Guerrillas coheteras (1)

 
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El domingo pasado inició el segundo zapatour en el que el subcomandante Marcos — quizá en recuerdo del dirigente de la guerrilla nicaragüense Edén Pastora, “El Comandante
Cero”– adoptó el título de “El Delegado Zero” e inició una nueva etapa
a bordo de una motocileta. Ante ello, el Partido Democrático
Revolucionario Popular Revolucionario – Ejército Popular Revolucionario
(PDRP-EPR) manifestó su apoyo y declaró una alerta para que los
guerrilleros que operan bajo sus siglas permitieran el paso de la
caravana ezelenita en su zona de operaciones.
La “Otra Campaña” se circunscribe en el inicio de las campañas electorales que tomarán fuerza más o menos en un mes. Pero la intención del EZLN
supone un mecanismo novedoso –característica de este movimiento
político más que armado– de operación política que va más allá de la
coyuntura electoral, “para la construcción de un programa nacional de
lucha, anticapitalista y de izquierda”, según refiere el propio Marcos
en una carta enviada a las direcciones nacionales, comandancias,
oficiales y combatientes de las distintas organizaciones
político-militares revolucionarias de México.
Ajenos o por lo menos
distantes, de los desencuentros que han tenido las otras organizaciones
armadas que operan en la República, los ezelenitas comenzaron los
preparativos de “La Otra Campaña” desde mediados del año pasado con el
anuncio de que pasaban de ser un grupo beligerante a la vida civil. Sin
embargo, en otras entidades del país la situación de los grupos
guerrilleros es lejana a la simpatía que produce ante la sociedad el
movimiento del EZLN.
Aunque, como señala el analista Jorge Lofredo,
las siglas que operan en México no representan un riesgo para la
seguridad nacional, es importante señalar que su orígen
–fundamentalmente relacionado con una ideología cercana al marxismo
ortodoxo y en la búsqueda de una revolución– supone el descontento de
sectores marginados que no han encontrado más camino que el de las
armas.
Las cifras son claras: a 12 años del surgimiento del EZLN, el
gobierno federal detectó cuando menos 10 focos rojos entre la totalidad
de las comunidades indígenas del país que, por los conflictos agrarios
sin resolver, representan un riesgo social. El informe Desarrollo
Indígena en 50 Municipios, elaborado por la Presidencia de la
República, advierte en el capítulo Regularización, Conflictos y
Desarrollo Agrario -a cargo de la Secretaría de la Reforma Agraria-,
que aún están pendientes de resolver 64 núcleos agrarios. El documento
concluye que sólo 10 de ellos “son viables” de atender, otros 30 son
“de atención especial”, pero a 24 los clasifica como “no programables”.

Guerritas de papel

Entre
2000 y 2005 se han conocido manifiestos, proclamas, comunicados, partes
de guerra, etcétera, de más de una veintena de expresiones que se
reivindican armadas; entre 2001 y 2004, se verificaron atentados a
sucursales bancarias con explosivos manufacturados, acciones de
propaganda armada y ataques a bases militares; empero, es la segunda
mitad de 2005 cuando la actividad de estos grupos comienza a
recrudecerse:
Tanto un aumento cualitativo de la actividad militar,
con el ajusticiamiento del ex subsecretario de gobierno guerrerense
Rubén Robles Catalán, omo una radicalización del enfrentamiento interno
entre los grupos, con la discusión sobre el asesinato de Miguel Ángel
Mesino. El incremento de las actividades militares se ponen de
manifiesto conjuntamente con la consecución de aquellas actividades
políticas denominadas “de superficie” y otras militares de menor
intensidad, como presentaciones públicas en poblados apartados,
conferencias de medios en la clandestinidad, paradas militares en
aniversarios luctuosos, reparto de material partidario y pintas.
Entre
ellas que destaca la aparición del Comando Revolucionario del Trabajo
“México Bárbaro” (CRT-MB), que recientemente colocó artefactos
explosivos en dos sucursales bancarias del estado de México, así como
la amenaza del Comando Jaramillista Morelense 23 de Mayo (CJM-23), que
anunció la colocación de artefactos explosivos en algunas sucursales
bancarias de Cuernavaca.
El denominador común de todos estos grupos
es su proclividad a la manifestación escrita de su ideario y de sus
acciones, generalmente a través de correos electrónicos y páginas de
internet; se trata de siglas que en muchos casos aparecen y desaparecen
sin dejar el menor rastro de su existencia, que según Lofredo, no se
puede establecer una relación directa entre apariciones de escritos y
actos eleccionarios.
El Centro de Documentación de los Movimientos Armados (Cedema)

