder que les otorga impunidad y zonas liberadas para sus operaciones”.

Recordó que recurrentemente bajo pretexto del combate y aniquilación de estos grupos se somete a poblados íntegros. En este sentido, precisó, aquellos ejércitos privados jamás cuestionan a la autoridad, no ponen en duda las órdenes que reciben ni tampoco cuentan con un ámbito de reflexión donde considerar la justicia, igualdad, etcétera.

En contraste, en los movimientos revolucionarios la idea de reconsiderar las relaciones sociales y la asimetría política es fundamental para su existencia -aunque no con ello se asegure un espacio de libertad y democracia- pero, vale reconsiderar la idea que
su accionar responde a una manifestación de inconformidad previa que ya fue adoptada por otros sectores no clandestinos ni armados, agregó Lofredo.

Ante esta circunstancia, la figura de Andrés Manuel López Obrador, aparece en el imaginario de muchos de sus seguidores como la posibilidad de que un líder carismático encarne y enfrente las necesidades de las masas aglutinadas en los campamentos de Reforma.

En opinión del sociólogo Mario Ortega Olivares, el papel simbólico de fechas como el 1, el 15 y el 16 de septiembre para que López Obrador desarrolle sus asambleas y dé el grito dé de independencia se enmarcan en papel de “gran Tlatoani” que se le ha dado al tabasqueño, pues ha logrado aglutinar en torno suyo a grandes masas empobrecidas.

“López Obrador se asume como un líder fundacional y se coloca al nivel de personajes de la historia patria, por lo que utiliza fechas claves para desarrollar sus actividades y se adelanta a los planteamientos de sus adversarios, quienes se preparan en varios sentidos para revertir una eventual desobediencia civil convocada por el tabasqueño”, advirtió el académico.

Aunque en su discurso el tabasqueño no ha mencionado abiertamente la palabra “revolución”, las consignas de algunos sectores que lo apoyan en el campamento de Reforma si lo han hecho: “Solución o Revolución”. El término, desgastado por el discurso priista, renace en el ideario
colectivo, particularmente con la circulación de afiches que muestran los bustos de Miguel Hidalgo, Benito Juárez, Francisco Villa, Emiliano Zapata, en una foto del tabasqueño, publicada recientemente por Diario Monitor, que contiene la leyenda: “Sin lucha no hay futuro”.

López Obrador representa para sus seguidores el gran padre protector que señala y autoriza el camino a seguir, el problema es cuando sus adversarios piensan que la resistencia civil se va a diluir, situación que es muy difícil, pues hay desempleo, pobreza y las expectativas de futuro son muy difíciles. “López Obrador se erige como un líder mesiánico que en el imaginario colectivo produciría soluciones, manifestó Ortega.

“Existe una crisis económica que ha quedado de manifiesto desde hace varios años, lo que llevó a muchas personas al desempleo; pues los campamentos de Reforma están llenos de personas que no tienen una fuente productiva, por lo que es difícilmente el movimiento se desgastará, pues como no tienen nada qué perder ahí se van a quedar hasta que se resuelva el conflicto”.

Ante este panorama, los entrevistados consideraron que es prudente que los actores en disputa esperen el resultado del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJ) antes de que existan las condiciones suficientes para que el conflicto post electoral devenga violencia.


Posted by nagualito to La guarida del nagual at 8/19/2006 11:18:00 PM