Juquila, Oaxaca

 
0 Me late
¡Gracias!

José Luis Conrado
(En recuerdo de mi madre)

Hace como quinientos años, en un lugar de Oaxaca, Fray Jordán de Santa Catalina, pudo ver por vez primera esa región llena de verdor, donde los manantiales salen al paso en los caminos.

En la sierra, el aroma a leña convive con la fe, con una tradición que se pierde en la memoria de los abuelos, quienes relatan que al llegar a Amialtepec, en 1526, Fray Jordán llevaba consigo una pequeña imagen imagen de la Purísima Concepción (la cual fue tallada en España).

El fraile ocupó los servicios de un humilde campesino, a quien educó religiosamente y cuando se fue regaló la imagen al indígena chatino. Las tradiciones indígenas se mezclaron con la fe que el clérigo prodigó en la región en una zona que había tenido influencia del pueblo mixteco.

Una niña chatina, de unos 13 años, carga en sus brazos a un pequeño. Su piel morena recuerda su origen étnico. “Es la costumbre que las jóvenes se embaracen muy chicas”, dice una mujer en español, quien se comunica con la joven en su lenguaje. Va de camino a Amialtepec, ubicado a unos cinco kilómetros.

En honor a la Virgen de Amialtepec, como fue conocida durante mucho tiempo, fue hecho un templo de paja. En el invierno de 1633, los indios prendieron fuego a la hierba seca del monte para lograr en la primavera pasto verde para los ganados. El fuego cundió rápidamente y ayudado del viento, muy en breve hizo presa de los jacales de Amialtepec.

Los habitantes huyeron y vieron sus casas devoradas por las llamas. Entre ellos, el lugar donde estaba la imagen de la virgen. Pasado el peligro, los pobladores vieron sobre el ennegrecido suelo esta quedaba entera, con sus vestidos intactos y aunque ligeramente ahumada, la imagen de María.

Con el incendio, la figura de una tercia de vara (30 centímetros) y un grueso de 2 dedos (85 centímetros), había tomado las características físicas del pueblo chatino, circunstancia que ayudó a incrementar su fama de milagrosa.

Los prodigios de la Virgen de Juquila generan la visita de millones de personas al año a la zona. El turismo religioso es la principal fuente ingreso de la comunidad. Se estima que el santuario está entre los tres con mayores visitas junto con la Basílica de Guadalupe, en el Distrito Federal, y el Santuario de Chalma, en el Estado de México.

Tras el incendio, el párroco de Juquila, Jacinto Escudero, decidió llevar a la imagen al templo hecho de piedra. Dicen los ancianos que la imagen fue llevada primero a caballo, pero desapareció de Juquila y apareció en Amialtepec. En un segundo intento fue llevado por el párroco a pie y sucedió lo mismo. Al final todo el pueblo en peregrinación y descalzo fue por la imagen para llevarla a su nueva morada.

La cueva de la Virgen

Donde la tradición oral se entremezcla con la religiosidad las historias se vuelven laberintos. Mientras de muchos lugares llegan los peregrinos para ver a la Virgen de Juquila, el 8 de diciembre, un mes antes los juquileños van en peregrinación a Amealtepec a la caída de agua donde dicen se apareció la imagen.

En una barranca de unos 150 metros de alto se encuentra una gruta donde dicen que se puede ver la imagen. Algunos visitantes se asoman para encontrarla. La tradición es darse un baño o mojarse con esa agua para mejorar la salud. Lo cierto es que la imagen es tan evidente que puede pasar desapercibida para quienes no saben que está allí.

El 8 de noviembre, hay una fiesta en la que los juquileños rezan y cantan tras el recorrido de cuatro horas a pie para llegar al santuario de su patrona en Amialtepec. Algunos llevan sus petates para echarse un sueño entre rezo y rezo.

En la celebración hay bandas y las marionetas de judas riegan dulces mientras bailan para que los niños las recojan. También son quemados los tradicionales toritos y castillos de pirotecnia. En una visita a este paraje es imprescindible una buena tlayuda con asiento y tasajo (cecina).

El Pedimento

Uno de los lugares más importantes en Juquila es El Pedimento. El sitio está lleno de misticismo. Ahí, los peregrinos llegan para pedir y para dejar constancia de los favores recibidos por la virgen.

Un fenómeno curioso es posible ser visto en la zona montañosa. Una nube se deja ir hacia el lugar donde los peregrinos hacen las figuras de barro que representan el favor recibido. La nube los cubre de bruma. La temperatura baja, pero no es un cambio significativo: más bien se entremezcla con la fe de la gente para reafirmar su creencia.

Niños y adultos se untan el rostro con el barro para recibir salud. Las cruces que hacen que El Pedimento parezca un cementerio representan el favor recibido. Cuenta la tradición que una vez recibido el favor, los peregrinos tienen que volver al menos tres años y dejar alguna constancia del bien obtenido.

En cualquier caso Juquila es un lugar místico donde las tradiciones, los mitos, los cultos y las creencias se mezclan para formar un espacio único digno de ser visitado. Aunque sea para comerse una buena tlayuda o para visitar a familiares y amigos.