Gobierno paralelo

Las experiencias de gobiernos paralelos en México, en el siglo XIX y en el XX han sido situaciones de crisis política y enmarcados en momentos de guerra, por lo que en la actual coyuntura no es un asunto viable que exista un gobierno paralelo, es una dicotomía que debe resolverse porque se corre el riesgo de una escisión de la República, advirtió la historiadora Patricia Galeana en entrevista con Diario Monitor.

La académica de la UNAM recordó que en el país tenemos dos experiencias históricas de gobierno paralelos, la primera en el siglo XIX con el gobierno de Miguel Miramón y el Imperio, que intentaron gobernar paralelamente al de Benito Juárez, y, en el siglo XX, el gobierno de la Convención de Aguascalientes, que se intentó sobreponer a la junta militar establecida por Venustiano Carranza.

Un primero gobierno paralelo ocurrió en 1857 cuando los conservadores desconocieron la Constitución, por lo que se establecieron dos gobiernos que subsistieron hasta 1867, cuando cayó el imperio. “No podemos hacer comparaciones, pero nos sirven los antecedentes históricos. En el siglo XIX había dos proyectos de nación: uno que alentaban los conservadores, por el establecimiento de la monarquía y
el establecimiento político de la Iglesia; otro, de corte liberal, que se pronunciaba por la República”.

La crisis, indicó la académica, se suscitó como consecuencia de intento de los liberales por desmantelar lo que quedaba del Estado Colonial y la eliminación de grupos que tuvieron privilegios en esa etapa. La Guerra de Reforma fue precisamente por el fin de estructuras coloniales.

El otro gobierno paralelo, dijo, es el de la Convención de Aguascalientes a partir de 1915, misma que desconoció a Venustiano Carranza. “Ocurrió en el momento más dramático de la Revolución donde se nombraron, en diferentes periodos de tiempos a Eulalio Gutiérrez, Roque González y Francisco Lagos Cházaro como presidentes. La convención manejó un régimen semiparlamentario y sentó las bases para la tercera etapa de la Revolución Mexicana”.

La historiadora consideró que esos dos momentos han sido situaciones de crisis política que no pueden ser comparables con el momento actual; sin embargo, en lo que sí hay paralelismo con el Siglo XIX es que no se ha llevado a efecto una autentica transición “porque se confundió a la democracia con la ausencia de gobierno, por lo que es necesaria una Reforma del Estado que modifique las estructuras”,
indicó.

Con relación al gobierno paralelo proclamado por Manuel Clouthier en 1989, indicó que en aquella ocasión se trató de un gobierno simbólico, virtual y sin el mayor efecto. “Por la vía jurídica se podría establecer una figura como la de Inglaterra donde hay un shadow gabinet, conformado por la oposición en el que hay un secretario de
estado que sirve de contrapeso para acotar decisiones”.

Según los teóricos, una de las premisas a seguir por parte de los gobiernos paralelos desprestigiar ante los ojos nacionales e internacionales al adversario, abrir los ojos a los ingenuos y darle información al ignorante, no hay otras tareas en este tipo de agrupamientos, aquí no hay transformación ninguna del acto administrativo, simplemente se busca la aplicación que marca el sentido común sin carga ideológica alguna. En otras palabras usan la estructura o esqueleto simplemente para decirle a la opinión pública como harían ellos las cosas en lugar de los otros.

En un artículo publicado recientemente en la revista Letras Libres, Enrique Krauze retomaba la historia narrada por López Obrador en su libro, Entre la historia y la esperanza (1995), en la que recuerda que luego de las elecciones estatales de 1992, los simpatizantes del tabasqueño tomaron la plaza de armas en Villahermosa, se declararon en desobediencia civil e instalaron un gobierno paralelo.

“A principios de 1995, decidido a abrir de verdad el sistema político, el presidente Zedillo pacta con todas las fuerzas –incluido el PRD– una reforma que consolidaría la autonomía del Instituto Federal Electoral y echaría a andar la transición democrática. Zedillo no acude a la toma de protesta de Madrazo, que habita un “búnker” en Villahermosa. Ante el peligro inminente de una represión, López
Obrador disuelve el plantón en Villahermosa, pero al poco tiempo convierte su derrota en victoria al exhibir, en un segundo “éxodo” de campesinos tabasqueños al Zócalo de México, las cajas con documentos que contenían pruebas del fraude electoral en Tabasco”, recuerda Krauze.


Posted by nagualito to La guarida del nagual at 9/26/2006 11:06:00 AM