Empresarios deshojan la margarita (2)

 
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Considerado casi desde su creación como el poder tras el trono o la silla presidencial para las decisiones de carácter económico y financiero, el Consejo Mexicano de Hombres de Negocios (CMHN), los 40 empresarios más adinerados del país, ha modificado su forma de negociación con el Estado y ha sentado nuevas bases para la defensa de los intereses del empresariado.
Quebrado el nacionalismo revolucionario, sin la protección a ultranza del Estado y sin un proyecto claro de partido, el grueso del empresariado mexicano –con negocios pequeños y medianos– quedó a la zaga del CMHN, que ha tenido que ver en decisiones como la creación de organismos de rescate, como el ahora Instituto de Protección al Ahorro Bancario (IPAB) o el rescate carretero, en el sexenio de Ernesto Zedillo.
Por el desencanto que les supuso el gobierno de Vicente Fox Quesada, los varones del dinero definirán el sentido del voto en aquel candidato que les garantice una eficiente expansión de sus negocios en el escenario internacional y les dé garantías de estabilidad en el país, para conservar sus inversiones en ritmos de crecimiento.
Por un largo tiempo, explica Alicia Ortiz Rivera, investigadora de la UNAM, la elite empresarial careció en México de una representación formal que gestionara sus intereses ante las instancias del poder político, por lo que en 1962 nació el Consejo Mexicano de Hombres de Negocios (CMHN).
La correlación de fuerza se modificó a partir de la llegada al poder de Carlos Salinas de Gortari, quien bajo el discurso de la modernización, permitió que empresarios como Carlos Slim, Alfredo Harp Helú, María Asunción Aramburuzabala y otros, se vieran beneficiados por las políticas de apertura del régimen, luego de un largo periodo de proteccionismo fundamentado en el discurso del nacionalismo.
La llegada de Fox supuso la posibilidad de que los grandes empresarios se beneficiaran con la implantación de políticas que les permitieran desarrollar sus empresas; empero, en los hechos, las cosas no resultaron como las esperaban.
Incluso, Valentín Díaz Morodo, ex presidente del CMHN, expresó en su momento su opinión respecto de la administración: “muchos seguimos esperando el cambio prometido y el establecimiento de programas realistas que permitan generar mayor riqueza para mejorar las condiciones de vida de los mexicanos”. Sin embargo, a pesar de ese exhorto expresado cuando el sexenio apenas arrancaba, no hubo grandes cambios.
Aunque la mayoría de los integrantes del gabinete de Fox fueron empresarios –como Carlos Abascal Carrana, Fernando Canales Clariond, Francisco Barrio Terrazas, Ernesto Martens Rebolledo, Javier Usabiaga, Fernando Elizondo y Cristóbal Jaime Jaques– y se mantenían satisfechos por ocupar plazas desde las cuales pudieron mover las fichas del juego, la realidad demostró que con el gobierno de ciudad de México, acusado de populista y de izquierda –aunque en la ideología parece más a los gobiernos nacionalistas– pudieron trabajar y coexistir de manera armoniosa.
Antonio del Valle, banquero, empresario y ex presidente del CMHN, anticipó en mayo pasado que a la elite empresarial no le preocupa el cambio de gobierno y tampoco, si llega un partido de izquierda o de derecha. Dijo, incluso, que si ganase alguien de izquierda –como el perredista Andrés Manuel López Obrador– que promueva la estabilidad en las variables económicas lo apoyarían.
En ese sentido, si bien Felipe Calderón representa una garantía para proyectos de carácter empresarial, en lo particular no supone un candidato que imponga tensiones o ineficiencia como Fox y su gabinete, donde Fernando Canales Clariond –personaje cercano al Grupo IMSA– no ha resultado un impulsor de los intereses de empresariales desde las secretarías a su cargo: Economía y Energía.

