Doña Alicia

 
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¡Gracias!

Siempre estarán conmigo las charlas con café y galletas al bordear medianoche, las palabras dulces para las hijas y la esposa, los consejos para cuidarlas, y el mole con guajolote.
Nos deja una enseñanza: se puede criar hijos sin echarlos a perder ni morir en el intento.
Se queda con nosotros en el fruto de su amor con don José Luis, aquel al que llamaron Roberto y que para muchos de nosotros es más que un amigo, un hermano. No estará solo.
Confieso que tengo una deuda: guisar para usted unos bisteces en salsa de frijol y unas pechugas en salsa de mango. Sé que los compartiré con Roberto… pero ahora tendrá una pizca de nostalgia.
La extrañaremos mucho.
La recordaremos siempre.

Antonio Bautista