Gacelas en la orfandad

 
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Su rostro reflejaba la orfandad y la indefensión, que en todo el gobierno de la ciudad se percibía, a un día de haberse consumado lo que se calificó como una canallada. Era la misma mujer, integrante del cuerpo de elite de seguridad de Andrés Manuel López Obrador, que con sus compañeras se paseaba por los alrededores del viejo Palacio del Ayuntamiento.
Las Gacelas son aquellas mujeres que acompañaban en todas sus actividades públicas al desaforado jefe de gobierno y aparecían a su lado ya fuera en la vanguardia o en la retaguardia, abriendo paso o sirviendo de escolta durante los discursos.
Vestida con un pants azul y acompañada por dos de sus compañeras, la Gacela del cabello negro y ondulado recorría los pasillos de los edificios del gobierno de la ciudad y las calles aledañas, como esperando que a despertaran de un sueño – del R11– para ejecutar una orden más.
Las Gacelas forman parte la Coordinación de Unidad de Apoyo Logístico del gobierno de la ciudad, a cargo de Nicolás Mollinedo, el famoso “Nico”, pero a partir de este viernes no había nada más qué hacer: el jefe ya no estaba y el rebaño recorría la sabana asfáltica sin una dirección específica.
En el gobierno de la cuidad se decía que efectivamente su suerte era incierta y que si las autoridades de la ciudad decidían que no requerían más, lo más probable es que terminara de secretaria de un mando policiaco o que fuera reintegrada a su sector en la policía capitalina.
Al tratar de entrevistarlas sobre su situación actual y las actividades que desarrollarían a partir de ese día, la gacela del cabello Con una sonrisa amarga, pero resignada, la Gacela espetó: “No quiero hacer comentarios” y rápidamente se introdujo en el edificio del gobierno.
Ahí enfrente, en la plancha del zócalo sólo quedaban los vestigios del mitin y debajo del asta, donde la bandera en señal de duelo se negaba a ondear, los visitantes habituales se refugiaban de un sol que quemaba; mientras, las gacelas, siempre por la sombrita, buscaban agua en una tienda cercana.
Las mantas de apoyo al cada vez más mítico Andrés Manuel López Obrador pendían y ondeaban, estas sí, en las fachadas, algunas ya rotas por los curiosos que se asoman a la plaza. El turismo político retrataba las mantas con leyendas como “no estás solo”, “Peje pa’ Presidente”, y la inútil frase “No al desafuero”.
Ese balcón, en la esquina de 20 de noviembre y Plaza de la Constitución, permanecía vacío y “ese es el vacío que se siente porque Andrés Manuel ya no está”, comentó un empleado del gobierno. “Ausencia presente con sabor a incertidumbre que circula por los centenarios edificios del Centro Histórico”, dijo.
Frente a la catedral, los trabajadores de una empresa de escenarios retiraban la plataforma que sirvió para dar abrigo al festival conmemorativo por los funerales de Juan Pablo II. Los vendedores ambulantes, los danzantes y los “toreros” se preparaban para iniciar la romería de todos los días.
Por ahí llegó también un grupo de antorchistas que intentó treparse a la plancha del zócalo con un camión materialista que fue atajado por los granaderos que intervinieron para impedir que entrar y se armó una trifulca, de la que tres personas resultaron lesionadas. Minutos más tarde, luego de recitar consignas en contra del gobierno y el Invi, abordaron su camión y se fueron. Desde hace meses demandan créditos para vivienda.
Bajo una mampara pequeña, los empleados del diputado federal José Guerra Ochoa despotricaban en contra de la injusticia del desafuero. Una viejita dijo que no era cierto que a las personas mayores la hubieran acarreado y que López Obrador era un buen gobernante, “lo malos son Fox y sus empleados”. El plantón estaría 16 días, pero en el transcurso del día se esperaban más manifestaciones “espontáneas”, como muestra de apoyo al mandatario local.

(Pubicada en Diario Monitor, 9 de abril de 2005)

Publicado por Sr. nagual el martes, diciembre 20, 2005