tiene el registro en sus archivos electrónicos de al menos un centenar
de comunicados de una veintena de agrupaciones que se denominan
revolucionarias o beligerantes. Casi una decena de grupos aseguraron su
existencia durante este año a través de distintos medios, siendo el
caso del homicidio de Miguel Ángel Mesno, la radicalizaron los
enfrentamientos en su interior.

Mesino y la guerra en internet

Las
guerrillas mexicanas terminaron 2005, enfrascadas en una guerra
epistolar en la que los principales temas son el asesinato del
activista Miguel Ángel Mesino – reivindicado por el Comando Popular
Revolucionario “La Patria es Primero”- y respecto a la posición que
asumirán sobre “La Otra Campaña” del EZLN, las guerrillas mexicanas
enfrentan un momento de redefinición de sus idearios ante la coyuntura
electoral que se avecina.
Con motivo del aniversario luctuoso de
Lucio Cabañas, el pasado 2 de diciembre, algunas de estas expresiones
dieron a conocer sendos comunicados en los que critican desde la firma
del Acuerdo de Libre Comercio de América Latina (ALCA) hasta la forma
de gobernar de Zeferino Torreblanca. Las guerrillas se disputan el
derecho de ser los verdaderos impulsores de un “cambio revolucionario”.
La
guerra de papel de las distintas siglas se intensificó el pasado 30 de
noviembre cuando el Comité Clandestino Revolucionario de los
Pobres-Comando Justiciero 28 de Junio (CCRP-CJ28J) dio a conocer un
comunicado en el que relata su origen y denuncia a otros grupos que
“bajo posiciones aparentemente revolucionarias” intenta desacreditar el
movimiento armado y arrebatarles los proyectos por los que luchan.
“Tales
actitudes protagónicas y de ambición de poder los han llevado a
intentar corporativizar esfuerzos organizativos o estructuras de masas
las cuales; ni políticamente, ni ideológicamente coinciden en lo más
remoto con sus posiciones”, refiere el comunicado .
El CCRP-CJ28J
refiere tuvo su origen en los movimientos insurgentes de los años 70,
bajo el auspicio de un sobreviviente de la Brigada Campesina de
Ajusticiamiento del Partido de los Pobres (PDLP) en Guerrero. A
principios de los 90, precisa, la estructura se amplía y “en poco
tiempo logramos con nuestro esfuerzo que el PROCUP-PDLP fuera una
fuerza político-militar importante en la región y en todo el estado”.
Era el momento en el que Ejército Popular Revolucionario (EPR) lograba
una alianza con varios de estos grupos.
Pero la coalición no duró
mucho. “A mediados de los 90 empieza a dar un giro la metodología
partidaria; comienza a darse un uso indiscriminado y muchas veces
inadecuado de los recursos económicos, se empieza a dar el
reclutamiento de combatientes de manera incorrecta, se da un
liberalismo y descompartimentación sin control y comienza a darse una
reestructuración la cual a la postre originaría la crisis partidaria
que devino en la separación de lo que hoy es el Ejército Revolucionario
del Pueblo Insurgente (ERPI)”.
“Somos un desprendimiento del ERPI
que descubre a tiempo las verdaderas intenciones de los mismos cuando
se escinden del Partido Democrático Popular Revolucionario (PDPR)-EPR,
decisión que al menos a nosotros como militantes en Guerrero nunca nos
