Principio de incertidumbre

 
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¡Gracias!

Se van amigos, otros vienen, reza una vieja letanía, junto con ellos etapas enteras desaparecen y comienzan nuevos ciclos sin que se pierdan ciertos lazos afectivos creados en determinadas circunstancias.

Resulta significativo cuando ciertas personas ocupan una doble posición: la de jefe y la de amigo. Aún recuerdo a mi viejo mentor, Daniel Galán, quien a hace 15 años me enseñó una cosa fundamental: los logros en la vida se obtienen por dos vías, mediante la forma de la sumisión falsa, simulando, entregando todo en apariencia pero de manera poco decente, lamiendo botas; la otra, simple pero de largo plazo, esto es trabajando.

A su lado, a mi escasa edad entonces comprendí que las cosas deben quedar bien hechas, que los lazos de la solidaridad van más allá de compartir un espacio físico, involucran buenos acciones, empatías, compartir el pan, la sal y las actividades fuera del recinto de trabajo.

Lo recuerdo con su barba blanca y su voz ronca, fumando su eterno puro y tratando de vencer a la artritis, un mal familiar. Entonces era el mozo tratado como un buen amigo. Desde el fondo de mis recuerdos mantengo esa imagen del mítico señor Galán.

Cinco años más tarde, ya en El Heraldo de México, tuve la fortuna de encontrarme con un jefe de información que me develó el secreto de la confianza, me dio herramientas para vencer ciertos temores y, sobre todo, me dio las herramientas fundamentales para descubrir el mundo alrededor. Hoy como entonces sigo su viejo consejo de contarle a una hoja electrónica lo que pienso y lo que sucede.

Una barba que le hacía parecer mayor y la costumbre de arremangarse la camisa, literalmente, para trabajar, así como su afición por no mencionar una sola palabra de las que se denominan groserías –malas dicciones- sino darle a vuelta y rebuscar el lenguaje para darle cualquier sentido a una expresión, son los rasgos principales que le recuerdo.

Tuvieron que pasar cinco años más para tener otro jefe que se convirtiera en un gran amigo. Una mañana, durante la transición de El Heraldo a Monitor, se presentó un tipo con aspecto sencillo, que en mi cabeza amenazaba con un mal trato y condiciones de imposición. Lo primero que me dijo fue la necesidad de hacer producir al periódico. En las condiciones de carencia lo único que le alcancé a responder fue la imposibilidad momentánea de hacer ciertas cosas porque el navío transitaba por aguar sumamente tormentosas.

Poco a poco Francisco Cruz Jiménez se ganó mi confianza, mi respeto y mi admiración. Son limitadas las ocasiones en que uno tiene la oportunidad de llamar amigo a un jefe y este es el caso. No porque de otros amigos no haya aprendido ni porque a lo largo de la vida no se puedan adquirir conocimientos: la situación es distinta, pues las condiciones de liderazgo se ganan con buen trato, Don de Gentes, me explicó López Figueroa es la única expresión válida para usar el término en plural y para designar a aquella persona que tiene la capacidad de aglutinar en torno suyo filiaciones definitivas derivado de su personalidad genuina y recta: así es el buen Paco.

Un nómada que un día llegó como beduino a mostrarnos conocimientos adquiridos en otras tierras. En mi caso supuso el perfeccionamiento de técnicas informativas y un oasis en el desierto de rasgos solidarios de un periodo corto, quizá de tiempo, pero largo y complejo en vivencias.

El pasado 2 de octubre –las fechas parecen ser simbólicas también– se dieron a conocer nuevos nombramientos en Diario Monitor, Daniel López Barroso ocupa la vicepresidencia y el control administrativo en los hechos de la empresa. Como consecuencia de ello, Paco presentó su renuncia irrevocable. La razón: se conocen desde El Universal donde trabajaron juntos en la edición On Line. Hay personas a quienes se les da el beneficio de la duda, pero cuando se les conoce, parece que no queda más que tomar decisiones.

Junto con Paco, Miguel Castillo y Mauricio Mejía presentaron sus respectivas renuncias, así como algunos reporteros. En voz del propio Miguel señaló que se fue contento y satisfecho por su trabajo durante tres años en la edición cotidiana. Es de agradecerle a José Gutiérrez Vivó, aseguró, la libertad para trabajar, para hacer periodismo, sólo que llega un momento en el que un empresario debe decidir y sus subordinados también deben hacerlo. La disyuntiva es clara: continuar con una forma de ser y de trabajar o cambiar hacia otros rumbos.

Agradecido como estoy con todos aquellos con quienes he trabajado – salvo los pedantes reformos — y de quienes he aprendido, recordaba hace unos días a una larga lista de compañeros de viaje a quienes apenas he sabido de ellos, pero deseo que les vaya bien. Ahora la lista es larga y los parabienes genuinos a quienes se van.

De Paco Cruz, pues la garantía de mi amistad y el deseo de pronto ver en las librerías su opera prima. Los que nos quedamos en el barco, tenemos larga experiencia con estos remos y sólo queda esperar a que pase la tormenta. El Sr. Galán, el Sr. López Figueroa y Paco Cruz, son a quienes puedo reconocer como mis mentores y amigos, quienes mejor me han tratado y a quienes siempre les deseo el bien. Von voyage.


Posted by nagualito to La guarida del nagual at 10/05/2006 12:15:00 PM