Luces

 
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¡Gracias!

Aquella noche Martin L ofrecía una conferencia. Quería convencer a los asistentes de la importancia de desarrollar un profundo sentido de colaboración entre las personas a fin de poder lograr objetivos valiosos para la comunidad. Él había escuchado repetidamente la misma queja estéril:

-Pero yo… ¿qué puede hacer?

Aquél día mandó apagar todas las luces del estadio. Cuando todo estuvo en tinieblas, preguntó:

-¿Alguien podría ayudar a iluminarnos?

Todos permanecieron en silencio. Él sacó un mechero y lo encendió.

-¿Veis esta luz?-dijo.

El público asintió, en silencio.

-¿Nos sirve para algo?

Nuevamente, silencio.

-Sacad ahora, cada uno de vosotros, vuestro mechero y cuando yo os dé la señal, encendedlo.

El estadio se iluminó con miles de pequeñas luces.