A Dios, lo que es del pueblo

 
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Bajo el lema de “todo es político, pero la política no es todo”, obispos mexicanos han declarado que la iglesia de México no es ajena al despertar político, de ahí los numerosos documentos oficiales del Episcopado, a nivel nacional, regional y diocesano, buscan impulsar y orientar en un sentido el compromiso político de los católicos e, indirectamente, de muchos otros ciudadanos.
Pero los riesgos que detectan especialistas como Manuel Gómez Granados, del Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana (IMDOSOC), es que grupos secretistas para católicos como los Legionarios de Cristo, Opus Dei, Yunque o Caballeros de Colón, quienes señalan que después de tantos años de marginación ha llegado el momento histórico de implantar funcionarios, leyes y estructuras católicas, puedan imponerse.
En su análisis “Política católica o católicos en la política”, Gómez Granados alerta sobre la pretensión de grupos católicos que sugieren, por ejemplo, que después de la toma de posesión del Presidente Electo se celebre un Te deum en la catedral metropolitana, y que el Presidente y su gabinete asista públicamente a misa los domingos, como testimonio para el pueblo.
“Proponen la celebración de un concordato entre el Estado y la Iglesia católica; piden educación católica en las escuelas públicas y privadas.; desean que en los medios de información se destinen espacios obligatorios para hablar de religión y moral, además de que se regulen y se reconozca a las iglesias el derecho a poseer medios de información.
“El derecho a la liberad religiosa, señalan, debe aplicarse de acuerdo con la antigüedad y representatividad social de las iglesias y se pronuncian porque lo mejor es hacer un gobierno confesional no sólo de hecho, sino de derecho”, explica Gómez Granados en su análisis.
Sin embargo, el analista matiza la posición de la propia Iglesia y afirma que quienes proponen la presencia de los católicos en la política, expresan que si después de la experiencia de más de 70 años de una dictadura de partido, ahora los católicos pretenden imponer sus criterios, valores y verdades, “no están dando vida a una auténtica democracia, sino sólo a una táctica sustitución de unos por otros, pero con los mismos vicios, las mismas conductas y la misma cerrazón”.
Puede notarse, a pesar de todo, que el mensaje de la cleresía mexicana a los feligreses siempre contiene un mensaje político, y aunque digan que no hay proselitismo u opción política por un determinado partido, no pueden eludir su responsabilidad en la participación de la vida política, señaló el teólogo Reynaldo Nieto.
Donato Cortés, director del seminario menor de San José y sacerdote, señaló que con frecuencia se afirma que “la iglesia no debe intervenir en política”, sin precisar qué se entiende por iglesia y qué por política e inmediatamente se derivan situaciones confusas, para tal caso es necesario dejar claro qué es política.
El recién fallecido Papa Juan Pablo II en su Encíclica sobre la preocupación social de la iglesias se pronuncia por que “la iglesia rechaza la imposición de un partido único y oficialy en donde ningún partido tiene derecho a usurpar el papel de único guía, porque ello supone la destrucción de la verdadera subjetividad de la sociedad, de las personas y de los ciudadanos, como ocurre en todo totalitarismo”, indicó el prelado.
Los documentos del episcopado mexicano explican la situación acerca de si el clero no debe inmiscuirse en política y al respecto dicen: “la política en sentido amplio se refiere al bienestar general de la sociedad y abarca lo correspondiente a los valores fundamentales de la persona y de la comunidad. En sentido amplio la política interesa a todos los organismos intermedios como sindicatos, universidades, etc.y, por lo mismo interesa a la iglesia como comunidad y a los obispos, como promotores de valores humanos, morales, cristianos que deben inspirar el orden temporal, detalló Nieto.
Por otra parte, los líderes de la clerecía mexicana coinciden que la necesidad de la participación política de los ciudadanos a través del voto constituye un derecho y un deber; acerca de esto, “la moral social católica sobre el deber de votar expresa que es una obligación según las exigencias del bien común nacional y la obligación de negar el voto a partidos cuyos programas no respeten los derechos fundamentales: familiares, económicos, educativos, religiosos o políticos”, detalló Cortés.
Quienes proponen no una política católica, sino la presencia de los católicos en la política, señalan que el tiempo de cristiandad ya pasó, y que la experiencia ha demostrado que no es actuando como grupo cerrado la mejor manera de servir al bien común, agrega Gómez Granados. “El objeto de la política, expresan, no es la evangelización ni el desarrollo de la comunidad religiosa ni conceder privilegios a la Iglesia o defenderla, sino el bien común, la promoción y pleno reconocimiento de los derechos humanos y la participación de todos en la cosa pública. Sería pervertir la política si se usara para otros fines, como pudiera ser la evangelización” remata el documento.