consultaron”, sostiene el CJ28J que sostuvo que esas precisiones las
dio a conocer a raíz del homicidio del activista Miguel Ángel Mesino –
reivindicado por el Comando Popular Revolucionario “La Patria es
Primero” (CPR-LPEP) – a quien se relaciona con esa organización.
En
el documento el CCRP-CJ28J establece que es falso que Mesino y sus
familiares hayan formado o formen parte de sus filas o su dirigente
máximo, “lo consideramos un luchador social que fue asesinado por sus
ideas, por luchar por los más pobres y que hoy se intenta manchar su
nombre, denigrar su imagen y la de su familia”.
“Los
verdaderos responsables intelectuales y materiales del asesinato de
Miguel Ángel Mesino son en esencia una misma cosa, son la Santísima
Trinidad (Tendencia Democrática Revolucionaria (TDR), Comando
Jaramillista Morelense 23 de Mayo (CJM-23M) y CPR-LPEP”, sostiene.
Como
podemos ver, aduce el documento, es el mismo método utilizado por un
seudo dirigente que huyó del EPR y el cual fue el artífice de proponer
decirle a la opinión pública que éramos 14 organizaciones que creábamos
el PDPR-EPR. “Hoy este pseudo dirigente tiene tres membretes: TDR,
CJM-23M y CPR-LPEP. Estos tres membretes coordinan con el ERPI y el
MRLCB y de alguna manera son responsables del asesinato de Miguel Ángel
Mesino”.
Además, acusa a esos grupos de buscar el cobijo de “La otra
campaña” que desarrolla el EZLN a efecto de no quedar aislados
políticamente. “En el marco del 2 de diciembre enviarán sus comunicados
para sentirse bien con su conciencia y tratar de montarse en la figura
de nuestro Comandante Lucio Cabañas Barrientos” agrega y advierte que
los grupos mencionados “van a seguir con su escalada violenta estos
grupos seudo revolucionarios haciéndole el juego al figueroísmo”.
En
respuesta a es comunicado, el CPR-LPEP acusó -a través de otra carta
electrónica fechada el 30 de noviembre – al CCRP-CJ28J de ser un grupo
que derivó en el paramilitarismo echada en su contra. “Luego, una
estructura político-militar (PDPR-EPR Guerrero) tiró sus piedritas al
hacer público lo que supuestamente había entendido como causa y como
autores. Pero, después de la reivindicación que hicimos, optaron por
esconder la mano, reculando”.
Otra estructura político militar,
sostiene, -las Fuerzas Armadas Revolucionarias del Pueblo (FARP) –
reivindica la memoria de Miguel Ángel Mesino y trata de sembrar la duda
“sobre nuestra existencia, nuestros objetivos, nuestras prácticas y
nuestra voluntad”; ademas, acusa a la ex dirigencia del EPR de reciclar
al CCRP-CJ28J para erigirse como “auténticos revolucionarios”, mientras
otras organizaciones, hoy alejadas de su control, son únicamente
seudorrevolucinarias.
“La fragmentación del PDPR-EPR como proyecto
original fue un hecho. Pero eso no elimina que algunos de esos
desprendimientos ‘lo hayan pensado mejor’ y decidieran volver al redil.
Y ahora, como penitencia, deben congraciarse con aquellos que les
hicieron el favor de recibirlos de nuevo en casa y -siguiendo sus
consignas- resultan ser los que preparan, con su discurso, las
condiciones para posteriores agresiones físicas a la militancia de las
demás organizaciones”, sostiene.