Slim: naconalista a pesar de todo

Uno de los actores importantes en esta dinámica es el magnate Carlos Slim –uno de los principales integrantes del CMHN–, quien en su biografía se asume como nacionalista y en los últimos años ha manifestado públicamente muchas de sus posiciones.
“No es que el proyecto de remodelación del Centro Histórico quiera decir que apoye abiertamente a López Obrador, sino que les manda la señal a los otros empresarios de que con un gobierno calificado como populista se pude trabajar, situación que se vuelve significativa en un momento de definiciones”, advierte Ricardo Tirado, investigador de la UNAM.
El vuelco a la izquierda, que no hubo en la capital, o al menos la tolerancia de su existencia ha quedado de manifiesto en programas de gobierno como el rescate y modificación del bosque de Chapultepec, donde personajes cercanos al conservadurismo como Marinela Servitje, hija del empresario Lorenzo Servitje, de Grupo Bimbo –bajo el discurso de asistencialismo– se han acercado al trabajo desarrollado por López Obrador.
El analista Rafael Montesinos considera que otro actor empresarial que aparece como fundamental en esta coyuntura: Emilio Azcárraga Jean, también integrante del CMHN, quien derivado de una política encaminada a mejorar el raiting y la percepción del público, deberá, en la televisora de su propiedad, abrir espacios a los tres candidatos y mantener la distancia del proceso electoral.
“Ello supone un viraje, que se empezó a dar desde las campañas electorales de 1997, al discurso de Emilio Azcárraga Milmo ‘El Tigre’ — quien se manifestó abiertamente priista– con la intención basada en la competencia de mercado y de dotar de credibilidad a ese medio.
“Actualmente las razones comerciales empatan con las políticas, en la posibilidad de abrir ese espacio a las fuerzas electorales, situación que en la misma lógica comercial tendrá que seguir la empresa de Ricardo Salinas Pliego”, expresa el investigador.
Lo que no dicen abiertamente muchos de estos empresarios es que están en favor de un gobierno proglobalización que les permita servirse con la cuchara grande. Diversos proyectos de inversión han llevado a las empresas nacionales a fusionarse con conglomerados multinacionales, un ejemplo exitoso es Grupo Carso, quien tuvo exitosas ganancias al aliarse con Microsoft para echar andar proyectos de telecomunicaciones.

Panuchos: cercanos a los empresaurios.

En lo ideológico, los empresarios comparten valores cercanos al Partido Acción Nacional (PAN) y su apuesta es conservar los beneficios que le ha generado el gobierno de Fox,”por ello, es mejor visto Calderón que Roberto Madrazo y que Andrés Manuel López Obrador, quien es nacionalista”, asegura Edgar Hernández, economista y catedrático del ITAM y la universidad Iberoamericana.
Fue precisamente contra las políticas proteccionistas y del discurso nacionalista que nació el Consejo Mexicano de Relaciones Públicas (13 de noviembre de 1962), ahora CMHN, organización informal discreta, casi secreta, que congregó bajo una escrupulosa selección y una cuidadosa invitación a los más poderosos empresarios mexicanos, que desde el principio y hasta el echeverrismo se distinguió por su estrecha colaboración con el gobierno.
La Confederacción Patronal de la República Mexicana (Coparmex), creada durante el gobierno de Luis Echeverría Alvarez para expresar las inquietudes del empresario, surgió como resultado de intranquilidad del sector privado ante una política económica que, según advertían, contradecía los principios económicos consagrados en la Constitución y una politización creciente del empresariado. Esto, según Montesinos, supone un viraje del sector que los volvió, al menos en el plano formal, en empresarios antinacionalistas.
No conforme con ello, el CMHN concibió la idea de dotarse de una organización envolvente, capaz de agrupar no sólo a los más poderosos de los empresarios sino al conjunto de organizaciones sectoriales y dispersas del sector privado: el Consejo Coordinador Empresarial (CCE), creado en 1975.
Durante la administración de José López Portillo, el gobierno buscó un acercamiento con la iniciativa privada, para lo cual diseñó una estrategia en la que, por supuesto, resultaron beneficiados. Indemnizó a los empresarios agrícolas del Valle del Yaqui, cuyas tierras habían sido expropiadas en las postrimerías del echeverrismo; ofreció estímulos fiscales, precios preferenciales de las empresas paraestatales y garantizó la protección del mercado para los productos industriales, para lo cual decidió en 1980, con apoyo de la Cámara Nacional e la Industria de la Transformación (Canacintra), que México no se incorporaría al GATT.