Las corrientes de los obispos

Aspiran a ser, justos, tolerantes, espirituales y alcanzar la santidad, pero los obispos mexicanos no pueden negar su tendencias ideológicas y su actividad política, que se han visto consolidadas con el reconocimiento de su personalidad jurídica concedida bajo el sexenio salinista y luego de la llegada del PAN en la Presidencia de la República.
Según los teólogos y vaticanistas consultados por DIARIO MONITOR, el papado de Juan Pablo II consolidó la corriente tradicionalista conservadora que se ha perpetuado por siglos en Roma; de tal suerte que la mayoría de los 148 obispos, arzobispos y cardenales que hay en México pertenecen a esa corriente ideológica, mientras los rostros más visibles siguen la estrategia mediática de Karol Wojtyla, en una corriente elitista dictada desde El Vaticano.
Pese a que el alto clero mexicano es difícil de clasificar, porque existe hermetismo respecto de su posición en el espectro ideológico, el académico y religioso José García, considera que las inclinaciones por el conservadurismo en el alto clero derivan de su formación, “esa ha sido su doctrina, aunque muchos no la aceptaron; pero los que aceptamos,vemos las ventajas de las situaciones anteriores sobre las modernas”.
Y es que Juan Pablo II logró diezmar la influencia de los obispos progresistas que practicaban la teología de la liberación y logró la consolidación de las corrientes conservadoras como la tradicionalista y la vaticana, cuyo pragmatismo en la relación Estado-Iglesia ha derivado en apoyo a la economía social de mercado, explicó.
La consolidación de la tendencia tradicionalista y vaticana que sembró en la jerarquía eclesiástica el antiguo nuncio apostólico, Girolamo Prigione y la desaparición de la línea pastoral conocida como opción preferencial por los pobres -comúnmente llamada Teología de la Liberación-, son parte de los mecanismos utilizados por el máximo jerarca de la Iglesia Católica.
Empero, la corriente vaticana no es la mayoritaria ni dominante. Según los especialistas, la mayoría de los 140 obispos, arzobispos y cardenales de la Iglesia católica mexicana pertenece a la fracción tradicionalista espiritual, que es practicada en silencio por los obispos, quienes prefieren guardar silencio sobre temas como la sexualidad, aborto o eutanasia, cuya discusión es polémica entre los sectores laicos.
“La elite católica mexicana ha tenido que cambiar, pues la doctrina de la Iglesia se ha modificado a la par que la sociedad mexicana, las tendencias en el Vaticano, pero fundamentalmente la preparación de los obispos que cada vez son más exigentes, situación que limita el acceso a muchos pastores a los altos cargos religiosos”, explicó.
García, destaca la importancia de la Iglesia católica mexicana, pues tiene un importante papel para la cristiandad mundial y es una pieza fundamental en la táctica geopolítico del Vaticano. En América Latina se concentra 44 por ciento del catolicismo mundial y México es el eje estratégico para conquistar Estados Unidos, donde la avanzada es de 20 millones de personas.
Para los teólogos y sacerdotes Jaime Fonseca y Donato Cortés, el conservadurismo de los dirigentes de la iglesia -obispos, arzobispos, sacerdotes- es predominante y esta muy claro. Sin embargo, existen órdenes religiosas proclives a ideologías de izquierda, a pensamientos liberales. “Encontramos a las órdenes de los jesuitas y los dominicos los cuales escriben artículos en donde confronta el pensamiento conservador”, enfatizaron.
Fuentes eclesiales declararon a DIARIO MONITOR que la corriente predominante y más activa públicamente es la vaticanista, debido a la actual composición del episcopado mexicano y el promedio de años en el ministerio del obispado, así como la formación religiosa de la cúpula eclesiástica.
Se trata del grupo heredero del nuncio Prigione, encabezado por el arzobispo primado de México, Norberto Rivera, Onésimo Cepeda (Ecatepec), Juan Sandoval Iñiguez (Guadalajara), Carlos Emilio Berlié (Yucatán), Mario de Gasperín (Querétaro), Héctor González Martínez (Durango), Francisco Robles Ortega (Monterrey) e incluso el actual presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), José Martín Rábago (León), entre otros.
En su calidad de obispo primado de México, Rivera Carrera es quien los encumbra, y gracias a su predominancia en medios de información, su participación en la CEM y su activismo diario, ha ganado un espacio importante en las actividades de arzobispos, obispos y sacerdotes. “Sin embargo, la clerecía mexicana tiene que funcionar en unidad, en conjunto en las actividades de pastoral independientemente de la corriente con la que comulguen”, explicaron los religiosos.