La postura de la FARP respecto del
caso Mesino se dio a conocer en su órgano de difusión, denominado
“Verde Olivo” publicado en noviembre pasado. Ahí, la dirigencia de la
FARP expresa su indignación por el homicidio del activista y acusa a
sus autores de ser cómplices de la guerra sucia que perpetran los
figueroístas contra la revolución.
“Nos parece muy extraño que hoy
salgan siglas que no tienen sustento ni arraigo en el pueblo. Y nos
hacemos esta pregunta: ¿Acaso son membretes creados ex profeso para
eliminar a dirigentes revolucionarios y a luchadores sociales tal como
está sucediendo, amparándose en un lenguaje revolucionario?
“Ante la
actitud delincuencial y paramilitar de estos grupúsculos, ¡exigimos!
una respuesta pública de ellos. Porque es necesario que el pueblo de
Guerrero tenga claro que las acciones de estos grupos en la actualidad
se están convirtiendo en un peligro, ya que en su desesperación al no
contar con verdadera base política cometen crímenes que derivan en
actos contrainsurgentes”, exigen las FARP en su boletín.
Miguel
Ángel Mesino, dirigente de la Organización Campesina de la Sierra del
Sur (OCSS) – y a quien las autoridades vinculan con el EPR – fue
asesinado el pasado 18 de septiembre en Atoyac. El 2 de octubre, el
CPR-LPEP reivindicó las muertes de Mesino y del ex subsecretario de
Gobierno de Guerrero, Rubén Robles Catalán, a quienes acusan de hechos
delincuenciales y prácticas antirrevolucionarias.
En este contexto,
la Organización Revolucionaria 2 de Diciembre – Nueva Brigada Campesina
de Ajusticiamiento (OR2D- NBCA), “Desde un lugar de la sierra de
Guerrero” hizo un llamado al movimiento revolucionario y democrático a
establecer una tregua “para que no se siga dando el fratricidio y
frenemos el canibalismo político, ya que el único beneficiado es el
estado burgués y que en nada beneficia a nuestro pueblo y por lo
contrario lo sangra y lo confunde”.
“También convocamos a todas las
organizaciones revolucionarias a una reflexión profunda, en la cual se
promueva el rescate de la ética y mística revolucionaria, donde
pongamos como principal enemigo al estado burgués mexicano, sin
descartar a futuro la necesaria unidad guerrillera”.
En
medio de la guerra virtual de comunicados, el 1 de diciembre el
PDPR-EPR dio a conocer otro comunicado en el que acusa al gobernador de
Guerrero, Zeferino Torreblanca, de utilizar los mismo mecanismos que
los gobiernos priistas, en particular en el caso de La Parota, y en el
contexto nacional critica la “la embestida foxista neoliberal en contra
de los trabajadores de Pascual Boing, quienes por años han demostrado
cómo la clase trabajadora ha forjado su independencia y fomentado la
colectividad laboral”.
En su comunicado, el EPR no menciona la
disputa por el caso Mesino, pero habla de la creación de un frente
amplio de izquierda que implante el socialismo en México. “En cuanto a
‘la otra campaña’ queremos manifestar que somos respetuosos de los
diversos planteamientos y expresiones de lucha existentes en el país y
esperamos que no tenga como estrategia una política mediática, sino por
el contrario, que la congruencia sea lo fundamental en los
planteamientos”, señala el documento.

