La fiebre porcina, desastre causado por la agricultura industrial

 
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Carmelo Ruiz Marrero

Desde hace una semana los medios noticiosos nos han saturado con noticias, comentarios y consejos sobre el brote letal de fiebre porcina que aflige a México. No ha habido escasez de llamados expertos que han apuntado su dedo acusador a todos lados excepto a donde se debe apuntar, mientras que algunos en la izquierda nos entretienen con teorías de conspiración.

Esta mortal epidemia tiene el mismo origen que la gripe aviar en Asia: es causa del sistema industrializado de producción de carne, que encierra miles de animales en condiciones hacinadas e insalubres bajo un mismo techo, en aras de eficiencia y reducción de costos. Estos corrales de escala industrial no solamente generan crueldad y sufrimiento innecesario a los animales sino que son también el criadero perfecto de infecciones virales que se pueden convertir en pandemias globales.

Esto ya se había advertido. La organización no gubernamental GRAIN ya había lanzado tal advertencia en 2008 en un artículo sobre los peligros a la salud humana causados por los masivos corrales industriales de pollos y cerdos.

En 2006 el Instituto Nacional de la Salud de Estados Unidos declaró lo siguiente: “Debido a que los sistemas de alimentación tienden a concentrar grandes cantidades de animales en muy poco espacio, facilitan la rápida transmisión y mezcla de los virus”. Y tres años antes, la revista Science advirtió que el aumento en el tamaño de los criaderos industriales estaba acelerando la evolución del virus de la fiebre porcina.

Comunidades cercanas a estas instalaciones infernales- en lugares como Rumania, Indonesia, Carolina del Norte y México- han estado quejándose por años de los problemas ambientales extremos que éstas causan, que van desde olores insoportables de excremento animal hasta la contaminación de cuerpos de agua con microbios letales como la bacteria listeria.

Ante esta emergencia de salud hay un peligro real de que los gobiernos tomen acciones irracionales, basadas en la histeria y que empeoren aun más la situación. Hay supuestos expertos que aconsejan que las pequeñas fincas de cerdos y aves, en las que los animales se pasean libremente, sean cerradas. Tal acción, además de arbitraria e irracional, es injusta ya que estos pequeños productores ninguna culpa tienen de esta situación. De hecho, su modo de producción artesanal ofrece una solución.

Los antibióticos para animales de finca, las medidas de conteminiento y las vacunas para seres humanos no servirán de nada si no se atiende el problema de fondo. Los corrales industriales deben ser abiertos a inspección. En la mayoria de éstos se le prohibe la entrada al publico, a la prensa y hasta a inspectores del gobierno- esto no tiene justificación.

Los corrales industriales no pueden ser reformados. Deben ser abolidos, pues no aportan ningun beneficio al consumidor o a la sociedad- su supuesta eficiencia es una ilusión. La producción industrial de alimentos debe ser reemplazada por una producción artesanal, post-industrial y post-capitalista, con la cual se podrá salvaguardar la salud publica y el ambiente, y alimentar al mundo.

  • Prof. Carmelo Ruiz Marrero es educador ambiental