Los rojillos de la jerarqía eclesial

Los obispos considerados como liberales, cuyo compromiso es por la lucha por los feligreses más pobres –cuyas ideas han sido relacionadas con la Teología de la Liberación– fueron Sergio Méndez Arceo (Cuernavaca) y Bartolomé Carrasco Briseño (Oaxaca), quienes ya fallecieron, así como, Samuel Ruiz García (San Cristóbal de las Casas), y Arturo Lona (Tehuantepec).
Méndez Arceo fue conocido como el patriarca de la solidaridad, incluso muchos le decían el obispo “rebelde” a lo cual él contestaba “no soy rebelde, soy libre”. Se inspiró en el pensamiento marxista de los obispos cubanos que abanderaban la Teología de la liberación, afirman prelados.
Pero las tendencias ideológicas de estos prelados, herencia del Concilio Vaticano II y el de Medellín–Puebla, en los que se buscó el acercamiento con los pobres, ponderando a los marginados del tercer mundo. La Teología de la Liberación que toma expresamente el concepto de liberación del tercer mundismo y los movimientos de liberación nacional iniciados en las ex colonias europeas, que derivaron en “cristianos por el socialismo” y el intento posterior de formación de la “Iglesia popular”.
En su papel de jefe de Estado –más que de pastor–, la posición de Juan Pablo II fue de apoyo a la economía de mercado, en un modelo de neocristiandad con una visión de Estado supranacional, férreamente centralizado, feudal, totalitario y eurocentrista , que se oponía a la idea de iglesia comunitaria y participativa, en la que el papel de los fieles fuese más activo. Girolamo Prigione sería la pieza estratégica para desactivar esta situación en México.
Desde su llegada , Prigione se rodeó de algunos prelados conservadores para atacar a la Iglesia progresista. Según los especialistas, lo que a caracterizado a los obispos mexicanos es la relación tan directa que han tenido con el Vaticano, situación que ha impuesto disciplina y ortodoxia doctrinal. A finales de 1992, con el nuevo marco de las relaciones Iglesia-Estado, 50 de los 88 obispos activos del episcopado le debían el nombramiento al nuncio papal.
Al respecto, Reynaldo Nieto investigador y teólogo de la diócesis de Netzahualcóyotl, señala que estados como Guerrero, Oaxaca y Chiapas, alcanzaron mucha notoriedad porque eran abiertamente proclives a los pobres, y los obispos de tales entidades defendían a los indígenas y a los campesinos frente a caciques y gobiernos estatales. “Pugnaban por la economía solidaria, exigían respeto al voto y se oponían al fraude electoral”, explicó.
Méndez Arceo y Ruiz García se convirtieron en un dolor de cabeza para la diplomacia vaticana y los custodios de la fe, que bajo el pontificado de Karol Wojtyla y de la mano Joseph Ratzinger –hoy Benedicto XVI–, condenaron a los teólogos de la liberación Hans Küng, Edward Schillebeeckx y Leonardo Boff. Los obispos cooptados por Pigione sirvieron como instrumento para infiltrase en las diócesis, para denunciar y expulsar o cuando menos limitar a sacerdotes de diversas diócesis, quienes fueron acusados de “marxistas”, “ilegales” y “traidores a la patria” ante la Secretaría de Gobernación.
Hacia 2005, las ideas liberales en el seno de la iglesia estaban casi extintas. “Los clérigos mexicanos difícilmente se definirán como liberales, dado que el pensamiento conservador es el que sobresale dentro de la iglesia en México. Y quienes así lo han hecho, no han tenido la oportunidad de permanecer por largo tiempo dentro de esta institución, pues la línea conservadora es imponente ante los incipientes y titubeantes pensamientos liberales”, añadió el teólogo Reynaldo Nieto.

(Publicada en Diario Monitor, 1 de junio de 2005, en coautoría con Veronica Morato)

Publicado por Sr. nagual el viernes, enero 27, 2006 ,