Elite empresarial y el fracaso de los Head Hunters
Para los analistas, los empresarios han sido actores importantes en la llamada transición política. Los hombres de negocios lo han hecho tanto a través de sus organizaciones como a título individual y, por ello, se les identifica también como nuevos actores políticos.
Por ejemplo, en 1986 Manuel Clouthier apareció como el primer empresario en contender por la Presidencia de la República desde el PAN, y Vicente Fox fue el primer presidente de México que surgió de las filas empresariales.
La diversidad del espacio geográfico y su influencia sobre la economía, la sociedad, la cultura y la política se hizo sentir también en la participación de los empresarios durante la transición. En las zonas con mayor dinamismo económico y orientación hacia el exterior fue donde surgieron las primeras movilizaciones de los empresarios .
De acuerdo con Carlos de Alba, catedrático e investigador del Colegio de México, la contribución de los empresarios a la ampliación de la competencia poítica y del cauce democrático es innegable.
Sin embargo, afirma, para que esta democracia política pueda madurar es imprescindible que se sustente también en una democracia social, en una ampliación de las oportunidades para la mayoría de la población, “ese es el gran desafío del presente”.
El especialista asegura que la experiencia de los empresarios en la función pública es muy reciente, aunque en algunos casos, como los de los gobernadores, ya se pueden esbozar algunas características del alcance y los límites de su acción y la propia ciudadanía empieza a tener una idea de su desempeño, premiándolos unas veces con su voto, castigándolos otras.
“Los gobernadores del PAN y varios del PRI, por lo general, han sido empresarios con poca militancia en su partido y con escasa experiencia política; en muchos casos su trampolín fue alguna alcaldía, de donde pasaron a ser postulados, a veces apresuradamente, a la gubernatura”, manifiesta de Alba.
Para algunos analistas, la combinación de empresarios sin experiencia partidaria y la tradición del programa del PAN, que se opone a la intervención gubernamental, han sido factores que condicionan las acciones de los gobernadores panistas, quienes apoyados por gabinetes donde destacan ejecutivos de empresas, en su gestión han otorgado prioridad a la modernización y a la racionalización administrativa, a la búsqueda de la eficiencia y el combate a la corrupción, como medios para responder y atraer a la ciudadanía.
Y debido a que la riqueza no tiene fin y tampoco tiene fondo, la ambición de los grandes grupos económicos y la política son las que les facilita el camino; “seguirán influyendo en el poder político, porque es un binomio, un matrimonio sin divorcio, y, aunque es una fórmula que no reparte como debiera ser, no dejará de existir”, opina Edgar Hernández, economista y catedrático del ITAM

Empresarios y políticos: juntos pero no revueltos

Los grupos de poder, explica Peter H. Smith, catedrático de la Universidad de California en San Diego, en lugar de ser una elite unificada en México parece tener una estructura de poder segmentada, desde cuyos niveles superiores dominan dos elites distintas y competitivas: los empresarios y los políticos.
Según el analista, existe una suerte de desprecio de los empresarios por la clase política, pues “mantienen un sentido de distancia social, aunado a una dosis de mutuo desdén, que con la llegada del gabinete actual parece mantenerse, a pesar de su origen cercano al poder económico”, asume.
Durante muchos años, matrimonios entre políticos y personajes cercanos a la clase empresarial, regularmente las hijas de grandes empresarios, garantizó que estas relaciones fueran estables y benéficas en el desarrollo de políticas públicas, situación que minimizó la tensión entre ambos grupos.
Los analistas coinciden en que el poder del empresariado fue el que legitimó las políticas gubernamentales en materia económica y, en su momento, el viraje hacia las políticas neoliberales de los años 80. Sin embargo, para ese grupo sus propios intereses siempre han estado por encima de los planes programáticos y los colores partidarios.
Esta situación empata con lo ocurrido en Nuevo León, entidad donde durante los períodos de gobierno panistas la tensión entre los grupos empresariales por sus propios intereses comerciales se reprodujo en el ámbito gubernamental.
“Desde finales de los 80 en la entidad se produce un efecto de bipartidismo, con estabilidad conservadora, en que los empresarios no tienen mayor problema en entenderse con un gobernante o con otro”, advierte Abraham Nuncio, analista de la Universidad Autónoma de Nuevo León, quien reconoció que el triunfo de José Natividad González Parás en la reciente elección gubernamental supone que los empresarios buscaron un personaje que les garantice estabilidad.

