Víctimas de pederastía sacerdotal

 
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La desidealización sobre la figura sacralizada de un personaje es el mecanismo que permitido la denuncia de casos de pederastia, al menos en el caso de Marcial Maciel, por parte de las víctimas, pues el día en que se atrevieron a romper con su seductor les ocurrió a todos que han vivido un contrato perverso.

De esta manera explica el académico del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, Fernando M. González la psicología de las víctimas de pederastia en el seno de la Iglesia Católica, quien se dio a la tarea de investigar las denuncias entre los testimonios de los denunciantes para determinar en qué momento “algo es fantasía y cuándo se trata de la realidad”.

Marcial Maciel, Los legionarios de Cristo: testimonios y documentos, –donde narra los abusos sexuales y la adicción a la morfina del sacerdote–- el investigador universitario señala que las historia de la pederastia de la Legión de Cristo no s agota en un grupo de muchachos violados hace 50 años, “sino que se reproduce en sus núcleos pederastas sostenidos en densas complicidades que van más allá de la
institución”.

El psicoanalista opina que el testimonio sobre situaciones que ocurren a puerta cerrada en las que existen dos versiones, constituye una especia de “duelo verbal” en la que una parte niega lo que otra afirma; esto lleva casi siempre a la parte que no asistió al hecho, a tomar partido o a permanecer en una especia de indefinición suspensiva y sin salida.

“El problema de Maciel –y de los sacerdotes pederastas– consiste en que en la bolsa de valores de la palabra, el acusado cuenta con todas la prerrogativas. Además en su capital de relaciones tiene de su lado al Papa –al menos, mientras estuvo al frente Juan Pablo II– y a una parte de la curia romana, además de un buen número de obispos, algunos empresarios y algunos cuerpos políticos mexicanos”.

Por si algo faltara, indica el texto de González, entre los que constituyen el grupo organizado de los ahora acusadores, al menos siete de ellos mintieron cuando eran jóvenes en el momento justo que el Vaticano aceptó llevar a cabo la primera investigación en 1965, lo que permitió a Maciel salir exonerado y blandir en su favor el argumento de que no es explicable que cincuenta años después, sus acusadores sostengan que ahora sí dicen la verdad, porque cuando tuvieron la oportunidad la “desaprovecharon”.

Pero, para el analista la situación es más compleja, pues el testimonio de los ex legionarios que fueron víctimas de Maciel y, en algunos casos, colaboradores de su propio abusador ante los candidatos a víctimas, supone diferencias entre las maneras de haber estado implicados, situación que no invalida sus declaraciones automáticamente.

“El hecho de que las víctimas, hombres ya maduros, hayan aceptado testimoniar a cerca de un acto de seducción y sus detalles, significa exponerse y volverse públicamente vulnerables. Pero este hecho puede entenderse como la imposibilidad de soportar más tiempo un silencio y una complicidad con un abusador que ha dejado de representar al ser excepcional. Se está dispuesto a encarar un pasado para ajustar cuentas con él y tratar de entender de qué manera se participó en la relación violenta de seducción y sometimiento”.

Para el psicólogo, la intrincada red de situaciones que conllevan el abuso sexual y la reserva del tema supone una serie de comportamientos en las víctimas quienes han tenido que recorrer un largo camino para atreverse a hablar, situación que terminó por exudar la creencia en la santidad y excepcionalidad depositada en Maciel, que él mismo les había infundido.

“Algunos quieren guardar su nombre; algunos quieren que se supriman ciertas declaraciones para no ‘molestar’ a Maciel o que los harían aparecer desagradecidos o vengativos; algunos más, presionados por sus familiares para que no caga sobre ellos el ‘descrédito’, se siente jaloneados entre hablar y callarse. Y hasta se dio el caso de uno, que después de haber firmado una declaración notariada, se desdijo y volvió a repetir que fue manipulado. Todo esto frente a un pequeño grupo que ya quemó las naves y no teme a aparecer en los foros donde se les solicite”.

Desde que comenzó a indagar, González observó que en otros casos similares se había suspendido a religiosos de alto rango, pero de manera silenciosa. Sin embargo, con el padre Maciel, el caso fue expuesto a través de la prensa y eso obligó a que en El Vaticano la sentencia se transfigurara en una invitación para retirarse. “La manera en que hicieron la sentencia muestra que Marcial Maciel goza de enorme protección papal y de otras instancias políticas”, considera el especialista.

En conclusión, el investigador señala que la manera de aparecer del sacerdote pederasta como “profundamente espiritual” no puede ser reducida a una pura máscara, que al momento de contrastarla con sus otras formas de actuar el resultado es una figura paradójica e insostenible. “La historia que acabo de relatar – remata el autor– no termina con la de dos superiores pederastas, sino que estos actos continúan dentro de la legión, según los testimonios que circulan actualmente”.

El extenso material editado por TusQuets relata la historia del carismático líder religioso desgarrado entre la morfina y sus demonios sexuales, pero con un enfoque basado en la disciplina psicológica, que añade el elemento de un grupo de poder como a Iglesia Católica cuyo hermetismo se resiste a echar luces sobre el caso.

Las palabras de Martha Wegan, abogada de las víctimas, que recitaban las palabras del cardenal Joseph Ratzinger, hoy Benedico XVI, “es mejor que ocho hombres inocentes sufran injusticia y no que miles de católicos pierdan la fe”, son sintomáticas de la presión que ejerce la Iglesia Católica para mantener el status quo.


Posted by nagualito to La guarida del nagual at 9/26/2006 11:13:00 AM