Otra triste historia de amor… más allá de la muerte

 
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Otra triste historia de amor... más allá de la muerte

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Esta es una historia auténtica. Su protagonista es William Crookes, un sobresaliente científico que inventó el tubo de rayos catódicos y descubrió el talio, entre otras cosas. Pero su vida personal sobrepasó todos los límites de la ciencia, dando origen a esta maravillosa anécdota…

En 1871, William Crookes conoció a Florence Elisa Cook, una medium londinense de tan sólo 15 años, edad que no le impedía estar en perfecto contacto con la muerte y sus representantes. Según Crooker era capaz de invocar espíritus corpóreos y parlantes.

Entre sus más famosas hazañas se cuenta la de haber dado forma material al espíritu de Katie King, una joven y hermosa mujer a quien varios tuvieron el honor de ver y tocar, incluyendo al príncipe de Sayn Wittgenstein, quien llegó a pedirle al espectro que posara para una foto, a lo cual accedió gentilmente.

En el proceso, un brazo desconocido irrumpió en la escena, agitando los dedos y arruinando la foto. Como acostumbraba en sus sesiones, Katie avisó que sus fuerzas se agotaban y que no podría permanecer material durante más tiempo; luego se hundió en el suelo hasta desaparecer completamente.

Pero más tarde apareció Crookes, quien llegaría a tomar 44 fotografías de Katie. Como buen científico, le tomó el pulso y le cortó un mechón de pelo para corroborar su materialidad. El encuentro se repitió innumerables veces durante los siguientes tres años y ambos, el científico y el fantasma, llegaron a desarrollar una extraña relación tan personal que incluso andaban por la habitación tomados del brazo.

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Crookes tomó las siguientes notas:

La fotografía es insuficiente para describir la perfecta belleza de la cara de Katie, ya que las palabras son impotentes para describir el encanto de su forma. La fotografía puede, de hecho, dar un mapa de su rostro, pero ¿cómo puede reproducir la brillante pureza de su tez, o la variante expresión de sus movimientos, a veces eclipsados con tristeza al contar algunas de las amargas experiencias de su vida pasada, a veces sonriendo con toda la inocencia de la niñez cuando mis hijos se reúnen a su alrededor

El 21 de mayo de 1874, Katie reveló la identidad que había tenido en vida: Annie Owen Morgan, hija del pirata Henry Morgan. Luego declaró que esa sería su última visita a este mundo, porque pasaría a un nivel más elevado. Al final de la sesión se desvanecería como siempre, pero nunca más podría volver a materializarse.

Crookes pidió a Katie un primer y último beso antes de que se marchase, y ella se lo dio, tras lo cual hizo su dramático acto final de desaparición.

Crookes quedó debastado. Vagó desconsolado intentando encontrarla durante años, lapso en el cual escribió y publicó Researches in the Phenomena of Spiritualism, que, básicamente, asegura la indudable autenticidad del espiritismo, aunque con pocas o ninguna prueba.

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Por supuesto, estas declaraciones le costaron a Crookes convertirse en la risa del organismo científico en el cual con tanto y tan buen trabajo se había ganado un lugar. Crookes prosiguió paralelamente con sus investigaciones y la búsqueda de su amada desvanecida.

En 1880 los medios informaron del arresto de una señora llamada Elgie Corner, por el delito de fraude. Su cara, reproducida en todos los periódicos, era idéntica a la de Katie King.

Crookes, lejos de sentirse humillado, recobró el latir de su corazón porque ¡Katie era real y estaba viva! Desesperado, visitó nuevamente a la medium que los había presentado, Florence Cook, para suplicar que le diera información sobre su tan amada Katie.

Florence, sin embargo, no se conmovió. Simplemente continuó con la farsa, asegurando que Katie era un fantasma y que él no la volvería a ver.