Nacionalismo revolucionario, ideología en desuso
Vinculado con la defensa de la soberanía frente a la amenaza continua y constante del exterior, particularmente a la de Estados Unidos, así como la protección al mercado interno, el nacionalismo revolucionario se convirtió en el pilar ideológico del régimen en México entre los años 30 y principios de los 80.
El concepto emanó en el gobierno de Lázaro Cárdenas del Río y se materializó con la expropiación petrolera, acontecimiento no bien visto por el empresariado nacional, que acusaba a Cárdenas de comunista.
De ahí en adelante, cada uno de los mandatarios mexicanos utilizó el concepto desde su personalísimo estilo de gobernar: industrialización con Miguel Alemán, autoritarismo con Gustavo Díaz Ordaz, estatización con Luis Echeverría Alvarez.
Acciones como la nacionalización de la industria eléctrica, con Adolfo López Mateos, o la nacionalización de la banca con José López Portillo, son los ejemplos de este ideario que se resumía en una palabra: nacionalismo.
EL Grupo Monterrey y el Consejo Mexicano de Hombres de Negocios (CMHN) nunca vieron con buenos ojos esta tendencia ideológica, pues no empataba con la ideas de libre mercado y progreso sin la intervención del Estado.
Hasta mediados de los 70, los empresarios jugaban un papel de apoyo al régimen porque así convenía a los intereses, incluso los gobiernos nacionalistas crearon la Concamin y la Canacintra, para aglutinar políticamente a un sector importante en un periodo: los industriales.
Durante los años 70, basado en su interpretación del nacionalismo, Echeverría buscó la manera de recuperar el control de la economía que –según él– poco a poco se había trasladado a manos de la iniciativa privada. El mecanismo fue intervención gradual del Estado en la economía y la ampliación sus funciones en todos los niveles de la misma, situación que generó que el empresariado marcara su distancia con el gobierno. La cereza en el pastel la colocó José López Portillo con la estatización de los bancos.
Con la llegada al poder de Miguel de la Madrid Hurtado, las políticas nacionalistas fueron sustituidas por el neoliberalismo en un esquema que favorecía el desarrollo del mercado y la privatización de las empresas estatales, política manejada desde la Secretaría de Programación y Presupuesto, comandada por Carlos Salinas de Gortari y un equipo de tecnócratas.
El viraje en el discurso y las acciones gubernamentales, entre otros factores, generaron la ruptura de varios cuadros nacionalistas como Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo. La creación de Frente Democrático Nacional –que eventualmente se convertiría en el PRD– llevó al discurso nacionalista a una asociación con la izquierda mexicana.
Por otra parte, desde principios de los 80, el Partido Acción Nacional (PAN) había dado cobijo a un grupo de empresarios que buscaban hacer política: el neopanismo surgía como una necesidad de expresión de un grupo pragmático que buscaba llegar al poder bajo el amparo de Manuel J. Clouthier.
Durante los sexenios de Carlos Salinas y de Ernesto Zedillo, el discurso de la modernización se caracterizó por la firma de tratados internacionales y el adelgazamiento del Estado que permitieron el desarrollo de nuevos actores en el ámbito empresarial y la entrada de México al concepto de la globalización.
Proyectos de rescate al empresariado como el IPAB y el rescate carretero fueron apoyados por el PAN, a quien se acusó en diversos momentos de ser aliado de PRI en la aprobación de políticas públicas proclives a favorecer proyectos cercanos al empresariado.
Con la llegada de Vicente Fox al poder, la discusión sobre la reforma energéticas y la privatización de empresas como Pemex y Comisión Federal de Electricidad era fundamental en el esquema empresarial para terminar con las nacionalizaciones emprendidas por el Estado desde 1938, situación que forma parte de la discusión ideológica de los candidatos presidenciales.

(Publicada en Diario Monitor,18 de enero de 2006, en coautoría con Ana Valverde)
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Publicado por Sr. nagual el viernes, enero 27, 2006