Cuadro de situación

Para
Lofredo, el discurso que utilizan estos grupos en sus comunicados es
muy heterogénea, como lo pueden ser sus propias siglas, pues mientras
algunos critican el libre comercio y se colocan en una cercana a
expresiones altermundistas, otros conservan la heterodoxia del marxismo
y buscan la implantación del socialismo por la vía de las armas.
Lofredo
comentó, que es posible trazar una línea imaginaria hacia el sur de la
capital y desde la costa del Pacífico hacia el Caribe para localizar a
estos grupos, cuya operación comienza a manifestarse en puntos
intermedios como Morelos y el estado de México, además de lo
significativa el uso de siglas de grupos que se autodenominan
«comandos», y en un solo caso «comité», con obvias referencias de
pertenencia a un ámbito político-militar superior.
Asimismo, refiere
que la aparición de estos grupos debe darse en situaciones simbólicas
importantes, como la aparición del EZLN en el contexto de la
incorporación de México o la aparición del Comando Popular
Revolucionario “La Patria es Primero”, mediante el asesinato de Robles
Catalán.
Una forma de explicar lo que sucede particularmente en
Guerrero, donde este tipo de organizaciones prolifera desde la época de
la Independencia, es en el contexto actual la ruptura y el proceso de
descomposición del Ejército Popular Revolucionario (EPR) de cuyos
vestigios surgieron muchas de las organizaciones que operan actualmente
en la clandestinidad.
Empero, agrega el analista, la guerrilla en
México se encuentra en una circunstancia en que debe redefinir sus
planteamientos ideológicos y sus mecanismos operativos frente a un
Estado que ha permitido su desarrollo y sobrevivencia al desatender las
causas de fondo que orillan a los grupos a tomar la vía armada: pobreza
y marginación.
La guerrilla en México no representa una amenaza para
la seguridad nacional y aunque los métodos que el Estado emplea para
combatirla siguen siendo los mismos que utilizaba hace más de 30 años
contra Lucio Cabañas -fundamentados en la represión-, las causas que la
han originado como la pobreza y la marginación no han sido resueltas
por los distintos gobiernos que las han enfrentado.
Lofredo
considera que lejos de constituir un riesgo de un estallido social de
gran envergadura, las guerrillas mexicanas apenas se están recuperando
del proceso de descomposición del Ejército Popular Revolucionario (EPR)
que amalgamaba a muchos de sus militantes.
“El proceso de
descomposición EPR fuerte y profundo. Las siglas nacidas a raía de este
proceso se han reducido casi a su mínima expresión, por lo que se
encuentran en una etapa de replanteamiento estrategias políticas y
militares; por ello, si buscan mantener alguna vigencia los proyectos
armados deben reconsiderar sus posturas, evaluar los errores, pues no
han terminado de asumir el proceso de ruptura”, explica.
A su vez,
el investigador de la UNAM, Javier Oliva considera que la guerra de
comunicados en que se encuentran enfrascadas las guerrillas en México
deriva de una estrategia para desviar la atención de su propia relación
con el narcotráfico y la delincuencia organizada.
El especialista
indica que es difícil que se de realmente una expresión de algún
movimiento subversivo que devenga estallido social, pues esta situación
iría en detrimento de los avances sociales y la estabilidad que los
garantice.”Las reivindicaciones socializantes radicales no tienen mucho
eco en las sociedades modernas y muchos de esos grupos se vinculan al
crimen organizado ante la impunidad e ineficiencia de los cuerpos
policiacos”.
En cuanto a su discurso, indica, los grupos
guerrilleros mexicanos no ofrecen alternativas viables que generen los
consensos sociales para cooptar cuadros que les garanticen un ascenso
real al poder político. Pero en esta discusión, que el análisis
politológico ha dejado de lado, existen diversos matices que Lofredo
ayuda a dilucidar: es un reduccionismo etiquetar a esos grupos
como colaboradores de narcotraficantes, aunque a ciencia cierta no se
conoce el origen de su financiamiento, en los hechos que sólo se
dediquen a enviar comunicados por internet y a poner petardos en
cajeros automáticos habla de que sus recursos son más bien escasos.
“No
existe una circunstancia como la de Colombia ni se han establecido
relaciones importantes entre la mara y la guerrilla; si bien no podemos
confirmar que existan relaciones entre la guerrilla y el narcotráfico,
pues estos sectores operan desde lógicas distintas”.
Entre las
cuestiones a la guerrilla mexicana está el detectar cuál de ellas es
genuina ante una política del Estado que ha permitido su desarrollo.
“Además hay que tomar en cuenta la propia división en su seno como en
el caso del EPR que ha sido generadora de nuevos subgrupos”. No existe,
sostiene, un copus que pueda homogeneizar tanto el discurso como las
acciones de estos grupos, pues mientras algunos enarbolan banderas
contra el neoliberalismo otras buscan establecer un estado socialista,
lo cierto es que la tendencia de estos grupos es de carácter localista,
habida cuenta de que estas expresiones no han tenido un acercamiento
efectivo con organizaciones sociales.
En el caso del Ejército
Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) éste no puede evitar prestarle
atención al desarrollo de la discusión de la guerrilla guerrerense, que
se ha manifestado por no afectar el desarrollo de “La Otra Campaña”;
empero, Marcos no ha expresado una posición formal respecto de este
tema.

Un poco de historia

Los movimientos guerrilleros en
nuestro país tienen su origen en las revueltas campesinas encabezadas
por Rubén Jaramillo, entre 1944 y 1946, en los estados de Guerrero,
Morelos, Puebla y México. Entre octubre de 1953 y mayo de 1954, el
líder rebelde encabezó ataques contra las defensas rurales de los
municipios de Metepec y Teteacalpa. Su acto más trascendente fue la
“expropiación” de terrenos comunales en El Guarín y Michipán, Morelos.
Con la intención de realizar nuevas “expropiaciones” en la región
limítrofe de Morelos y Guerrero, Jaramillo se enfrentó con los
batallones de XXIV zona militar.
En mayo de 1963 fue detenido por
agentes de la Policía Judicial de Morelos quienes lo asesinaron un día
después de su aprehensión. Este movimiento podría ser considerado como
el último levantamiento con raíces en la Revolución de 1910.
Apenas
dos años después de la muerte de Rubén Jaramillo, Arturo Gamiz García
organizó en Chihuahua, el 23 de septiembre de 1965, el asalto al
cuartel Madera. La acción de Gamiz fue inspirada en la matriz
ideológica de la revolución cubana.
La matanza estudiantil de 1968
en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, sería el parteaguas del
surgimiento de diversas organizaciones guerrilleras: Lacandones, Frente
Urbano Zapatista (FUZ), Unión del Pueblo (UP), Comandos Armados del
Pueblo (CAP), Fuerzas Revolucionarias de Pueblo (FRAP), fueron algunos
nombres de los grupos guerrilleros que surgieron; antecesores y
confluentes, casi todos de la Liga Comunista 23 de septiembre. Empero,
estos grupos actuaron sin una directriz conjunta. Aunque algunos de sus
líderes mantuvieron contactos para concretar la idea de una alianza de
guerrilleros en todo el país, la gran alianza de los grupos armados se
concretó hasta 1973 en Guadalajara.
Solos, sin una base real de
apoyo en las ciudades, los grupos guerrilleros fueron presa fácil para
la represión. El grupo encabezado por Lucio Cabañas en Guerrero, por
ejemplo, “se jugó todo” en el secuestro del entonces gobernador del
estado, Rubén Figueroa, pero una vez que las fuerzas oficiales lo
localizaron, no hubo nadie en el camino que detuviera su persecución.
En
una vertiente diferente a la de los comandos surgidos del movimiento
estudiantil, pero en esa misma época, se fraguaban otros grupos armados
como las Fuerzas de Liberación Nacional (FLN) – proclive al guevarismo
-, Partido Revolucionario del Proletariado Mexicano (PRPM) – con
fuertes vínculos con el maoísmo – y el Movimiento de Acción
Revolucionaria (MAR). Algunos militantes del PRPM recibieron
entrenamiento militar en la República Popular China, mientras otros
grupos del MAR se adiestraron en Corea del Norte.
Según los
servicios de inteligencia mexicanos, la Liga Comunista 23 de
septiembre, con una mejor estructura logística y táctica militar, se
desplazó por los menos en 20 estados de la república en donde se
formaron comandos ideológicos y de acción militar que se dieron a la
tarea de desestabilizar al gobierno, para establecer un régimen
socialista.
Las operaciones militares del grupo fueron famosas por
su organización. Quizá el acontecimiento más dramático, que la marcó y
puso en alerta al gobierno sobre el grupo guerrillero, fue el secuestro
y homicidio del empresario regiomontano Eugenio García Sada, en 1973. A
partir de entonces, el gobierno federal inició una “guerra sucia”, que
dejó un saldo incuantificable de desaparecidos. Para 1976, cuando el
grupo armado intentó secuestrar a Margarita López Portillo, hermana del
Presidente electo, José López Portillo, se llegó al punto más alto en
la lucha contra los grupos armados.
A principios del Gobierno de
Luis Echeverría, los grupos guerrilleros que operaban en México eran
calificados como “un grupo de gavilleros y bandoleros”. Por tanto, se
propuso crear un sólo cuerpo policiaco para frenar la violencia que
imperaba en algunas regiones del país. La Dirección Federal de
Seguridad (DFS) y la Brigada Blanca serían los cuerpos encargados de
combatir a la guerrilla a la cual nunca se le llamó por su nombre. De
esta manera comenzó la llamada “Guerra Sucia”.
(Contunuará)

Publicado por Sr. nagual el lunes, enero 02, 2006